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Marina Mayoral: "Los deseos son los que mueven la vida"

29.05.2011 Con 'Deseos' (Alfaguara), la escritora gallega destila lo mejor de su prolífica obra, con personajes magníficamente delineados

TEXTO JOSÉ MIGUEL GIRÁLDEZ

La escritora Marina Mayoral presentó esta semana en A Coruña su última novela, ‘Deseos’ (Alfaguara), una novela de personajes.
La escritora Marina Mayoral presentó esta semana en A Coruña su última novela, ‘Deseos’ (Alfaguara), una novela de personajes.
La mañana es extraordinariamente azul, casi diría que la luz daña los ojos a esta hora del mediodía. Y hace calor, mucho calor. María Arias me espera en el hall del hotel Atlántico, en A Coruña, con la escritora Marina Mayoral, pero yo me demoro con aviesa intención entre los parterres verdes de los jardines de Méndez Núñez, aprovechando el frescor que brota bajo las copas de los árboles. No hay mucha gente a esta hora, ya digo, porque el sol está instalado, casi vertical, sobre la ciudad blanca. Ya en el hotel, cerveza (para mí) y alegría (para todos).

Marina Mayoral me espera sentada en un sofá que semeja muy cómodo, está envuelta en una penumbra leve, como si el rincón invitase al estudio, o a tomar el té, pero pronto veo que permanece alerta, y se levanta cuando aún no me he acercado del todo, luego me estrecha la mano, me dedica una sonrisa, y yo me alegro, me alegro mucho de estar aquí, porque, a pesar de su larguísima carrera literaria (y de las muchas entrevistas que uno ha hecho) es la primera vez que tengo a Marina Mayoral con todo el tiempo del mundo por delante. Para preguntarle un millón de cosas. El calor aquí casi ha desaparecido. Este rincón, con su penumbra anaranjada, ayudará a hablar de tantos libros, de tantos personajes que Marina Mayoral ha creado. Y, por supuesto, está su nueva novela, Deseos. Aquí la tengo. Luego, Marina me dibujará una margarita al lado de la dedicatoria. "Esta margarita siempre dice sí", asegura. Y pinta una llovizna a su alrededor que es, tal vez, la lluvia de Galicia. Una lluvia que parece de otro tiempo. Una lluvia literaria.

La novela está llena de personajes que van y vienen por el pueblo, Brétema, el pueblo del que siempre habla Marina. Los personajes ven las mismas cosas desde diferentes perspectivas, porque Marina Mayoral emplea la técnica del ojo de cámara. Muy cinematográfica, sí, pero también un poco Henry James, yo diría. Bueno, es un ejemplo.

Doy un sorbo a la cerveza, porque María Arias aún está haciendo fotos. La novela se titula Deseos porque, por debajo de la hojarasca de la realidad (que transcurre en solo veinticuatro horas, como ocurre en Ulises, de Joyce), están los deseos y las pasiones que nos construyen. Quiero decir que los personajes se mueven empujados por esa flor de fuego que es el deseo. La novela tiene entonces esa profunda energía, que brota del pensamiento de los personajes. En ellos laten los deseos y esos deseos tejen y destejen la realidad, como si estuvieran en manos de Penélope. "Yo creo que siempre he estado en la novela de personajes. Es propia de un tipo de novelistas. Yo soy así. Es verdad que esta es una novela de muchos personajes: hay algo que sucede en un día, pero aparte está la prehistoria, el motivo, el deseo que ha movido sus vidas", cuenta Marina, aún envuelta en esta tenue luz anaranjada, distraída apenas por sombras huidizas que atraviesan el hall, casi transparentes. "Yo admiro mucho la novela del XIX, el narrador omnisciente que lo sabe todo. Pero hay que ser consecuente. No te puedes sentir como Dios y no creer en nada. Yo pienso que no hay verdades absolutas: todo está condicionado por tu historia", continúa. Marina habla con intensidad, con extraordinaria precisión, derivada, quizás, de sus muchos años de docencia. "Cada uno tenemos detrás una prehistoria. Yo narro de una manera perspectivística, porque, como digo, no creo en las verdades únicas. El autor debe escoger el punto de vista que él quiere. Creo narradores que cuentan desde fuera, como una cámara: aunque esa cámara es capaz de reproducir pensamientos. No utilizo el monólogo interior, porque me parece que hay que dedicarle muchas páginas para que funcione. Yo hago algo parecido al monólogo, pero, como dices, usando la voz desde el ‘tú’, algo que hacemos incluso en una conversación convencional", explica. "Tengo una cierta pasión por la técnica. Hay que probar. Hay historias que aparecen con su propia forma. Otras no: yo sabía que en Un árbol, un adiós, tenía que hacer un monólogo absoluto, sin interferencias. Ahora sé, por ejemplo, que tengo que construir un narrador muy frío, porque mis creencias me piden que narre de esta forma", dice Marina Mayoral, mientras el hall del hotel se queda paulatinamente vacío, envuelto en la cálida soledad naranja.

La novela está tejida con las horas del día y con los personajes. Todo ocurre en el espacio muy concreto de Brétema, con varios personajes cuyos nombres dan título a los diferentes capítulos. "La figura de Héctor Monterroso es la que todos ven pasar. Sirve para que la cámara se quede con cada uno de los que le ven venir calle abajo y cuente su historia", dice Marina Mayoral. "A mí me gustan los tornasoles del sentimiento. Esta no es una novela sentimental. No lo es. Pero hay matices, muchos matices, la novela está llena de ellos. Y, en ese sentido, puede ser que recuerde, como tú señalas, a Henry James. Los matices del sentimiento en los personajes son aquí fundamentales... Esas dos amigas de recóndita armonía... ¿son sólo amigas? ¿Hay algo más?... lo que importa es que se quieran, no cómo se quieran. La verdad es que la crítica se ha fijado muy poco en estas cosas", se lamenta la autora. "Lo que importa aquí, ya digo, es esa prehistoria de los personajes. Es cierto que estas veinticuatro horas son muy agitadas, pasan cosas, algunos tienen que tomar decisiones. Pero lo que importa es lo que está detrás de los personajes, su historia anterior", subraya. Le hablo de muchas más cosas. Le hablo de Pardo Bazán, a la que tanto ha estudiado (ella no se levanta, en cambio, a las seis de la mañana para escribir...). Le digo si habrá algo de Pardo Bazán también aquí. Y parece tenerlo muy claro: "Yo soy heredera de una línea. Hago innovaciones técnicas, pero no soy de los del grupo Nocilla... que lo leo, lo leo con gusto, pero yo hago otra cosa. Y me siento muy satisfecha de ello. En cuanto a los personajes, seguro que todo lo que una ha estudiado y trabajado tiene su influencia. Hay familias ancladas... Monterroso es un aristócrata y un cacique... pero, ¿verdad que parece un personaje de Valle-Inclán?". Ella es heredera de todo eso. Y gran parte de eso es galaico. Al final hablamos del escenario que nos construye. "Galicia está en mi obra, claro, aunque Brétema podría estar en cualquier parte... Incluso en la ciudad. La ciudad es, al final, una suma de barrios... te cuentan chismes como en un pueblo. Pero Galicia está, claro. Mi padre era castellano. Sin embargo se enamoró locamente de mi madre y vivió aquí. Murió sin haber entendido el carácter gallego", dice. "Nunca lo entendió". Para despedirnos, me dice aún más: "el deseo es lo que mueve la vida. Sin deseos no somos nada". Abro la puerta. La penumbra naranja, casi sólida, se hace pedazos al impactar en ella una bomba de luz. El día está, definitivamente, entregado al sol y al azul.

 
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