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en galicia, todos espiaban a todos

Submarinos

13.07.2008 Documentos desclasificados, tres ratones de bibliotecas y dos catedráticos de la USC ponen en orden lo sucedido en Galicia durante la II GM. Vigo y Ferrol, bases proalemanas y foco de espías. ¿Y Santiago? Triángulo de las Bermudas: Santa Comba, Silleda y Lousame. Wolframio a tutiplén

TEXTO: ROBERTO QUMATA FOTOS: U-BOOT ARCHIV

Submarino alemán en aguas gallegas
Submarino alemán en aguas gallegas
El Avro Lancaster de la RAF está dotado de ocho ametralladoras y cuatro motores Rolls-Royce. En sus bodegas carga con 6.350 kilos de bombas. Los servicios británicos de inteligencia se aprovechan del "juego de espejos" de las torres de Arneiro, levantadas por los alemanes para detectar, controlar y hacer el seguimiento del tráfico aéreo y marítimo del Atlántico. Sus "reflejos" han sido interceptados por la RAF.En Corcubión, el mercante alemán Werra suelta amarras, sale cargado hasta los topes de wolframio, el mineral de alto valor estratégico empleado para endurecer el acero y el principal elemento en la fabricación de tornos, chapas acorazadas y proyectiles perforantes. "Para obtener el wolframio, Alemania dependí­a casi por completo de España (Galicia)", según el embajador de EEUU en Madrid, Carlton J.H. Hayes.

Otros expertos ponen en solfa el virtuosismo de Rommel, que se aprovecha de los núcleos de tungsteno (el wolframio gallego) para convertir en mantequilla los blindados de Montgomery en la campaña de África.

El 20 de agosto de 1942, el sargento australiano Vivian John Watson penetra en el espacio aéreo gallego como Perico por su casa. España es un paí­s neutral, condición que le trae sin cuidado al piloto del Avro Lancaster. Su misión es localizar, bombardear y hundir al Werra; después, ya se encargará Downing Street de cursar las explicaciones diplomáticas pertinentes ante el debilitado gobierno de Franco.

Achicados en el horizonte, dos destellos relampagueantes aparecen zumbando bajo el sol: son dos Junker 88 de la Luftwaffe. ¿De dónde proceden? ¿Del punto más meridional de la Francia ocupada, o de territorio español? ¿Tal vez del aeródromo de As Rozas?

Con el permiso de Franco, en pago a los favores recibidos en la Guerra Civil, los alemanes habían construido en el municipio lucense de Castro de Rei el aeródromo de As Rozas para dar un inmediato mantenimiento a las tres antenas Electra Sonne (112 metros de altura) de Arneiro.

Es decir, desde una humilde aldea de Galicia, el III Reich se serví­a de unas instalaciones vitales para canalizar la información de sus fuerzas navales y aéreas y cubrir un vastí­simo espacio de mil millas, desde el golfo de Vizcaya hasta las costas de Canadá.

"No las toquéis", dice José Antonio Tojo Ramallo, autor de una historia de submarinos alemanes –Lobos acosados– hundidos frente a las costas de Galicia, al poner en boca de los aliados la decisión de no sabotear el sistema Consol de Arneiro. Las antenas que montó Telefunken desataron una auténtica batalla de espionaje. Los aliados pensaron, en un primer momento, destruir esta atalaya mediante una acción aérea. Bastaba con que un Liberator o un Wellington se adentrasen en la Galicia profunda para reventarla , pero luego Londres tendría que dar explicaciones a Madrid. Mejor, una acción de comandos, un sabotaje similar a los de la Resistencia francesa.

¿Acaso no había todaví­a maquis en los montes o, como se dice en la Fundación Franco, "sedimentos del Frente Popular"? ¿Tiene verosimilitud la creencia de que Churchill planeó un desembarco en la playa de Doniños?

En esas dudas estaban los aliados, cuando la USAF y la RAF se les encendió la luz: también ellos podí­an emplear la señal que emitían las torres de Arneiro para la navegación de los submarinos de la Kriegsmarine (manada de lobos) y de los escuadrones de la Luftwaffe.

De la importancia del sistema Electra Sonne basta con decir que permití­a a sumergibles y aviones determinar su posición exacta al emitir una secuencia de puntos y rayas luego interpretados en un plano, o dicho de otro modo, las señales que emití­an las antenas se interpretaban gracias a un escáner.

Los Junker 88, surgidos del limbo, ya tienen a tiro al cuatrimotor de la RAF, empeñado en soltar sus bombas sobre la santa bárbara del Werra, a la altura de las islas Sisargas. (El 7 de junio de 1981, cuando ocho F-15 y F-16 israelí­es descargan sus bombas retardadas sobre el domo de la central atómica de Osirak, se demuestra que las técnicas de ataque aéreo no habían cambiado cuarenta años después). Uno de los Junker 88, alcanzado, se estrella en la punta de Langosteira. Pero dos motores Rolls-Royce del Avro Lancaster están ardiendo. El cuatrimotor pierde altura y V.J. Watson trata de capotar sobre un pinar de A Pontenova. Pese a que las copas de los pinos amortiguan la caí­da, el impacto con el suelo es brutal por la explosión de las cargas de profundidad.

Seis tripulantes, tres ingleses, dos canadienses y un zelandés, de entre 20 y 29 años, perecen calcinados. El sargento V.J. Watson, australiano de 29 años, muere horas después. Enterrados en el cementerio parroquial de Xornes (Ponteceso), serán inhumados al término de la II Guerra Mundial (II GM) y sepultados en el Britihs Cementery de Lujua (Bilbao).

El aeródromo de As Rozas fue base aérea hasta 1953. José Antonio Tojo tiene documentado que, al menos, un Junker 88 aterrizó en el aeropuerto de Lavacolla. Al concluir la guerra pasó a manos de la Fuerza Aérea española.

El escritor Eduardo Rolland, autor de Galicia en Guerra, asegura que "Galicia era un fervedoiro de espías, sobre todo en Vigo". José Antonio Tojo, como historiador, hace distinciones. "Los alemanes tienen su propia red de espionaje, sus operaciones secretas, su independencia, que no comparten con nadie. Franco no es pronazi, Franco es un dictador que juega a muchas bandas. Y luego está la Falange, que es pronazi. En Galicia hay una quinta columna que se afana en ayudar a los alemanes" .

Y probablemente, según las investigaciones de EL CORREO, hombres de negocios que cierran suculentos contratos a base de partidas de wolframio que habrí­an sido procesadas por algunas de las cinco entidades bancarias que operan en Santiago a lo largo de la II Guerra Mundial.

Henry Guyatt Deusto, cónsul de Inglaterra en A Coruña, pasa cada mes por Santiago –camino de Vilagarcía– con una cámara fotográfica en ristre.

Por el contrario, Alexander Brendel, "el principal agente de la Alemania nazi en Ferrol, un ingeniero que viví­a en la calle Real, 151, y que hací­a pagos a través de Banesto", y José Reboredo, consignatario de la North German Lloyd de Vigo, trabajan para los alemanes.

El "fervedoiro de espí­as, sobre todo en Vigo" es cuanto más preocupante por la cobertura que la red nazi presta a Walter Kutschmann, el carnicero de Riga, acusado de masacrar a dos mil judí­os, y que en la Ciudad Olívica vive hasta 1947 bajo el nombre falso de Pedro Ricardo Olmo.

El investigador Mariano Magnussen descubre en Argentina la treta , que no la trama, de Odessa: Pedro Ricardo Olmo responde al nombre de un religioso fallecido.

Los análisis de don Camilo Barcia Trelles, catedrático de Derecho Internacional de la Universidad de Santiago, abren las portadas de EL CORREO durante la II GM. Brillantes y concienzudos, están cortados por el patrón de la neutralidad y la no injerencia.

Pero como queda dicho "Galicia es un hervidero de espías" no sólo alemanes, sino británicos y norteamericanos. ¿Para quién y qué espían los agentes secretos españoles? Vigo procesa el flujo marítimo, Ferrol es una base naval y Fisterra, un excelente observatorio. La exportación de wolframio a través de los 55 barcos que controla Sofindus decae en cuanto Alemania ocupa Francia. A partir de entonces, el mineral gallego recorre la ruta de hierro hasta llegar a Canfranc.

José Antonio Tojo aplica la lógica más elemental: los aliados vigilan la neutralidad del Régimen; los cupos de wolframio, por ejemplo. En ese contexto, y en tanto la ordalía nazi se impone en media Europa, Franco apuesta a caballo ganador, pero en cuanto se produce la derrota de Stalingrado, da marcha atrás.

Los documentos militares de la Zona Martítima del Cantábrica despachan la explosión, hace 65 años, del polvorín de Caranza como un "accidente". Sin embargo, las investigaciones del historiador Enrique Barrera, apuntan en sentido contrario.

La explosión, el 22 de Junio de 1943, se escucha en lugares tan alejados como Monfero o Lugo. ¿Existe algún móvil para que la guerrilla o el espionaje aliado tenga interés en destruir los polvorines?.

"El espionaje inglés lo tenía. Las instalaciones militares de la Ría servían para abastecer y reparar los submarinos alemanes. Los ferrolanos recuerdan la presencia en nuestras calles de sus tripulantes y como los submarinos estaban fondeados en la Ría".

"También funcionaba una emisora militar alemana instalada en el petrolero Max Albrech, permanentemente anclado frente a la boya de la Graña donde los barcos iban a compensar agujas. También estaban fondeados el Nort Atlantic y el vapor italiano Edera, contra el que los servicios secretos frustaron un sabotaje en enero de 1943".

¿Y Salazar? ¿Tiene Portugal agentes secretos desplegados en Galicia? El informe del Departamento de Estado de EEUU, desclasificado en 1998, señala que Lisboa termina por autorizar a Londres la instalación de una base naval en las Azores, como parte de los acuerdos comerciales existentes desde antes de la II GM.

"Como Antonio de Oliveira Salazar temía una represalia de Alemania y también de España, que podía entrar en la guerra en cualquier momento, obtuvo de los aliados artillería antiaérea y aviones de combate y acordaron que si España atacaba a Portugal, inmediatamente los aliados declararían la guerra a España".

Cinco bancos en Santiago para facturar a Barcelona  wolframio a noventa días

Durante la II GM, estraperlos, fielatos y racionamientos explican las precariedades de los santiagueses. Pero es notorio que hay un fenómeno emergente: el wolframio que posibilita un mercado clandestino para beneficio de gente astuta. “Daquela habí­a tantos cartos que se ten dado o caso de prender lume aos pitillos con billetes de mil pesetas”, según testimonios recogidos por EL CORREO.

Los menos atrevidos, sin embargo, se incorporan a las peonadas de Santa Comba. No es fácil burlar la vigilancia de la Guardia Civil, pero la necesidad obliga. “A roubeta consistí­a en meter nos petos do pantalón un quilo de wólfram para vender fóra”.

Santiago es la ciudad más cercana a los cotos wolframí­feros  de Santa Comba, San Finx (Lousame) y O Fontao (Silleda) que dispone sucursales bancarias. El Banco de La Coruña, que no es otro que el Banco de Bilbao,  está en un bajo  de la calle de las Huérfanas que más tarde ocupará Chocolates Raposo. En uno de sus informes  (Archivo Histórico BBVA), se dice que “todo el mineral comprado, especialmente el wólfram, es facturado a Barcelona con un sistema de pago por letras aceptadas a 90 días, avaladas por el Banco Alemán  Trasatlántico”.

Hijos de Simeón García,  Banco Hispano Americano y Banco Pastor operan en Compostela. El Pastor, que es dueño de las minas de san Finx, lo hace a través de Hijos de Olimpio Pérez. La quinta sucursal, el Banco Español del Rí­o de la Plata, esquina plaza de la Universidad y Caldererí­a, “está dirigido por don Homobono González, padre de la familia González Carreró. Años después lo comprarí­a el Banco Central”.

 

El ‘Wilhelm’, que se llevó a Legión Cóndor de Vigo, superó tres veces al ‘Titanic’

Vigo es una ciudad portuaria de vital importancia para el III Reich. Las tripulaciones de los submarinos (U-Boots) se reponen de sus heridas y descansan en refugios de playa América. Los propios sumergibles son reparados discretamente en sus astilleros y es frecuente la salida de buques cargados de wolframio con destino a puertos alemanes. La red de espionaje o "la quinta columna" de la que habla José Antonio Tojo tiene su máxima expresión en Vigo como reflejo de la tapadera de Sofindus, una telaraña a modo de holding que el nazismo teje especialmente en Galicia por el wolframio y la información del tráfico marítimo que hay que procesar para que los U-Boots ataquen.

La Legión Cóndor juega en campo local. Entre el 23 y el 26 de mayo de 1939, reagrupa sus fuerzas en Vigo para desfilar marcialmente por García Barbón y Urzáiz y despedirse de España. Eduardo Rolland documenta que el alcalde Suárez Llanos manda "afectuosos y fraternales saludos de Vigo al Führer". Cinco grandes barcos devuelven a "los héroes" de Gernika a Hamburgo. Entre ellos, el Wilhelm Gustloff, un trasatlántico destinado a cruceros de recreo que el III Reich recicla en buque hospital. Ironías del destino: el 30 de enero de 1945, cuatro torpedos de un submarino ruso S13, diseñado en Alemania, hunden al Wilhelm en el Báltico: 9.300 muertos, tres veces más que el Titanic. Segunda ironía: Guenther Prien, el héroe de Scapa Flow que entra con el U26 en la base naval británica de las islas Forcadas para hundir al Royal-Oak –episodio mitificado por el nazismo y por el cine– había patrullado las aguas gallegas durante la Guerra Civil y ejercitado el tiro a la barraca contra naves embarrancadas.

El cónsul inglés y un hombre de negocios alemán pernoctan en el hotel Compostela

La Cámara de Comercio, de la que "era secretario el señor Fernández Codesido, ocupa el bajo de Rúa Nova, 44", pero no consta rastro documental en sus archivos que demuestre la relación con sus homónimas germanas.

Santiago dispone, asimismo, de un centro de Telégrafos y de Correos, que operan conjuntamente desde la rúa do Vilar –hoy edificio del Cine Yago– y de un empresario llamado José Parga Moure, que compra buena parte de la explotación de wolframio en Barilongo. "Este señor se dedicaba al negocio de coloniales, tenía depósitos de cerveza y las oficinas en As Barreiras. Empleó a mucha gente en las minas de Santa Comba".

Para cuando regresa la fiebre del oro –los precios del wolframio se disparan con la guerra de Corea– la venta clandestina del mineral se hace más difícil, en buena medida debido al poder omnímodo del Grupo Fierro, favorecido por las concesiones del Régimen. Parga Moure se asocia con Indefonso Fierro, dirige una naviera en Canarias, y en 1974 vende su parte al Grupo asturiano por 18 millones de pesetas.

Pero antes, mucho antes, en 1940, un joven valenciano, Desiderio Alonso Negrete, llega a Santiago para montar un laboratorio que extrae y envasa el jugo de ternera en la calle de Cardenal Payá, y se embarca en la aventura de reflotar al Compostela pagando sus deudas. Es el único inquilino del hotel Compostela, salvo cuando pernocta "el cónsul inglés en La Coruña y un hombre de negocios alemán llamado Hans". ¿Espías en Santiago, simple casualidad? ¿Traducía Otilia Ulbricht, la mujer del farmacéutico falangista de las Casas Reales, los mensajes de estos hombres de negocios?

 
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