Martes 09.02.2010
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Actualizado 19.10
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| El cocinero Ferrán Adriá FOTO: C.E. |
Elogios y perlas
Debe ser cierto que Galicia le gusta al cocinero catalán, ya que hay muy pocas cosas por las que Adriá esté dispuesto a abandonar su restaurante, El Bulli, que sólo abre seis meses al año. Así lo confesaba este hombre de gesto amable e hiperactivo y hablar atropellado, que posaba para la prensa con platos de jamón, se reía cuando las adolescentes lo freían a fotos con cámaras de usar y tirar sin saber muy bien si era un cocinero o un cantante, se dejaba abrazar por los admiradores, la mayoría estudiantes de hostelería que lo miraban embelesados, o se ofrecía a contestar por enésima vez a las casi idénticas preguntas de los redactores diciendo: "yo te cuento lo que quieras, que no tengo otra cosa que hacer".
También dejó claro que, además de liderar una generación de cocineros en todo el mundo, tiene claras dotes de showman. Levantó varias veces las carcajadas del público sin guión alguno, con perlas como "los restaurantes se inventaron con la Revolución Francesa: les cortan la cabeza a todos, se van al paro y dicen ¿qué hacemos?, pues montamos un restaurante".
Y en el apartado de elogios a Galicia no le dolieron prendas a un hombre nacido a la vera del Mediterráneo a la hora de confesar que los productos del mar de esta comunidad son "los mejores del mundo". De hecho, se autodefine como "un gran embajador de Galicia" desde su restaurante de Roses, en Girona. De hecho, cree que gracias a la fusión de los productos que recibe todos los días de nuestras rías con los sabores y el estilo mediterráneos hacen posible un sueño gastronómico en el que, sobre la tecnología, la técnica o la química debe estar siempre el producto.
Es ése uno de los aspectos que quiso reivindicar en su ponencia, en la que puso de manifiesto que la verdadera revolución en la cocina es la energía, ya que la incorporación del gas y la electricidad es muy reciente. "La energía da la felicidad", proclamaba Adriá, que se niega a encajar el sambenito de cocinero tecnológico o inventor de la cocina molecular. "Eso no existe", señalaba, para recordar que lo que ha cambiado realmente son las técnicas y los conceptos. "Yo por tecnología entiendo el Apolo dieciocho, no la turmix o un sifón, que llevamos toda la vida montando nata y haciendo soda". Para Adriá, es muy difícil que la alta tecnología llegue a los fogones porque no es rentable. Lo que sí encuentra imposible es cocinar sin alma, por mucha física y química que se quiera aplicar a una tortilla.