|
| ||
| |
![]() |
| Cartel promocional de la película |
El género policíaco apela a nuestro gusto por resolver problemas lógicos, y puede que ningún otro facilite este anhelo como lo hace Sherlock Holmes, pues ya su creador se afanó en que tuviera la más escueta vida privada posible, para distraer lo mínimo. Y es que el nacimiento de un personaje como el inquilino del 221B de Baker Street es más que entendible en un país como Gran Bretaña, donde se hizo fuerte el empirismo, y en un momento, entre siglos, en el que el positivismo experimentaba su máximo esplendor. De hecho, podemos considerar la novela policíaca como la aplicación del positivismo a la literatura. Tras la etapa del brumoso terror gótico, llegaba el "método científico" a los libros de ficción. Pero en esas páginas nos encontramos además de con Holmes y Watson con Aristóteles, Kant, y toda la tradición racional de la cultura occidental. Aunque la lógica aparece en diferentes puntos del planeta como China e India siglos antes de nuestra era, no logra sobrevivir en esos lugares, desarrollándose principalmente en Occidente a partir del legado griego y llegando a alcanzar un alto grado de sofisticación en la actualidad. Y es justamente a Aristóteles al que conocemos como padre de la lógica quien la define como "el arte de la argumentación correcta y verdadera". Para ello es necesario la existencia de las categorías, ya formuladas por Aristóteles (y asimismo por Kant) o la clasificación sistemática de la realidad según diferentes criterios, así como reglas que nos ayuden a ordenar esas categorías según su relación de causa y efecto, en cuanto a este contexto. Esas reglas utilizadas por Holmes son las de la deducción y la inducción. La deducción consiste en ir de lo general a lo particular o lo que es lo mismo, partir de una regla general de la que podemos inferir sus consecuencias y la inducción en ir de lo particular a lo general, de los efectos a la causa, llegando así a la regla general que los provoca.
El secreto del famoso detective británico se basa en gran medida en su conocimiento exhaustivo del mundo, en su erudición, y en su capacidad mental para ordenar, categorizar, sus conocimientos de manera eficiente. Cuando este joven Sherlock Holmes colige que el padre de su nuevo amigo Watson es doctor, lo puede hacer gracias al conocimiento previo de que el libro de medicina que éste porta no está al alcance de todo el mundo, tan sólo de los médicos. Al mismo tiempo cuando Sherlock informa a Watson de su gusto por las natillas, está haciendo una doble inducción con conclusión coincidente. Inducción porque del detalle particular de las manchas amarillas en la chaqueta de su amigo, induce que éste come habitualmente natillas, y porque partiendo del conocimiento de que la ingesta abundante de calorías provoca sobrepeso, fijándose en el detalle particular de la complexión de Watson, llega a la regla general de su comportamiento al decir: "Hay una mancha amarilla de natillas en tu solapa. Y tu figura me dice que has comido muchas". Pese a su fama de deductor, lo cierto es que Holmes utiliza mucho más el método inductivo que el deductivo, lo cual resulta mucho más espectacular para el espectador. Pero también podemos encontrar procesos de deducción en este personaje. Por ejemplo, el acertijo que le propone a Watson y que reza: "Si estás en una habitación con vistas al sur y ves un oso por la ventana. ¿De qué color es el oso?", es una invitación a la deducción, pues de una premisa general dada, hay que concluir una situación particular. La capacidad de establecer las relaciones entre las causas y los efectos requiere de una brillante habilidad mental.
El cine lo vino a demostrar con El secreto de la pirámide o en su versión original El joven Sherlock Holmes, en donde no sólo se nos proponen continuos enigmas, sino que se apura la esencia inductiva del personaje, descifrando las causas de todos los efectos explicados por Conan Doyle en sus relatos. En este filme se nos desvela por qué Holmes nunca se casó, el porqué de su vestimenta, de dónde surge Moriarty, su eterno enemigo, y tantos otros rasgos que caracterizan al mejor de los detectives, haciendo las delicias de los amantes de los procesos lógicos. Y por cierto, el color del oso es...