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CELTAS SIN FILTRO

LUIS POUSA

Una medida necesaria

19.01.2008 
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Nunca como hasta ahora se habló tanto en Galicia del territorio; nunca como hasta ahora el territorio ha sido incorporado al debate político, dejando entrever las grandes distancias que existen entre los dos polos, formuladas en posiciones casi antagónicas. Algo que hace unos años no estaba tan claro, pues en los discursos de los partidos había una mezcolanza dispar de criterios, que iban desde el ecologismo, en sus versiones más radicales, hasta el medioambientalismo, pese a que las diferencias entre ecologistas y medioambientalistas eran acusadas -hoy lo son menos-. Aquellas discrepancias fueron en Europa el origen de la trasformación del verde oscuro en organizaciones políticas, en algunos casos, como en Alemania, con un éxito tal que llegaron a formar ­gobierno c0n los socialdemócratas.

En general, el discurso medioambientalista ocupa un sitio en los programas de las organizaciones políticas, pero con muchos matices y desigual trato, según el color ideológico. Esas disimilitudes se han hecho patentes, llegado el momento de sustanciar en medidas concretas cuestiones como la conservación, el control de las emisiones de gases, el reciclado de desechos, etc. Al respecto, basta con comparar lo que hizo el Gobierno anterior con las prioridades del actual, para hacerse una idea cabal del cambio que se está operando en la comunidad gallega.

Ese cambio tiene también mucho que ver con la asunción, por parte de los nuevos inquilinos de la Xunta, de un modelo económico comparativamente muchísimo más moderno y actual, que incorpora a su política económica criterios de sustentabilidad, un mayor y mejor uso de las tecnologías, la formación de capital humano, y otra serie de medidas conducentes a que el crecimiento sea más acelerado, para recortar antes el plazo de convergencia con España y la UE. Y, a su vez, eleve el nivel de vida de los gallegos, al vincular ese crecimiento a las mejoras de la productividad, la modernización de las infraestructuras y la renovación de los stocks de capital público y privado.

Frente a este diseño, el pasado se presenta como algo ya muy caduco y anárquico. Tal es así que las críticas de la oposición se centran en las cuestiones puntuales de la conyuntura, y eluden entrar en las consideraciones de fondo, por cuanto obligaría a ésta a confrontar sus críticas con una estrategia económica alternativa de la que, por desgracia para todos, carece.

La incorporación del discurso medioambientalista a la acción del Gobierno bipartito, aunque valorada por el verde radical, presenta puntos de fricción entre ambos. Ahí están los casos de Reganosa o del Plan de Acuicultura. Lo que subyace en esas dos discrepancias es el uso del territorio, precisamente una de las cuestiones fundamentales de una estrategia de crecimiento sustentable, como bien sabe el presidente Touriño.

Dentro de esa estrategia, la medida cautelar de prohibir edificar a menos de 500 metros de la costa era absolutamente necesaria para darle coherencia al modelo de crecimiento, e invitar al sector inmobiliario a readaptarse a la lógica que impone incorporar la naturaleza y el paisaje como un valor económico, cultural y vivencial. Los ayuntamientos deberían ser los primeros interesados en poner al día sus planes urbanísticos, porque sus municipios resultarán beneficiados.