Miércoles 03.12.2008
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| El círculo negro indica el punto de la cubierta de San Paio de Antealtares en el que impactó el rayo FOTO: Nacho Santás |
La iglesia, cuya entrada principal se sitúa entre la Vía Sacra y A Quintana, ha sido la más perjudicada. El rayo dejó un boquete enorme en la cubierta del templo. Aunque para la abadesa es muy difícil calcular sus dimensiones, la madre superiora señala que la tormenta arrasó al menos "un centenar de tejas". Hasta hoy no se conocerá el alcance total de los daños, ni el presupuesto necesario para su reparación, a la espera de que los técnicos que inspeccionaron ayer las instalaciones evalúen minuciosamente los desperfectos.
Además de los daños en el tejado de la iglesia, el sistema eléctrico ha quedado inutilizado casi por completo. Al quemarse el transformador que abastece toda la red, en el museo de San Paio de Antealtares no se puede encender ni una luz. Las reliquias de la iglesia se encontraron durante unas horas totalmente indefensas debido al bloqueo del sistema de seguridad que dejó alarmas y cámaras paralizadas.
Este incalculable daño al patrimonio eclesiástico se agrava con los estropicios causados por la tormenta en el campanario.
Otros vecinos de la zona también se vieron afectados por la tormenta, así como varios establecimientos hosteleros. En el Paraíso perdido, en Praza dos Gatos, el mismo rayo que cayó sobre San Paio quemó la instalación eléctrica por lo que el local se vio obligado a cerrar. El Iacobus se quedó sin hilo musical.
Un monasterio del siglo IX
El monasterio de San Paio fue el primero que tuvo la ciudad, ya que se creaba en siglo IX por deseo de Alfonso II. El monarca ordenó que doce monjes benedictinos se trasladasen a Compostela para custodiar las reliquias del Apóstol. A finales del siglo XV serviría de primera sede del Estudio Vello de Santiago, fundado por Lope Gómez de Marzoa.
El acceso al museo de Arte Sacra, el principal perjudicado por los desperfectos ocasionados por la tormenta, está situado en la iglesia del monasterio. Cuenta con una sección permanente que se divide en seis secciones. En la primera, de orfebrería, se muestran piezas desde el siglo XV hasta el XX.
En el área de escultura se incluye una exposición de obras en piedra y madera. Dentro de la imaginería destaca un Cristo crucificado del Románico, con características que revelan la transición al Gótico y que data del siglo XIII. Cuenta además con una muestra de las diversas representaciones de la Virgen María, por el especial interés de las monjas benedictinas en la difusión del culto mariano.
En la sección diplomática se incorporan documentos referentes a la vida monástica y la propia historia del convento. Se completa con la existente en el archivo, que custodia información desde el siglo X.
Las monjas ni se enteraron
La abadesa de San Paio de Antealtares reconoce que en el convento nadie se enteró de lo que había sucedido. "Probablemente haya sido alguien que pasaba por la calle quien avisó a los bomberos", señaló a este diario.
Las monjas sintieron el estruendo de la tormenta poco después de las 21 horas , pero, dadas las grandes dimensiones del edificio, pensaron que no había sucedido nada. Además,
las monjas no pueden comprender cómo el pararrayos, que se encuentra en el campanario, a poco más de un metro de distancia de la cubierta en que impactó el relámpago, no consiguió bloquear el impacto. Tampoco hubo suerte con el sistema que protege a la Catedral de las tormentas .
Una zona del templo inaccesible
La madre superiora explicaba a este periódico que es bastante difícil evaluar a simple vista el alcance de los daños, ya que se encuentra en una zona del tejado totalmente inaccesible. De hecho, ni ella misma se ha atrevido a subir hasta el campanario para otear los desperfectos.
Un avispado vendió trozos a 20 céntimos
Como curiosidad, destacar que un avispado hombre de negocios se afanó en recoger los trozos caídos del tejado del templo para vendérselos a los turistas a 20 céntimos la pieza. Se trataba sólo de trozos de teja y algún pequeño cascote, pero con mucha historia. Ya lo dice el refrán: quien no corre, vuela..