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Salsas más ligeras para acompañar la pasta

14.02.2012

CONSUMER.ES

Los platos de pasta tienen una injusta fama como recetas que engordan o provocan digestiones pesadas. Aunque su valor energético es indudable por su contenido en carbohidratos, estos no suponen un problema si la ingesta se limita a dos veces por semana, según las recomendaciones de los nutricionistas. Las preparaciones con exceso de grasas saturadas, como un salteado de bacón, panceta o chorizo, hacen que las salsas, aunque puedan parecer más gustosas, conduzcan a una digestión pesada y con exceso de calorías en el organismo.

Para evitarlo, debe planificarse el menú en función de si la pasta es plato único, primer plato o segundo. Si es un plato único, se puede optar por acompañar la pasta con un salteado de verduras, un poco de aceite de oliva y salsa de tomate. Se puede guarnecer con unos pequeños trozos de pechuga de pollo salteada o con unos lomos de atún frescos o de salmón. Todas estas salsas tradicionales se pueden aligerar.

Pesto y ajo y aceite Las dos salsas más frecuentes, además de la salsa de tomate, son el pesto y la salsa de ajo y aceite. Con muy poca cantidad, ambas impregnan la pasta de un aroma y sabor muy característicos, gracias a una adecuada combinación de aceite, la cantidad apropiada de queso de oveja rallado, albahaca y piñones, en el caso del pesto, y un poco de aceite de oliva virgen aromatizado con unas láminas de ajo, en la salsa de ajo y aceite.

Una de las formas de preparación consiste en impregnar la pasta con estas salsas y después dejarlas diez segundos sobre un colador de rejilla fina para que el excedente de aceite se cuele. Se presenta, de esta manera, un plato de pasta más ligero.

Por otra parte, si no se quiere renunciar a la combinación de pasta con lácteos, como las salsas clásicas de salteados de setas con un poco de nata, se puede sustituir esta nata por una baja en materia grasa o por una salsa bechamel ligera elaborada con leche desnatada. Esta salsa bechamel se elabora con una proporción de 15 gramos de margarina y otros 15 de harina, todo ello calentado en un cazo. Cuando empieza a borbotear, se agregan 500 ml de leche desnatada. Esta salsa puede acompañar unos tallarines con el salteado de fungi (setas).

La panceta que se utiliza para la salsa carbonara puede sustituirse por un poco de magro de cerdo cortado muy fino y la nata que se usa en la bechamel se puede sustituir por leche desnatada. El toque de pimienta blanca dará el punto de sabor a esta salsa.

Salsa con marisco Las salsas con marisco también son muy recomendables para acompañar pasta. Lo mejor es agregar unas almejas a la marinera o unos mejillones en salsa verde a unos tagliatelles o a unos espaguetis. Estos, a su vez, se pueden completar con unas alcachofas cocidas y salteadas o con unas tiras de vainas cocidas al vapor y terminadas en la salsa con el marisco. De esta manera, se consigue un plato completo y nutritivo, sin excesivas calorías.

 
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