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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

El Partido Panteísta

13.05.2007 
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Hace una semana se celebró en Compostela lo que, con el tiempo, pudiera ser el acto fundacional de un nuevo partido. La pe de este PP no significaría popular sino panteísta, ya que sus futuros integrantes hacen de la tierra una especie de dios al que hay que sacrificar todas las cosas. Todo lo que la altere es rechazado, lo cual explica la profusión de pancartas en contra de las más diversas iniciativas.

Parques eólicos, minicentrales, papeleras, plantas de gas, piscifactorías, canteras y urbanizaciones fueron atacados sin piedad por los manifestantes, entre los que estaban el ex portavoz del BNG y algún conocido representante del mundo literario y cinematográfico. Aunque no se citaban expresamente, es de suponer que el repudio de la gente era extensible a instalaciones agresivas, como Citroën, la central de As Pontes, el complejo de Alcoa y los diversos astilleros existentes en el país.

Lo cual nos lleva a preguntar dónde trabajan quienes se oponen a todo eso. No sería lógico que trabajaran en alguna de las industrias que tanto critican, y tampoco tienen pinta de haber dejado el tractor para empuñar la pancarta. A falta de una encuesta que nos saque de dudas de un modo científico, se puede especular con que la panteísta manifestación se nutre de personas que tendrían el empleo asegurado cuando todas esas amenazas industriales desaparecieran de la faz de Galicia. Si esto fuera así, estarían haciendo trampa.

Juegan con los trabajos ajenos, mientras tienen asegurado el propio. Deifican a la madre naturaleza, olvidando los intereses de los hermanos que sacan el sustento en esos pecaminosos enclaves; y lo hacen pensando que su conducta es progresista, cuando en realidad está emparentada con la más conspicua tradición conservadora.

La misma que le hizo la vida imposible al marqués de Sargadelos cuando quiso promover nuestra primera revolución industrial. Aristócratas de poco pelo, clero tradicional y campesinos manipulados por sus señores se unieron contra el ilustrado, para finalmente derrotarlo. ¿Qué querían? Pues básicamente lo mismo que los manifestantes del otro día: que la tierra no fuese mancillada por la industria, que no se alterase para nada la ancestral Galicia bucólica que ellos tan bien dominaban.

Es curioso que con el tiempo se hayan invertido los papeles, y que para muchos sea progresista estar en contra de todo lo industrial, y reaccionario promover la industrialización. La prueba es la manifestación de hace una semana en Compostela y la presencia de destacados prohombres (y promujeres) de pensamiento avanzado.

Hay, no obstante, un detalle que permite intuir que las cosas están cambiando. A la protesta no asistió ninguna organización política relevante. No estaba desde luego el PP, ni tampoco los socialistas (el presidente Touriño recibió una buena ración de críticas), ni se vio a ningún nacionalista destacado. La valiente presencia del conselleiro Fernando Blanco en la inauguración de Reganosa, después de todo el lío, es una prueba más de que el nuevo BNG ha abandonado el panteísmo de otros tiempos.

Esa orfandad partidaria de los adoradores de la tierra inmaculada es lo que lleva a especular con la aparición futura de un partido o movimiento que sume todos esos rechazos y les ponga una sigla común. Será divertido verlo hacer campaña entre los gallegos que rezan para que vengan empresas, o se manifiestan cuando se van. ¿Por qué no fundarlo en Sargadelos?