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La Rosa de los Vientos

El nieto anarco de Valle

POR XURXO FERNÁNDEZ  | 11.03.2008 
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El fallo del prestigioso Premio Azorín (promovido por la Editorial Planeta y la diputación de la capital del turrón blando) tenía lugar este pasado jueves en el hotel Meliá de Alicante. Y si subrayamos lo del prestigio es porque de ahí han salido no sólo obras maestras muy evidentes, sino piezas que han marcado nuevos caminos, o, simplemente, libros jugosos y salados, como el arroz del Senyoret que causa adicción entre la clientela de alguno de los restaurantes del puerto, como el Dársena.

Hagamos memoria. Y pongamos el acento en el hecho de que si un galardón ha ido a parar alguna vez a manos de escritores angulares del calibre de Gonzalo Torrente Ballester (en 1994, con La novela de Pepe Ansúrez), es que su destino, como el tiempo verbal, es un futuro perfecto.Y no sólo. Uno tuvo oportunidad de conocer en su día a la ganadora de 1998. Era la cubana

Daína Chaviano, que entonces era la directora de Newsweek en español, y luego lo sería de Discovery Channel. Había triunfado con El hombre, la hembra y el hambre. Inmediatamente después editaría un libro mítico: Casa de juegos. En él, de la sensibilidad caribeña nacía un arco iris que iba a parar a tierras celtas.

Ítem más. Luis Antonio de Villena lo conseguía en 1995 con la interesantísima El burdel de Lord Byron. Luis Racionero se hacía con él al año siguiente con La cárcel del amor; nuestra Luisa Castro se lo adjudicaba en 2001 con El secreto de la lejía; Jesús Ferrero en 1997 con El último banquete. Y luego vendrían dos de las voces más firmes y autorizadas de las letras hispanas contemporáneas: Eugenia Rico (con la dramática La muerte blanca, en 2002) y Ángela Becerra (con el lirismo transgresor de El penúltimo sueño, en 2005).

Como ven, hasta ahora, salvo excepciones, este premio ha sabido mantener una altura difícilmente equiparable con cualquier otro. Esperemos, por el bien de todos, que se mantenga como hasta ahora.

v MARZO DE 2008. Y llegó la entrega del de este año. Había sospechas, quinielas hechas, intrigas palaciegas. Al final, el resultado fue una auténtica y maravillosa sorpresa.

Tras ardua batalla en el seno de un jurado tan curioso como versátil, el ganador fue uno de esos personajes que no suelen o acostumbran a pertenecer a ningún foro o contubernio literario.

En el jurado estaban, por cierto, determinadas personas de peso. Uno era, cómo no, Carlos Revés, uno de los jefes de Planeta. Estaba la maravillosa Ángela Becerra, que Dios mantenga con esa belleza sublime y esa inteligencia proverbial muchos años (¡ojo!: está a punto de sacar libro, tras una fructífera estancia en la India). Estaba Eslava Galán (que sigue manteniendo una conocida duplicidad autoral: su obra seria, con su nombre, y la tan popular saga de aventuras de vertiente medieval que firma un tal Nicholas Wilcox). Y estaba Fernando Sánchez Dragó, irritando notablemente al personal durante la rueda de prensa posterior al acto, al hacerse, virtualmente, protagonista de la misma.

El caso es que el ganador fue Montero Glez. Sí. Como lo leen: no González, sino su apócope (nombre real: Roberto Montero González).Ganó con

Pólvora negra, un relato que sigue al pie de la letra, puntualmente, las aventuras de Mateo Morral, el anarquista que quiso acabar con la vida del rey Alfonso XIII durante su banquete de bodas.

El autor recibió el premio puño en alto, y se lo dedicó a su novia, al movimiento anarquista y a la maría que lo coloca.

Según Dragó, la novela romperá moldes. Según Eslava Galán, su estilo está próximo a la narrativa de Pérez-Reverte. Según su autor, es una deuda pendiente con Valle-Inclán, con el Ruedo Ibérico y con un tipo de personaje mítico, de esos que generan buena literatura.