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santiago

El Derby, algo más que el calor de un café

13.12.2009 Desde hace ocho décadas, el Derby es una parte de la mezcla indisoluble que forman las piedras y la lluvia de Compostela. Nació como un café distinto, para dar esplendor a la ciudad, albergó interminables tertulias en la preguerra y ha entrado en el siglo XXI escapando a la piqueta urbanística.

TEXTO Y FOTOS : FERNANDO FRANJO

Interior del emblemático café Derby. Su zócalo de caoba de Cuba, sus mesas y sus vidrieras forman parte de su decoración original
Interior del emblemático café Derby. Su zócalo de caoba de Cuba, sus mesas y sus vidrieras forman parte de su decoración original
Dice George Steiner que Europa es, ante todo, un gran café repleto de gentes y palabras, donde se escribe poesía, se conspira, se filosofa y se hace práctica de la civilizada tertulia. Desde Viena a Madrid, de Lisboa a Estambul o de Turín a San Petersburgo, el café, ese auténtico centro de reunión social, ha sido inseparable de las grandes empresas políticas, culturales o sociales de Occidente. De hecho, Steiner apunta con acierto que si trazamos el mapa de los cafés, tendremos ante nosotros la idea esencial de Europa. Aquí, en Santiago, a pocos metros, en 1929, un joven hostelero decidía abrir las puertas de un negocio distinto que habría de suponer una especie de vuelta de tuerca en la sociedad de la época. El Derby era una cafetería para un público distinto, para la sociedad burguesa de la ciudad, pero no tardaría en convertirse en el verdadero centro de reunión de galleguistas e intelectuales de aquella emergente sociedad del XX. Pese al paso de los años, este privilegiado emplazamiento se ha mantenido indemne y ha conseguido escapar a la codicia urbanística que en tantas ocasiones ha corroido otros tantos santuarios de la mesa, el café y la buena conversación. ¿Dónde quedamos? Pasen al interior. Les esperan.

La apertura del Derby fue una fecha señalada. Santiago había puesto fin al siglo XIX con un importante estancamiento económico y con un modelo social preindustrial.

Entre la sociedad compostelana de aquellos finales de la década del veinte se extendió la idea de que SanLuis había enloquecido, dada la elevada renta (600 pesetas al mes) que pagaba por un local a lo que había que sumar el importante coste de las obras para hacer los sótanos, para lo cual se emplearon las primeras máquinas percutoras que se recuerdan en la ciudad. Su ubicación, en lo que hoy es un punto neurálgico de Compostela, tiene poco o nada que ver con aquella época. El Derby venía a ser el límite de la ciudad, pero al mismo tiempo estaba a muy pocos metros de la zona monumental. Sólo el edificio Castromil era anterior (en la actual plaza de Galicia) y seis meses después se construiría el edificio que actualmente alberga el Hotel Compostela.

Artistas de la época trabajaron en la decoración del local. Así, Camilo Díaz Valiño pintó los zócalos de la parte superior que todavía se conservan y los accesos a los lavabos y también realizó unos tapices, actualmente desaparecidos. Otra de las novedades era el majestuoso mostrador de mármol italiano, así como el zócalo de caoba auténtica de Cuba, ambos son todavía hoy, después de ochenta años dos de los grandes orgullos del café.

Tal y como ocurría con los demás establecimientos similares de la época, (Moderno, en Pontevedra; Derby, en Vigo), estas cafeterías se abastecían de una clientela urbana burguesa: funcionarios, médicos y abogados, pero si algo caracterizó al Derby fue el asentamiento de una serie de tertulias e incluso de partidas que deben ser contempladas desde una perspectiva que sobrepasaba Compostela.

Una de las vidrieras originales, que durante la guerra llevaron el nombre de Imperial
Una de las vidrieras originales, que durante la guerra llevaron el nombre de Imperial
La apertura de un café constituía un acontecimiento de extraordinaria importancia en las diversas ciudades de Galicia, así por ejemplo, así por ejemplo destacaron el Royalty, el Roma o el Miño; en Ourense; el Méndez Núñez; en lugo y el Derby o el Español, en Lugo.

Artistas e intelectuales se reunían a diario en el Santiago de la época. En ese mismo año, Luis Seoane realizaba, por ejemplo, su primera exposición en la sala Amigos del Arte y en los albores de la década de los treinta, entre los habituales de los primeros momentos estaba Suárez Picallo, que residía muy cerca del café, en el Hotel Europa.

En esas fechas, en la ciudad convivían dos tertulias. En la primera de ellas, el Derby, concentraba a galleguistas y profesionales de origen universitario. (En 1931 se funda el Partido Galleguista) A ella acudían Valle Inclán y Maside, Rafael Dieste, Seoane y Domingo García Sabell, entre otros, tal y como recuerda un, por entonces jovencísimo, Isaac Díaz Pardo.

Por otra parte, al café Español acudían artesanos, empleados, estudiantes y artistas. Aquí se gesta la constitución de un grupo local del comité de cooperación intelectual. Uno de los escritores invitados fue Federico García Lorca. El propio Castelao participó en las tertulias de Compostela pero frecuentó más el Moderno de Pontevedra ya que ocupaba una plaza de profesor en esa ciudad.

Avelino San Luis continuó regentando la cafetería hasta las vísperas de la contienda. En 1935, pasaron a hacerse cargo del local dos de sus empleados, uno de los cuales, Manuel Domínguez, se convirtió hasta 1989, año en el que falleció, el que llevó la cafetería más emblemática de la ciudad. Casi de forma paralela, la era de las tertulias continuaría con su esplendor hasta el estallido de la Guerra Civil. Isaac Díaz Pardo, que entonces contaba con 16 años, recuerda que se prohiben las tertulias y, consiguientemente, declina la actividad del Derby.

La actual propietaria Victoria Domínguez muestra con orgullo la tarea que llevó a cabo su padre durante más de medio siglo al frente de la cafetería más antigua de Compostela. Alude a San Luis cuando dice que "Todo fue montado con un gusto exquisito y para un público caro". Pero señala que parte del secreto es "haber sabido mantenerlo".

Una de las características fundamentales de la cafetería son sus enormes ventanales por los cuales se asoma a la plaza de Galicia y a la calle Huérfanas. Son, sin duda a día de hoy, las que iluminan las mesas más codiciadas por el público y otro de los símbolos de este local emblemático de Compostela: italianas, originales de La Veneciana y que le dan una impronta especial al interior. La actual propietaria, Victoria Domínguez corroboró que por motivos de censura fue necesario cambiar el nombre original británico de Derby por el Imperial, una denominación más acorde con la nueva época. Eso ocurría en 1936 al estallar la Guerra Civil. Pero las cosas cambiarían y las vidrieras han entrado en el siglo XXI nuevamente con el nombre Derby en su inscripción. Victoria Domínguez, orgullosa dice que sólo una de ellas en la calle de las Huérfanas sufrió daños en una revuelta en la transición y no es de la estructura original.

Unas grandes lámparas acristaladas con las mesas y sillas de madera originales completan el aspecto del local. A ello hay que sumar un pequeño tipismo del local: sus perchas, cuyo diseño pertenece a alguien aparentemente desconocido, Alejandro Campos Ramírez, más conocido por Alexandre Finisterre, el inventor del futbolín. Este como tantos otros detalles, no deben pasar inadvertidos al visitante de un lugar que deja huella en una ciudad única.

Avelino San Luis convirtió una vieja taberna en un café único, punto de referencia en la ciudad

 

El fundador, Avelino San Luis
El fundador, Avelino San Luis
Cuando Avelino San Luis decide abrir las puertas del Derby en aquellos finales de la década de los XX no era nuevo en la aventura hostelera. Había empezado años antes regentando el Metro, una vieja taberna que le llevó a coger posteriormente el ya mítico café Suizo, en la rúa Nova, un local que estaba en los bajos de la Sociedad El Recreo, que luego desaparecería con la Guerra Civil. Algunas fuentes señalan que San Luis procedía del sector maderero pero, a la hora de abrir el Derby sus objetivos eran claros: este joven empresario pretendía hacer de aquella vieja taberna un café distinto, único en la ciudad. De hecho, fue el primero que puso manteles en sus mesas y en él comenzaron las primeras cafeteras Express. "Estuvo puesto con muchísimo lujo: todavía se conservan piezas de la vajilla de Manises", dice Victoria Domínguez, la actual propietaria. Y es que el Derby empezaba a ser un símbolo de la ciudad de Santiago, que hasta entonces no había visto nada parecido. Empezó a ser un punto de referencia y no tardó en tener buena fama por su su café, que llegaba de Campiñas, un importador de Vigo que proporcionaba una mezcla especial y, en seguida por las tertulias que marcaron época. Pero eso es otra historia.

La autenticidad del murmullo de una clientela del siglo XXI

En el presente continuo que afecta a todos los templos del café, es posible que el Derby, que ha conseguido entrar en el siglo XXI en esta esquina privilegiada de Compostela no cuente con la elegancia del Majestic de Oporto, con la solemnidad del Greco de Roma o del Sacher de Viena. Casi seguro que no ofrece los manjares cafeteros del Bicerin de Turín o de A Brasileira de Lisboa, pero en la crónica diaria de este local compostelano los visitantes y los autóctonos disfrutan casi por igual de su autenticidad. En cualquier caso, ha corrido mejor suerte que otros que a día de hoy figuran, por ejemplo, bajo el emblema de alguna entidad bancaria. Desde prolongado café de media mañana al chocolate de la merienda, el contínuo entrar y salir alimenta la leyenda y el murmullo de la cafetería más famosa de la ciudad. La máquina de tabaco que se ubica en el centro del local y el mostrador de los helados, una de las especialidades de la casa, le hacen perder, en cierto modo, la genuinidad que le da su decoración original. Pero la leyenda del Derby es más grande que todo eso. Podrán cambiar sus clientes pero el local continuará. Por el bien de todos.

 
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