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AGOSTO 2005

El chef Marcelo Tejedor, Gallego del Mes por su gran labor de restauración

02.06.2006

LUCÍA SIXTO - SANTIAGO

Marcelo Tejedor regenta el restaurante santiagués Casa Marcelo, que se ha erigido como un templo donde las delicias de la cocina tradicional gallega se fusionan con la creatividad de su chef y las últimas tendencias culinarias.

Por esta razón, las redacciones del Grupo Correo Gallego han decidido nombrarlo Gallego del Mes de Agosto, en reconocimiento a la labor que le ha llevado a adquirir el prestigio internacional del que goza hoy en día.

Marcelo Tejedor es un compostelano que ha sido capaz de hacer de su cocina un arte. Curiosamente el único arte que es capaz de complacer a sus admiradores por medio de los cinco sentidos. En Casa Marcelo la rendición de los clientes empieza con el sentido del olfato. Las delicias del maestro se anuncian en esencia de especias y regaliz. De inmediato, llega el esplendor del tacto con la suavidad de los manteles recién planchados. Posteriormente se puede escuchar el golpe sincronizado de los cuchillos, y el ruido de los ingredientes fundiéndose en las salsas. El oído ha triunfado. Con todo, el cliente puede ya imaginarse lo que le depara el sentido del gusto, pero no antes de rendirse a la vista con la maravillosa presentación de los platos.

Una generación en eclosión

El éxito del que ahora goza Marcelo Tejedor no le ha sido otorgado gratuitamente. En sus inicios las cosas no fueron tan sencillas. “De repente llega Marcelo y abre un restaurante donde no puedes elegir la comida y encima son platos que a priori no tienen mucho que ver con la cocina tradicional”, recuerda el chef, refiriéndose a sus inicios en el año 99. Aun así, sus delicatessen no encontraron paladar que las frenase, y pronto se convirtió en un baluarte del minimalismo gastronómico.

El éxito de Casa Marcelo se debe a la absoluta dedicación del equipo que él mismo capitanea. Una cuidadosa combinación de imaginación, entrega y, sobre todo, un conocimiento exhaustivo de las materias primas que le lleva a seleccionar con minuciosidad los ingredientes de sus recetas. De hecho, Marcelo es un conocido cliente de las señoras que regentan los puestos de la Plaza de Abastos.

El recuerdo de los tiempos pasados es una constante en las recetas de Marcelo. “El nivel de cultura de un pueblo se mide también por su cocina y por eso no debemos olvidarnos de nuestra historia”, asegura el chef. Debe ser por eso por lo que en Casa Marcelo siempre nos podrán sorprender unos grelos o unos tradicionales cachelos, pero eso sí, pasados por la innovadora óptica del chef.

Si Marcelo tuviese que definir su cocina, entre sus adjetivos se encontrarían “fresca, natural y sencilla”, pero es un hombre que huye de las etiquetas. Se define como un creador que se “deja enamorar por los productos de la huerta”. Además, afirma que sus platos son como sus hijos predilectos y por eso le duele que se los critiquen.

Un aprendiz con maestros excepcionales

“Mis mejores maestros me enseñaron a dudar de las cosas y a no ponerme limitaciones”. Cuando Marcelo pronunció estas palabras seguramente estaba pensando en tres importantes monstruos del panorama gastronómico mundial, con quienes tuvo la suerte de trabajar. Juan Mari Arzak, Jacques Maximin o Alain Ducasse fueron grandes referentes en su trayectoria y le enseñaron no pocas lecciones.

Del vasco más internacional aprendió Marcelo “muchas buenas palabras que hablaban de explotar el sentido de la oportunidad”. De Jacques Maximin, además de sus innovadoras recetas con flores recuerda los consejos que le hablaban de entregarse al cien por cien en su trabajo. Y no menos lecciones le propició el reconocido Alain Ducasse, que aparte de sorprenderlo con su deliciosa empanada a la italiana, le enseñó al cocinero gallego lo importante que es la organización. Todo un elenco de cinco tenedores para un aprendiz.
 
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