El Correo Gallego

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LUIS POUSA

Nada que no se supiera

10.03.2007 
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Han pasado quince años desde que Enagás y la Xunta, presidida en aquella ocasión por Manuel Fraga, llegaron a un acuerdo para la instalación de una planta de gas en el exterior de la ría de Ferrol. Ese proyecto, como bien saben las autoridades autonómicas de la época, fue languideciendo por razones de estrategia empresarial del operador en la ubicación de las plantas regasificadoras en el mapa ibérico y en la distribución de la red gasística por el territorio peninsular, teniendo en cuenta los centros de consumo y los tipos de consumo. Y por los intereses políticos y electorales que intervinieron en el trazado del mapa gasístico español, introduciendo modificaciones que si bien desde una visión a gran escala resultan insignificantes, adquieren una dimensión cualitativamente estratégica a nivel de cada una de las comunidades autónomas implicadas.

El gas natural es una energía mucho más limpia que la derivada del petróleo, de tal modo que su implicación en los procesos productivos industriales y las economías domésticas cada vez será mayor. A su vez, dada la estrecha dependencia que existe entre el sistema productivo y la energía, cualquier estrangulamiento en su suministro incide negativamente en el funcionamiento del tejido industrial o, llegado el caso más extremo, acarrea su inmediata paralización. Lo que da una idea aproximada de la importancia que supone para Galicia contar con un complejo regasificador y una red de tuberías con capacidad para atender el despegue que está protagonizando el sector industrial, con unos incrementos de sus índices de producción de los más altos de España.

Pero sigamos haciendo un pequeño repaso de cómo fueron evolucionando los acontecimientos gasísticos en el escenario gallego. En 1996, los Tojeiro, que ya tenían experiencia en la venta de gasolinas, desvelan públicamente uno de sus secretos mejor guardados, en el que tiene mucho que ver la mano de Fraga: la construcción de una planta de regasificación dentro de la ría de Ferrol. Aspecto no menor, pues al ser dentro de la ría provocará el rechazo de los ecologistas y sectores ciudadanos en desacuerdo con el emplazamiento de la misma en Mugardos.

No obstante, el proyecto sigue adelante, aunque a un ritmo lentísimo debido a los trámites, eufemísticamente tildados de "burocráticos". En realidad, esa lentitud está motivada por motivos políticos: el Gobierno Aznar maneja los tiempos de concesión de los permisos en función de una complejidad de intereses que supera el marco gallego.

Finalmente, verano de 2001, Madrid le concede autorización provisional para ejecutar el proyecto, autorización que no será firme hasta enero de 2004, pero confinándolo a que Reganosa se convierta en mera suministradora de gas a las centrales térmicas de As Pontes y Meirama, una vez que hayan sido adaptadas técnicamente al ciclo combinado, al hacer caso omiso de su petición, formulada a finales de 2001, de que el gasoducto gallego duplique su capacidad.

Nada, por tanto, que no se supiera públicamente y no fuera acallado. Por ello, sorprende que ahora, cuando Reganosa está a punto de entrar en funcionamiento y previsiblemente el Ministerio de Industria acojerá la propuesta de un nuevo gasoducto para Galicia, se agite el problema por quienes en su día tenían que haberlo solventado.