El Correo Gallego

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Celtas sin filtro

Jugar a la pita ciega

LUIS POUSA   | 05.04.2008 
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Hace unos días, el presidente Touriño señaló las infraestructuras y la ordenación del territorio como dos de los grandes vectores que marcarán la acción del ­Gobierno gallego hasta el final de este año y previsiblemente hasta que concluya la legislatura. Porque se adelante o no a junio del próximo año la cita electoral autonómica, la actual legislatura dará sus últimas boqueadas con la aprobación de los presupuestos para 2009, y es más que probable que la campaña electoral pura y dura dé comienzo a la vuelta de este verano, allá por el mes de septiembre.

La desaceleración económica, los bajos niveles de ahorro y la caída de la actividad y el empleo en el sector de la construcción, justifican que las autoridades autonómicas busquen fórmulas e incentivos para impulsar la inversión. Algo que, por otra parte, no constituye ninguna novedad, puesto que la inversión es el componente de la demanda agregada que mayores fluctuaciones cíclicas registra, condicionando precisamente la evolución de la producción y del empleo.

Por eso también, el presidente de la Xunta anunció el pasado jueves un paquete de medidas complementarias, como agilizar administrativamente las obras en los concellos, facilitar créditos para las inversiones en las zonas más desfavorecidas y acelerar la construcción de las 4.000 viviendas de protección oficial previstas.

Previsiblemente, todas estas medidas ayudarán a amortiguar el impacto provocado por la crisis que vive el sector inmobiliario. Pero eso no quita para que la Consellería de Economía, curándose en salud tras comprobar que el Banco de España ha rebajado las previsiones de crecimiento de la economía española al 2,4 %, 7 décimas menos que la tasa fijada por Pedro Solbes a principios de 2008 y 1,1 punto menos que la manejada por José Ramón Fernández Antonio para Galicia, esté revisando los datos para adaptar el cuadro macroeconómico a unos objetivos más ajustados al nuevo escenario.

A Touriño le conviene ser más comedido y realista que nadie con esas cifras, pues lo contrario sería tanto como ofrecerle bazas a su principal adversario político. Inevitablemente, la cuestión económica copará buena parte de la contienda electoral.

No obstante lo anterior, el Ejecutivo gallego no debería plegarse a quienes desde el sector inmobilario le reclaman un escenario de relajo normativo y vista gorda, así como subvenciones a la compra de la vivienda no oficial, es decir, una fórmula que en la práctica abarate el precio de las hipotecas. Porque, en cierta medida, eso sería algo así como jugar a la pita ciega con la crisis, para seguir haciendo casi lo mismo que provocó el agotamiento del negocio del ladrillo en España.

Si algo no tendría ningún sentido es que Galicia apostase por un modelo de crecimiento agotado. Baste con recordar las recientes declaraciones del presidente de la Asociación Española de la Banca, en las que califica de "buena noticia" que se frene la construcción, y recomienda cambiar el modelo económico español, para basarlo en las exportaciones y recuperar competitividad. Dos aspectos, unidos al del conocimiento y la I+D+i, en los que el Gobierno gallego debería seguir insistiendo, con mayor fuerza si cabe, en su política económica, al margen de esas medidas de choque, que no deberían pasar de ser puntuales.