El Correo Gallego

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CELTAS SIN FILTRO

LUIS POUSA

"¡Engaño! ¡Engaño!"

13.07.2007 
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Cómo deben estar sufriendo algunos. De golpe y porrazo toda una creencia histórica corre el peligro de desvanecerse en el aire, como se desvanecieron tantos tópicos sobre el carácter y la idiosincrasia de determinados pueblos. Que un ministro de Industria, socialista y, además, catalán, sí, catalán, venga a Galicia a anunciar que su departamento invertirá 375 millones de euros en construir un gasoducto, que conectará la planta gasística de Reganosa con el resto de España, es algo imposible de entender, doloroso incluso, para quienes tienen asumido en su sesera un infalible recetario de prejucios etnográficos para enjuiciar a toda persona y en toda ocasión. La única manera de no salir rejoneado de la faena de Touriño y Clos es negar la mayor, no otorgarle veracidad a lo que digan "esos", y gritar como un coro poseso: "¡Engaño! ¡Engaño! ". Ah, y por supuesto, poner pingando a los periodistas que se hacen eco de tales patrañas.

Lo dicho, mucho tienen que sufrir quienes se preguntan: ¿cómo es posible que un ministro catalán se interese por nuestros problemas e intente ser solidario con nosotros, los gallegos, si estos tipos para lo único que están en un cargo público estatal es para barrer para Cataluña? ¿Cuándo se ha visto otra cosa distinta a la ya sabida?

Para mayor fastidio de incrédulos, Clos considera factible que Galicia pueda alcanzar los 6.500 megavatios de potencia eólica instalada en el año 2012. Una aspiración del Gobierno bipartito gallego conocida públicamente, y que el Gobierno central tiene intención de satisfacer -y no por deferencia graciosa, sino porque el sector funciona y la ubicación presenta ventajas estratégicas desde la perspectiva de la producción- una vez se aclaren algunas cuestiones de precios y se realicen las mejoras técnicas necesarias para incorporar a la red la energía producida por los aerogeneradores.

Por ese lado, no hay el menor peligro de que, a corto y medio plazo, el noroeste peninsular pierda su hegemonía en el sector eólico, como maliciosamente se ha sugerido desde instancias de parte con otros intereses en juego, un tanto sorprendidas de que la Xunta quiera librar la batalla de la reinversión en Galicia de una parte de los beneficios que generan los blancos molinos del monte.

Clos también es de la idea de que el puerto exterior de Ferrol necesita tener una terminal ferroviaria y estar enlazado por tren con As Pontes, uno de los focos industriales que se prevén tenga un mayor dinamismo en el próximo decenio, con la aplicación del gas natural en nuevos procesos productivos. El agotamiento de la mina que suministraba carbón a la central térmica, reconvertida para el ciclo combinado, obliga a importarlo. Una vez en el puerto de Ferrol, el traslado del combustible fósil a As Pontes se hace por camiones, un medio de transporte más caro y complicado que el del tren.

Donde el ministro de Industria estuvo más parco en palabras y no quiso mojarse fue en lo de la segregación de Navantia Fene para la construcción naval civil. Contrario a entrar en una batalla con Bruselas, se limitó a comentar que en el supuesto de que hubiese una oportunidad mínima, el Gobierno central actuaría. Lo cual es una opinión antes que un compromiso. En fin, ya sería de rabiar furioso para la contra que, siendo catalán y ministro, Joan Clos fuese perfecto.