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Escritor y físico

Agustín regresa al sueño de la Nocilla

02.03.2008 Cree que la primera intención es siempre la buena. Es un vanguardista, un ‘indie’, pero tiene referentes clásicos de los que no abjura. Tras el éxito de ‘Nocilla Dream’, en unos días se estrena en Alfaguara.

TEXTO: JOSÉ MIGUEL A. GIRÁLDEZ FOTOS: ÁLVARO HERNÁNDEZ ANGOLA

Fernández Mallo, tras el éxito, aterriza en Alfaguara. El escritor de A Coruña regresa a la Nocilla.
Fernández Mallo, tras el éxito, aterriza en Alfaguara. El escritor de A Coruña regresa a la Nocilla.
Nunca la Nocilla dio tanto juego. Bueno, quizás sí. Pero Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) ha conseguido sacarle mucha utilidad al viejo/nuevo verso de Siniestro Total. Para empezar, su primera novela, Nocilla Dream, fue considerada la mejor novela del año, en 2006, por la revista Quimera. El Cultural de El Mundo la situó entre las diez mejores. Pero Agustín, aunque contento, no se inmutó. No es su estilo. Él sigue acudiendo puntualmente a su trabajo como especialista en medicina de radiaciones, en Palma de Mallorca, y luego, terminado el trabajo, se reconvierte en escritor indie, una etiqueta que no parece disgustarle. Independiente, vanguardista, o raro. Como ustedes quieran. No es de fácil clasificación lo que Agustín Fernández Mallo escribe. En cambio, cuando habla, es cercano y afable como pocos. En unos día publica, esta vez en Alfaguara, Nocilla Experience, la continuación de Nocilla Dream. Se trata de una trilogía que, como él mismo dice, “hace tiempo que tengo totalmente escrita”.

–Está claro, Agustín, que eres uno de los escritores de culto del momento, uno de los autores más sorprendentes. Supongo que esto es bueno, aunque, inevitablemente sea una etiqueta.
–No me importan demasiado las etiquetas... lo que realmente importa es lo que uno escribe. Luego, está claro que te colocarán en alguna parte.

–Estabas en México cuando supiste que habías ganado el premio de poesía Ciudad de Burgos. O sea, que sigues con la poesía. Porque tú eres, ante todo, un poeta. Me pregunto si eres un asiduo a Latinoamérica.
–No tanto, no creas. Estuve también en Venezuela unos días antes, invitado, pero en fin, yo de Latinoamérica lo que puedo decir es que Borges o Cortázar me han influido mucho. Pero la norteamericana también, claro.

–Hasta tienes un ‘remake’ inédito de Borges, de ‘El hacedor’...
–Sí, es cierto. Pero bueno, está inédito, como tú dices. Lo norteamericano me interesa más a finales de los 60. Don Delillo, o Pynchon, o gente que últimamente está haciendo cosas muy buenas, como el autor de La carretera, que es muy atractivo literariamente, incluyendo su extraña forma de vida... tiene una de estas vidas que le echan sal a las historias.

–Hay muchas vidas literarias por ahí. Pero luego están los verdaderamente raros. Como Pynchon, que es prácticamente anónimo, y a Salinger, al que le hicieron una foto huidiza una vez, saliendo de un supermercado...
–Hay que pensar que escribir es, en cierto modo, una forma de locura controlada. Cuando alguien se pone a crear algo tiene que estar abducido por una especie de extrañamiento del mundo. Dostoievsky decía, por ejemplo: “yo tengo un proyecto: volverme loco”. Una gran frase.

–’Nocilla Dream’ tuvo un gran éxito. Pero tú has seguido escribiendo, tras esa experiencia fragmentaria, y un tanto especial. ¿Cómo se ha digerido la Nocilla? ¿Cómo es la posNocilla?
–Creo que lo he vivido con tranquilidad. Con normalidad. Lo veo un tanto lejano, como si lo viera en una película, como si viera una película que pasa delante de mí, en la que estoy yo... y ahora que sale la segunda, Nocilla Experience, pues un poco igual.

–Como trabajas en las aplicaciones médicas de las radiaciones nucleares, imagino que tu parte literaria es como un álter ego, como una especie de Second Life en la que tu avatar se dedica furiosamente a escribir novelas.
–No, no tanto. Yo llevo todo eso de una manera natural. Es algo implícito en mi vida, en mi quehacer. No hay separación de personalidades.

–Ya veo, como prometiste en su día, que a ‘Nocilla Dream’ le sigue ahora ‘Nocilla Experience’. Y luego vendrá ‘Nocilla Lab’. Una trilogía que, se supone, continuará el camino del éxito que tuvo la primera.
–Bueno, yo tenía escrita la trilogía mucho antes de saber, incluso, que me iban a publicar algo. He corregido pequeñas cosas, pero poco. Yo no quiero contaminarme con cosas nuevas. Yo creo mucho en el primer impulso, en la primera corazonada. Cuando le das vueltas a las cosas, terminas fastidiándolo todo. Yo soy muy poco aficionado a la reescritura. Escribo como cuando haces poesía, de una pieza, y lo que salga, salió. Claro que si lo que sale no me gusta, lo tiro. Por supuesto. Las cosas tienen que fluir. Y si no fluyen sabes que algo pasa.

–Y ¿en qué medida ‘Nocilla Experience’ se parece a la novela anterior?
–Bueno, sigue estando el gran tema de fondo que es, sin duda, la soledad. Esto, por supuesto, está presente. Son personajes tocados por vidas extrañas, pero esas vidas no son más que un reflejo de sus soledades. Y siguen apareciendo los desiertos, aunque aquí no son calurosos, sino localizaciones frías y esteparias. El desierto me interesa, la desolación, pero realmente me interesa lo monstruoso, o sea, lo que no está en su propia naturaleza. El desierto es la frontera entre lo orgánico y lo inorgánico, es una zona híbrida, un territorio un tanto extraterrestre, y eso me gusta.

–A veces pareces un extraterrestre. Literariamente, digo.
–Ya, eso lo decís algunos. Pero yo no soy consciente. A mí la ciencia ficción no me gusta. Salvo cosas como Blade Runner, o España, de Vilas, que acaba de salir en DVD. Estas ficciones sí me gustan.

–Bueno, supongo que estarás expectante, con la segunda novela, tras el éxito de la primera.
–Sí, claro. Esta aparece en Alfaguara, y la siguiente, Nocilla Lab, también aparecerá ahí. Nocilla Experience, de hecho, saldrá el próximo miércoles. Así que, aunque me lo tomo con naturalidad, no puedo dejar de tener una cierta expectación.

–Y ahora, con un blog en la Fnac.
–Bueno, me lo han pedido. Me parece interesante, pero eso no va a sustituir al libro. El libro es uno de los objetos mejor diseñados de la historia de la humanidad. Y no hace falta ningún tipo de tecnología para manejarlo.

 
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