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Periodista y escritor

Carlos G. Reigosa: “La memoria de Pepa La loba está aún muy viva en la Galicia más rural”

25.02.2007 Pepa la loba, navegando entre el mito y la historia, se hace cuerpo (y alma) en el último libro de Carlos Reigosa. Mientras la edición gallega, en Xerais, alcanza ya la segunda edición, el periodista lucense presenta la versión española en Ediciones B.

JOSÉ MIGUEL A. GIRÁLDEZ

Carlos G. Reigosa llevaba desde 1989 intentando plasmar en novela la gran historia de Pepa La loba. FOTO: MANUEL H. DE LEÓN
Carlos G. Reigosa llevaba desde 1989 intentando plasmar en novela la gran historia de Pepa La loba.
FOTO: MANUEL H. DE LEÓN
La trayectoria periodística y literaria de Carlos G. Reigosa (Lagoa de Pastoriza, Lugo, 1948) es tan dilatada, tan amplia, tan abundante, que sería imposible resumirla en apenas unas breves líneas. Sirva no obstante, a modo de resumen, un apunte breve: es miembro de Consejo Asesor del español urgente, fue largos años director de información de la agencia Efe, y ha escrito múltiples artículos. Y también libros. Algunos tan celebrados como Oxford, amén o Crimen en Compostela.

Ahora llega con una hermosa ficción, romántica y descarnada, de Pepa La loba, la bandolera gallega del siglo XXI, de la que se ha escrito mucho pero de la que, quizás, se conoce demasiado poco. Reigosa siguió su rastro, a la manera del nuevo periodismo americano, o, si lo prefieren a la manera de Sherlock Holmes. Pateó sus territorios, sus bosques, sus casas y las riberas del Ulla, donde La Loba aullaba. Carlos Reigosa ha conseguido una novela extraordinaria, que se lee de un tirón. Esto no es en modo alguno la presentación de un bestseller, sino la presentación de una obra fieramente documentada, escrita casi sobre el terreno, que han bebido de fuentes reales y ha comido de comentarios de gentes que, siquiera indirectamente, la conocieron. Carlos Reigosa principia el libro con una cita de Emilia Pardo Bazán, que también escribió de La loba, y dedica luego un apartado muy completo a los agradecimientos. No son pocos, pues muchos le ayudaron en la empresa. A la búsqueda de esta loba, no capitolina sino estradense, Reigosa tuvo de asesores, confesores o simplemente contadores de historias, como en los viejos filandones, a Aurelio Miras, Costa Clavell, Josefa Pernas, Olimpio Arca, Manuel Reices, o al mismísimo Borobó, quien, un día, poco antes de morir, le llamó y le dijo: "Carlos, no pretenderás escribir un libro sobre Pepa La loba sin hablar antes conmigo...". Y Carlos fue y habló.

–Parece que Pepa La loba es un personaje muy atractivo, muy literario, que, quizás, no estaba aprovechado del todo.

–Bueno, tal vez. Mira, la versión gallega en Xerais ya está a punto de alcanzar la segunda edición... No hay duda de que Pepa La loba es un personaje que reúne unas características muy apetecibles desde el punto de vista literario.

–Supongo Carlos que, cuando hiciste esta recreación histórica de la bandolera gallega, tenías en mente la posibilidad de llevarla al cine. Porque elementos cinematográficos no le faltan.

–Yo me aproximé a esta historia por primera vez en 1989. Es cuando sé de ella y cuando tengo la sospecha de que existe una memoria rural por distintos pueblos. En ese año di una vuelta por la zona del norte de Pontevedra, digamos que desde O Carballiño, y por el norte de Lugo, donde Enrique Chao Espina situaba también a una especie de loba. Yo quería saber si en todos los casos se trataba del mismo personaje, casi mítico, aunque no tan mítico como para que las gentes de 80 ó 90 años de por allí no hablasen de ella como si la hubieran visto. Y bien es cierto que verla, lo que se dice verla, no la vieron, pero sí sus padres, o sus abuelos. Entonces descubrí que la relación era muy directa. Algunos hablaban de que su padre había sido atracado por ella, por ponerte un ejemplo. La sensación de que estaba aún muy presente era realmente fuerte... En Xermade te señalaban los lugares, los mesones donde había dormido. Fue un gran impacto esa memoria viva que recibí. Luego hice un texto de documentación, que se publicó en Historia 16, unos 20 folios serían. Reconozco que después de este trabajo se me vino a la cabeza la película. Absolutamente. Incluso hice el guión de la película, se seleccionó, aunque luego la productora tuvo problemas y no se hizo. Posteriormente, una segunda productora, esta sí, muy fuerte, se interesó por ella. Pero comprendí que era necesario escribir la novela, antes de entrar en discusiones sobre lo que debería aparecer o no en la película. Así que me fui a mi casa y escribí la novela. Y aquí está. Y ahora, ahora sí, creo que estoy en condiciones de hablar de la película de nuevo. Yo ya conté mi historia.

–Bueno, esta es una novela muy dialogada, con un gran marchamo cinematográfico. Esto es lo que pienso. Y las novelas históricas suelen ser muy propicias para el cine, no hay más que ver a Pérez Reverte.

–Yo siempre digo que esta es una novela histórica porque el personaje lo es. Pero todo lo que yo cuento es una f­icción. Una ficción, en no pocas ocasiones, con gran apoyo en la tradición oral de la zona. Pero realmente los datos históricos se reducen a muy poca cosa. Se sabe que nació en 1833, en el concello de A Estrada, que en 1863 estaba en la cárcel de mujeres de A Coruña donde va a visitarla Concepción Arenal, y que, un mes antes de este episodio, había sido trasladada desde la prisión de Mondoñedo a la de A Coruña. Yo hice, por tanto, una ficción, aunque intenté casar los elementos de la tradición que me gustaban. Y los que no me gustaban los he dejado, sin problemas.

–La verdad es que recuerda a muchas historia apoyadas en los mitos populares. Y recuerda a Pardo Bazán, claro, que escribió sobre ella y la llama Pepona... y, ya ves, me recuerda mucho a Thomas Hardy, y a su Tess D’Urbervilles. Por lo rural, por el drama, por la tragedia. Creo que la atmósfera de la época está muy bien capturada. Se ve que te contaron cosas de una manera muy vívida, muy veraz.

–Sin duda. Yo volví a dar una vuelta por todos los territorios de la bandolera cuando me puse con la novela. Necesitaba hacer eso. Fui tomando notas y te puedo decir que, por ejemplo, en el Ulla, estoy seguro que no me equivoqué ni en los árboles. Y es que en la Galicia de hoy, si se sabe mirar, aún se pueden encontrar los paisajes antiguos, incluso esa Galicia medievalizada, que decía Valle. No he dejado de leer ni un minuto las Comedias Bárbaras para escribir esta novela. Porque hablamos de esa Galicia medieval, intemporal, que es la del XIX, pero que tiene comportamientos del siglo XIV. Y yo he tratado de que esa Galicia estuviera presente en esta novela. Así que puede decirse, en efecto, que me he apoyado en Valle Inclán para escribir la historia de Pepa La loba.

 
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