Martes 09.02.2010
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Actualizado 19.10
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Cinco marineros gallegos que forman parte de la tripulación del barco Francisco Catalina, con base en Santa Pola (Alicante), se enfrentaron a una situación de indefensión en aguas de Malta que se prolongó durante dos días. Lo que inicialmente comenzaba como una obra humanitaria acabó siendo el inicio de una serie de conflictos y prohibiciones.
Según relata el patrón segundo de la embarcación, Bautista Molina, con quien este diario mantuvo ayer una comunicación telefónica entrecortada, el pasado viernes el Francisco Catalina se dirigía al caladero de gambas en el Mediterráneo, una campaña que dura dos meses, cuando avistaron en alta mar una lancha a motor cuyos tripulantes pedían auxilio.
Al acercarse, el cayuco colisionó con el pesquero y sufrió una avería. A bordo de esta precaria embarcación viajaban 51 inmigrantes ilegales, 42 varones, ocho mujeres (dos de ellas embarazadas) y una niña menor de un año, en unas condiciones infrahumanas, sin agua y sin comida.
"Desde la una de la tarde hasta las seis intentamos contactar con Malta para poner en conocimiento esta situación y advertir de la presencia de inmigrantes a la deriva en sus aguas. No lo logramos. Como se hacía de noche, decidimos que no podíamos dejarlos abandonados a su suerte porque era condenarlos a muerte. Estaban muy mal, así que los subimos a bordo, pensando que podríamos atracar en tierra. Pero ahí empezó nuestra cruzada", relata Molina, quien asegura que desde que intentaron acercarse a tierra, las autoridades portuarias maltesas se lo prohibieron.
"No nos dejaron ni acercarnos, y para hacernos desistir nos mandaron una patrulla que llevamos pegada a un costado. Estamos a 22 millas al sur de Malta, dando vueltas en redondo, sin apenas agua y sin víveres, y con una comunicación precaria. Traíamos sólo provisiones para los diez marineros que forman la tripulación", señala el segundo patrón del Francisco Catalina.
La situación a bordo del pesquero fue difícil, "aunque no llegó a ser alarmante", señalaba Molina, mientras permanecía a la espera de unas órdenes que se iban produciendo muy lentamente. Para él lo prioritario en ese momento era "que nos dejen acercarnos a tierra, para poder entablar comunicación con nuestros familiares que están muy preocupados por la suerte que podamos correr. Además, alguien tiene que hacerse cargo de esta gente".
Naturales de Costa da Morte
De los tripulantes, cinco son gallegos, tres son naturales de Muxía (Álvaro Domínguez Soneira, Manuel Pérez y José Toba), los otros dos son de Fisterra (Jesús Nemiña Antelo y Ramón Marcote).
Marcote, con quien este diario pudo conversar unos minutos ayer, señala que ésta es su primera campaña a bordo del Francisco Catalina "y mira cómo la estreno. Hicimos una obra humanitaria y nos metimos en un buen follón, pero a esta gente no se la puede dejar así", dice. "De momento, a bordo estamos bien, pero muy preocupados por la suerte que podamos correr", señala.
Al cierre de esta edición, se había desbloqueado el conflicto y, después de desplazar hasta el barco un equipo de médicos que reconoció a los inmigrantes, se acordó que la Cruz Roja de Malta se hiciese cargo de ellos para que el Francisco Catalina pudiese volver a retomar su travesía.
Situación en tierra
Los familiares de los marineros en Costa da Morte expresaban ayer su malestar a este diario "porque nadie nos informa. Llevamos todo el día en contacto con el consulado y la embajada. Nos dicen que sí, que se va a solucionar, pero perdemos el contacto con el barco", señalaban .