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a bordo

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Siempre caminarás solo

01.06.2007 
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Si los delegados del Gobierno como Manuel Ameijeiras tuvieran un escudo de armas en la puerta, habría una leyenda de resonancias liverpoolinianas que les iría al pelo. Siempre caminarás solo. Porque se trata de cargos que, en teoría, tienen a su disposición un amplio aparato policial y administrativo, pero que en la práctica están solos frente a una clase política y una opinión ciudadana que, en cuestiones de orden público, son bastante hipócritas.

Rechazan los disturbios y, cuando se producen, se quejan de la pasividad policial, reclaman mayor contundencia, exigen acciones vigorosas. Sin embargo, esa contundencia que proponen, después está reñida con el uso de la fuerza. Siempre parece excesiva. Nunca hay un apoyo explícito a la Policía que actúa contra manifestantes que provocan disturbios. Nadie felicita al delegado solitario cuando hace lo que tiene que hacer para defender la legalidad.

La aparición en escena de la Polícia con la porra en ristre provoca una especie de reflejo condicionado. Igual que el perro de Pavlov segregaba saliva a la vista del alimento, en determinados sectores se despierta un espíritu antirrepresivo cuando se produce una carga contra individuos que vulneran los derechos colectivos.

En la mente de esa gente se produce una lucha entre sentimientos contradictorios. Uno dice que los policías hacen lo que deben, y son los agitadores quienes dañan la convivencia. Es verdad, replica el otro, pero habría que hacerlo de otra forma, sin violencia, con estética y buen gusto.

¿Cómo preservar la estética cuando un grupo de mariscadores okupan una ría como si fuese suya? No vale que el patrón de la cofradía, o el portavoz del comité anti-Reganosa, nos digan que a ellos les parece ilegal la planta, o peligrosa la entrada de un metanero, porque eso es una opinión particular, que no está avalada por la administración ni por los tribunales.

Es como si de repente Greenpeace enviara el Rainbow Warrior para impedirles mariscar, alegando que posee unos estudios que demuestran que se están esquilmando las especies. La cofradía, con su patrón al frente, tendría todo el derecho de pedir la presencia policial para garantizar sus intereses. Tales estudios no servirían para legitimar semejante acto de fuerza.

Tampoco los pareceres contrarios a Reganosa legitiman el bloqueo de la ría. Sin embargo, anteayer se pudieron ver reportajes de televisiones nacionales que presentaban el conflicto como una lucha contra la injusticia gasística, con escenas de los incidentes y testimonios dramáticos de algunos portavoces de la protesta.

Nadie recordó que la planta cuenta con todos los requisitos legales, el apoyo de los ayuntamientos de la zona, el respaldo de las principales fuerzas políticas de la comarca, y el consenso de los sindicatos. La protesta marítima no es sólo ilegal, sino también claramente minoritaria.

Ahora bien, ningún ayuntamiento, fuerza política o sindicato saldrá a defender en público la actuación del delegado del Gobierno para permitir que este segundo barco descargara el gas en Mugardos. Como mucho, alguno habrá llamado a Ameijeiras para decirle a media voz que muy bien. En público, aún se mantiene ese extraño pudor en lo que respecta al orden ídem, que los agitadores saben aprovechar. De ahí que los delegados estén condenados a caminar solos por el ejercicio del cargo. Para atemperar esa soledad, es de suponer que éste será seguidor habitual del Liverpool de Benítez.