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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Jugando a las plantas

17.08.2007 
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No es difícil ver en la lucha contra la planta gasificadora de Mugardos reminiscencias de otra mucho más antigua. Cambia la ría, es distinto el establecimiento industrial contra el que se pelea, y la sigla difiere, pero la metodología es calcada. Reganosa es la nueva Ence, la nueva manzana insidiosa que el capitalismo depredador pone al alcance de una Galicia paradisiaca.

Por fortuna para sus defensores, determinadas fuerzas han madurado y ya no sienten por la pancarta la misma atracción que el toro por la capa, dicho sea con permiso del lobby taurófobo. Gracias a eso, Reganosa tiene más posibilidades de sobrevivir que su parienta, a pesar de enfrentarse con argumentos que esconden un truco tan burdo como el del trilero.

Destaca entre ellos la disyuntiva que se establece entre el mantenimiento de la industria en su sitio actual y su traslado. ¿Adónde? Misterio. ¿Con qué coste para la administración? Se ignora. ¿Dándole voz a una empresa cuyo capital es privado? Tampoco se especifica. Con extraordinaria agilidad, los activistas de turno pegan un salto sobre cuestiones esenciales para saber si su alternativa es un cuento chino.

Ese traslado con el que intentan manipular a la gente depende de tener un lugar adecuado, de que la mudanza no sea gravosa para el contribuyente, y de que le interese al inversor, que bien puede optar por emigrar a parajes más gratos. Estos problemas no son hipotéticos. A día de hoy, Ence no tiene nuevo emplazamiento, ni se han calculado los costes de tal operación. En cuanto al capital, Caixa Galicia se fue sin hacer ruido, sin emitir un reproche, confirmando lo difícil que es ser profeta en la tierra de uno.

En resumen, que aquella disyuntiva era falsa, sólo tenía la utilidad de sumar apoyos a la movilización. Nadie estaría en contra de ese traslado. Podríamos incluso añadirle otros para hacer un paquete completo: el de la central de As Pontes, el de Sogama, el de la refinería coruñesa, Alúmina, Citroën... Lo malo es que las opciones no son ésas. Por respeto a la verdad no habría que hablar de traslado sino de cierre .

¿Cuántos serían entonces los apoyos a las movilizaciones? Los organizadores intuyen que pocos, y por ello se esfuerzan en hacerle creer a la gente que la planta de Mugardos se puede montar y desmontar como una casita de Pin y Pon, sin que se vean afectados sus puestos de trabajo.

La alusión juguetera es oportuna porque los líderes y grupos que disfrazan la cruda realidad tratan a los ciudadanos como si fuesen niños. Atrévanse a decirles que la lucha podría lograr el cierre, pero nunca el traslado. Admitan que existen plantas de gas cercanas, interesadas en frustrar o retrasar Reganosa todo lo que se pueda.

Decíamos antes que la gran diferencia que separa los casos ferrolano y pontevedrés es la aparición de un progresismo y un nacionalismo capaces de ver más allá de la pancarta. Aunque un poco tarde y con numerosas contradicciones a cuestas, se ha ido superando esa manía de considerar sospechoso cualquier proyecto industrial. Reganosa y otras iniciativas no son la manzana con la que el capitalismo diabólico tienta a Galicia. La peor tentación es pensar que todo es trasladable, y que existe un tipo de industria que no altera el entorno.

Que hayan caído del caballo ahora impedirá que Reganosa siga la senda de Ence. El culto al falso traslado pierde fieles, pero asombra ver a personajes ilustres alimentando todavía la superstición. Olvidan que la verdad nos hará libres.