El Correo Gallego

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a bordo

CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

Rebelde Way

06.11.2007 
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Jeanette, aquella chica lánguida de acento americano, nos daba en su canción varias razones por las que era rebelde. Aseguraba pesarosa que nadie la tratara con amor, ni nadie la había querido nunca oír. Era la suya una rebeldía justificada, que ahora nos puede ayudar a comprender la de Beiras, icono de cuantas protestas se producen en el país, que sin su presencia parecen incompletas, sosas y poco brillantes.

A lo mejor es un problema de ubicación. El nuevo BNG no sabe qué hacer con él, él no sabe tampoco dónde situarse, y por eso busca espacio en la rebeldía. Regresa al non, vuelve a disfrutar del calor de las movilizaciones, exhuma colonialismos y agresiones neoliberales, y defiende un nacionalismo que no es de este mundo, ante una parroquia de fieles que no se sienten a gusto con ese sistema que aprueba piscifactorías, o autoriza plantas de gas.

Jeanette, aquella chica lánguida, nos da algunas claves de este beirismo, y en Lenin podemos encontrar otras. Fue don Vladimir quien fustigó el izquierdismo gestual como una enfermedad infantil del socialismo, y lo achacó al narcisismo de intelectuales que no se sentían satisfechos en su ego.

Algo de eso puede haber aquí. Beiras quizá esté buscando entre los encerrados de Reganosa y los descontentos con la acuicultura, el resarcimiento por su frustrante final en el liderazgo bloquero. ¿Ah sí? Pues vais a ver lo que es bueno. Entonces, en vez de predicar el calentamiento global, calienta globalmente los conflictos, como un Al Gore de la protesta contra todo.

Lo más seguro es que haya bases nacionalistas incómodas ante el inusitado apóstol de la revolución pendiente, pero también habrá electores y gente en general que se pregunten qué hubiera sido de Galicia si los avatares históricos hubiesen llevado a este Beiras, y no a Quintana, a la vicepresidencia del Gobierno. Porque el non es fácil de pronunciar, rima con todo, pero es insuficiente para gobernar un país.

De la suma de todos estos nons a los cuales se suma, no sale ningún sí. Más que una comunidad, nacionalidad, nación o lo que se quiera, el resultado es un agujero negro. ¿Pero para qué insistir en esto? Beiras sabe de sobra que no se puede despedir por colonial a una piscifactoría, sin exigir en pura coherencia el desmantelamiento de Citroën, ni acusar a la acuicultura de agresora de la naturaleza, sin organizar de inmediato una protesta en San Cibrao contra la factoría de Alcoa, también colonial.

Ese BNG que el admirado Xosé Manuel añora con su peregrinaje por los conflictos, es el mismo que se resignaba antes a una división de papeles que hacía del PSOE la izquierda seria y gobernante, y del nacionalismo la izquierda sólo apta para la protesta. ¿De qué le valió al nacionalismo tener mil plataformas afines, coordinadoras adictas, asociaciones de mano, si al final un socialismo sin tanta parafernalia le arrebata el liderazgo progresista?

Una pregunta así se la hizo Lula da Silva con respecto al Partido dos Trabalhadores, su BNG para entendernos. Cuando optó por el realismo, hubo disidentes nostálgicos de la antigua organización contestataria, entre los que no faltó la gauche divine acusando al histórico líder de ser un zopenco poco ilustrado. A cambio de perder su mística, el PT amplió su base social. La cosa está en si el nacionalismo gallego necesita a un Lula, o a un Noam Chomsky que se mire al espejo preguntando si hay alguien más radical que él. Jeanette, aquella chica lánguida de acento americano, nos da la clave.