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SAN FRANCISCO, 800 AÑOS DESPUÉS

La iglesia de San Francisco es un ilustre panteón de Pontevedra

Fachada principal de la iglesia y del antiguo convento de San Francisco, en la ciudad del Lérez - FOTO: José Manuel García Iglesias
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Fachada principal de la iglesia y del antiguo convento de San Francisco, en la ciudad del Lérez - FOTO: José Manuel García Iglesias

JOSÉ MANUEL GARCÍA IGLESIAS  | 14.12.2014 
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El convento franciscano se ubica en un altozano,  en tierras vinculadas con los Sotomayor, ocupando un espacio inicialmente fuera de murallas.  Tras una ampliación del recinto amurallado un nuevo perímetro discurriría próximo al lugar en que se había levantado la cabecera de su iglesia. Hoy, forma parte de un  conjunto urbano que se abre hacia la denominada Plaza da Ferrería, una de las estampas más características de Pontevedra. Su fundación  se suele fijar entre 1223 y 1229, aún cuando no se encuentra, hasta 1274,  referencia documental alguna.  Sin embargo el año 1229, citado por Fr. Jacobo de Castro, parece el más probable,  a la hora de fijar un momento primero.

La iglesia presenta una planta de cruz latina, con una nave muy desarrollada y tres ábsides, en su cabecera, comunicados entre sí; el central es heptagonal y los laterales, pentagonales; hay un ábside más, en el crucero, enfrente del que se corresponde con el lado de la epístola;  todas estas capillas están cubiertas por bóvedas nervadas.

En su forma actual  el templo se inicia por la cabecera hacia 1310, desarrollándose la construcción en las siguientes décadas. Ya hacia los pies de la nave se encaja, en su lado de la epístola, una primera capilla, dedicada a Santa Lucia, que debe de corresponder, en la arcada que le da ingreso,  a finales del siglo XIII, lo que nos remite a la existencia de una iglesia anterior a la actual de la que, también,  debía de formar parte algo de la portada. La construcción de esta capilla de Santa Lucia, en lo demás,  ha de datarse en el último cuarto del siglo XIV.  En tanto la  contrábsidal,  del lado de la epístola, ha de entenderse como un añadido que nos remite al siglo XV.

Por lo que se refiere a la capilla que se abre en la nave, en el lado de la epístola, próxima al crucero, ha sido fundada por 1590 y se dedica al culto de la Anunciación; se cubre con bóveda de crucería estrellada, con cinco claves En la central puede verse un escudo que aúna las armas de los  Gago y los Agulla; se disponen aquí cinco espacios: uno,  para los Agulla; otro,  de los Figueroa;  y tres,  de los Gago. Anteriormente, en este mismo lugar, hubo otra capilla, vinculada a los Gago, que recibió las advocaciones de Nuestra Señora de la Concepción y de Santa Catalina.

Por 1677 se construirá la capilla,  a relacionar con  la Congregación de la Concepción y Misericordia, que se dispone entre la de la Inmaculada y la de Santa Lucia, con la que se enlaza  y que se va a conocer como de la Concepción y de la  Misericordia. De este modo esta Congregación  asume, cual si fuese una capilla aislada, con nave propia, un buen tramo de la longitud del templo, paralela a la nave, en el lado de la espístola; será éste, por su ubicación y forma, el espacio idóneo para que la Venerable Orden Tercera lo haga suyo a la vuelta de los franciscanos, en 1909 ya que inicialmente, contaban con capilla propia, demolida por 1855;  contaba con nave rectangular, dispuesta con orientación norte-sur y formando un ángulo recto con la fachada principal de la iglesia;  tenía una acceso propio, también,  ante la puerta del templo de de los frailes menores; esta obra ha de ser la fundada, en el siglo XVIII por los señores de la Fuente, que eran terciarios.

En el centro del crucero, ante el presbiterio, en el lado de la epístola,  puede verse el sepulcro de Paio Gómez de Chariño (c. 1225-1295), reconocido como el personaje que corrió con los gastos de puesta en marcha de esta construcción gótica. En este noble se sumaron su arrojo en la  milicia y su quehacer como trovador. Entre sus reconocimientos se encuentran el haber sido V Almirante Mayor de la Mar y I Adelantado de Galicia. Participó en la conquista de Sevilla (1248) y, tras ser asesinado, en Ciudad Rodrigo, trajeron su cuerpo a Pontevedra para ser enterrado en este templo.

Ha de ser a principios del siglo XIV cuando se acomete la obra de su túmulo,  que ha sido ligado a un artífice foráneo, procedente de los talleres de la Tierra de Campos.  Quien viste como caballero armado reposa su cabeza, inclinada y orientada hacia el altar mayor. En su tumba se dice lo siguiente: AQUÍ: IAZE: EL MUI NOBLE: CABALLERO: PAYO/ CUOMEZ: CHARINO: EL PRIMEIRO; SEÑOR; DE RRIAJO:/ QUE GUANO; A SEVILLA SIENDO: DE MOROS: Y LOS: / PREVILEIOS: DESTA VILLA: AÑO DE i…. Esta obra fue renovada en el siglo XVI.

Adosada a la tumba de este noble, guerrero y poeta, se encuentra otra que se corresponde con una mujer que, en la formulación original de este monumento, fue Doña María Giráldez Maldonado, su esposa; estamos, en este caso, ante un túmulo más corto, mas bajo y más ancho que el que tiene al lado. Hay, además, un cambio de estilo que se justifica  según lo que se documenta al respecto: “… hacia el año 1716 se retiró la estatua de Dª María Maldonado, mujer de D. Payo Gómez Charino, para sepultar en aquella caja a Dª Baltasara Clara de Sotomayor, colocándose la estatua que hoy se contempla junto  a la del repetido D. Payo…”.

En cualquier caso las diferencias entre ambos túmulos, destacando al noble guerrero trovador por la posición que ocupa, se explica, en cierto modo,  en el espacio que ambas tienen. Por una parte, adaptando la femenina, con su medida, al acortarla,  teniendo en cuenta lo que sobresale la arquitectura ante ella,  de tal modo que, ambas, están alineadas por la parte correspondiente a sus respectivas cabezas. El que se haga más baja puede ser una cuestión que tenga que ver  bien con la mutación que se hace del sepulcro en el siglo XVIII, bien con que se le quiera otorgar una inferior categoría, resaltándose así, también,  la imagen del caballero. Por otra parte quien parece estar aquí representada no es la primera destinataria de esta tumba sino Baltasara Clara de Sotomayor,  que debía ser terciaria franciscana, según cabe deducir de que, sobre sus vestiduras,  puede verse el cordón anudado propio de la orden.

Cuando se dispone, en el lado del evangelio, un nuevo monumento funerario,  dedicado a otro matrimonio y en un lugar semejante,  el punto de partida se encuentra en el conjunto anteriormente citado. Se ha datado, por razones estilísticas, como obra de finales del siglo XV. Aquí las dos figuras son de un mismo momento y autor. Por la heráldica que las acompaña se ha vinculado al linaje de los Crú,  relacionándose el bulto funerario del personaje masculino con Pedro Crú –se presenta con armadura-. Tal identificación parece acertada si nos atenemos a la documentación del marques de Santa María del Villar, en la que se dice:  “… en la sepultura de la Capilla Mayor de San Francisco de Pontevedra está enterrado Pedró Crúm, cuya sepultura tiene un rótulo que dice: AQUÍ IAZE PEDRO CRUN CABALEIRO, también conocido como “el del milagro” – ya que, por intercesión de San Francisco, se curó de una herida de guerra-, “o el de Antequeira”, apelativo a relacionar con su presencia en la conquista de esta plaza del reino de Granada, en 1418, al luchar bajo las órdenes del príncipe don Fernando. Por lo que se refiere al bulto femenino, con las manos en posición orante, ha de entenderse como el de su esposa.

Cronológicamente, sin embargo, este conjunto funerario se corresponde a un tiempo posterior al vivido por Pedro Crú quien es, en su contexto familiar, el personaje más representativo; quizás sea encargado por Gómez Crú de Montenegro; lo que parece confirmar el repertorio de blasones que este monumento funerario presenta: Aldao, Crú, Figueroa Montenegro y Sarmiento.

En el contexto de un templo en el que la idea de lo funerario tiene una especial presencia ha de entenderse como, a la entrada del mismo, en el lado de la epístola,  se representa, en una pintura mural,  hacia 1500,  la misa de San Gregorio, a relacionar con la importancia que se le otorga a la “Hora mortis”.

A San Gregorio se le reconoce como redentor de las almas condenadas y, también,  personifica la idea de la eficacia de las misas a ofrecer como sufragio de los difuntos. Además, en su modo de ser representado este tema, enlaza con la presencia del Varón de Dolores y los instrumentos de la  Pasión. En este caso la representación de la misa, en la parte derecha del espacio marcado por la arcada que la encuadra, se complementa, al otro lado, posiblemente, con la liberación de  las almas del purgatorio que, aquí, son elevadas por los ángeles, según cabe deducir de la parcial visión de parte del mural descubierto.

Las sepulturas tenían una abundante presencia en la imagen medieval de este templo, tanto en el suelo como bajo  arcosolios repartidos por sus  paredes. Fue debajo del púlpito del lado del evangelio en donde estuvo sepultado, inicialmente,  fray Juan de Navarrete (1488-1528), reconocido como el “Padre Santo”, quien vivió en este convento. En Pontevedra,  en el año 1520, ante una epidemia,  dijo en el púlpito de la parroquial de San Bartolomé: “de parte de Dios yo os prometo que cesará esta epidemia si se constituye en esta villa una cofradía en memoria de la Pasión de Nuestro Redentor”. Y, tras cumplirse propuesto,  Pontevedra se vio libre de la peste. Además,  Fr. Francisco Blanco, tras dormir sobre su tumba nueve noches seguidas,  se curó, también, milagrosamente.

Hoy su sepulcro ocupa un arcosolio en la nave, en el lado de epístola. Tiene, en su frente, una inscripción que dice: S. JOAN DE NAVARRETE/ NANTES MORTUUS AN. 1528./ HAC IN ECLESIA SEPULTUS EST./ HUJUS RELIQUIAE HIC CONDITAE SUNT. Tal era su culto que, según parece, “…ya en 1730 tenía dedicados dos altarcitos con su correspondiente imagen en cada uno de ellos”; es en donde hoy está su tumba el lugar del primer altar  en el que se le rindió culto y, en relación con él, ya hay fundaciones de misas documentadas en el siglo XVII.

También en la nave, en este caso en el lado del evangelio, existe un arcosolio que se reconoce como sepulcro de Sancho Gago, enterrado aquí por 1530. En este caso lo que puede verse, en la pared delimitada por el arcosolio,  es un escudo pintado, partido, con cuatro cuarteles en los que, únicamente, se han podido identificar, dado el deterioro, los dos superiores que parecen asumir los blasones de los Gago y los Agulla.

Será, también,  en el siglo XVI,  cuando se incluya, en su capilla mayor,  en el muro del lado de la epístola, un escudo significativo del patronato de los Mariño de Lobeira, a  relacionar con este espacio concreto. Es sabido que fue Pedro Álvarez Mariño de Valladares, nacido hacia 1559,  su primer patrono; en su escudo -que tiene, como es común en su caso, a la sirena como tenante- se muestran los blasones de los Mariño y Lobeira, en el escusón;  y, en los cuarteles, los de los Valladares, Aldao y Moscoso
Entre los altares con que contó en el siglo XVI, uno de ellos era el de la Visitación o de Santa Isabel,  que se hallaba en el crucero, en el lado del evangelio. Según una inscripción que estaba pintada en el frente del altar era “PROPIEDAD DEL SEÑOR DE LAS CASAS DE GONDAR Y DEL BAO”; la unión de ambas se constituyó en el XVI y se ha  de relacionar, en este caso, con Juan de Soto, regidor de Pontevedra hacia el año 1586, en el que hace testamento. En la capilla absidal del lado del evangelio se conserva, actualmente,  un relieve, que nos muestra la escena de la Visitación, que puede ser la que presidía el retablo correspondiente y que estaba coronado, precisamente, por el escudo del citado Juan de Soto.

El arco de ingreso a la  capilla de la Anunciación se remata con un tímpano triangular centrado por una representación del Padre Eterno. Estamos ante una arquitectura que remite a formas clasicistas, propias de una traza de Mateo López que va a ser concretada por el cantero Pedro González, vecino de Redondela. A los lados del arco, en tanto, pueden verse dos medallones. En el de la derecha  se muestra un busto masculino que  porta,   entre sus manos, una forma cuadrada que bien puede aludir a las dos tablas de la Ley;  de ser así, estamos ante una representación de Moisés. Al otro lado, ocupando una posición similar, otra figura, parecida, mantiene con sus manos una corona.  ¿Estará aquí representado David? Quizás haga la imagen referencia a lo que se dice en el texto bíblico -I Paralipómenos. 20, 2-: “Quitó la corona de Milcom de sobre su cabeza, que pesaba un talento de oro. Tenía una piedra preciosa, y fue puesta en la cabeza de David, que tomó de la ciudad muy gran botín”- .

Tanto uno como otro personaje del Antiguo Testamento prefiguran,  de algún modo,  a María. Moisés fue, también, y sobre todo, intercesor de su pueblo. Y a la Virgen, en sus letanías, se la considera Torre de David.  Estamos, en todo caso, ante un programa iconográfico  incompleto ya que , aún a principios del siglo XIX,  se presentaban las figuras del la Virgen y del Arcángel San Gabriel, a los lados de esta portada, configurando, de este modo, el tema de la Anunciación, asunto que se relaciona, tantas veces, con el culto funerario, algo que se atisba, también, en lo que se dice, en un epígrafe, en un lateral de este arco de ingreso: DIMITE ME DOMINE/ UT PLANGAM PAU/LULUM PECCATUN/ MEUM ANTEQUAM VAA/DAAM, inspirado en el libro de Job, 10, 20-21.

Ya en el interior de la capilla puede verse, en la pared frontera al altar,  un escudo alusivo a su fundador, Antonio García de Rajoo, quien toma la decisión de llevar adelante esta iniciativa,  según consta en su testamento, en 1587,  en donde hace mención a “… que en ella se entierren sus huesos, los de su hermana Petrona García y sus hijos, y los de Cathalina Alonso, mujer del testador, junto con los de sus padres…”. Se juntan, en esta muestra heráldica,  las armas de los García Rajoo, con su lema IN VERITATE, y las de los Sotomayor. También puede verse aquí un epígrafe que dice: ANTONIO GARCÍA DE RAJOO/ FUNDO I DOTO ESTA CAPILLA/ CON OBLIGACIÓN DE TRES MISAS/ EN CADA SEMANA AÑO 1590.

Aún  siendo así, estamos ante un espacio que comparten, desde su construcción,  dos familias: la del propio Antonio García  de Rajoo y la de Domingo Gago. Quizás esto se signifique en que, en las cuatro ménsulas desde las que arranca el abovedamientos, pueden verse otras tantos bustos: dos masculinos y dos femeninos, con los que se puede aludir a esas dos familias propietarias que se enlazan, en definitiva, en el escudo de la clave central, ya citado – con los blasones de los Gago y los Agulla-,  y al que se alude, específicamente, en el contrato de construcción. Es más,  se habla aquí de dos iguales: “ …lo que muestra la dicha traça y el escudo grande será con las armas que le fueren señaladas y conforme a la muestra que le fuere dada y de la mesma manera otro escudo en la clabe mayor”.   Hay que tener en cuenta que, cuando se hace este contrato,  García de Rajoo ya había muerto y, también,  que Domingo Gago fallecería antes del 5 de octubre de 1589; así,  será el licenciado Antonio Gago de Figueroa, “rretor del colegio de Cuenca de la Universidad de Salamanca”,  quien,   cumpliendo el testamento de García de Rajoo, contrate la obra siendo, por ello, él quien tome las decisiones pertinentes en cuestiones tales como el  formato del escudo a presentar.
Con el paso del tiempo esta capilla tendría otros dueños que irían,  también,  recibiendo aquí enterramiento. De este modok,  en la pared del lado de la epístola- enfrente pues del arco de ingreso-,  se reúnen los huesos de un matrimonio: doña Mariana de Mendoza y Sotomayor y  don Antonio Gago Figueroa. Un escudo cuartelado nos muestra,  en el centro del frente de este monumento funerario,  los blasones de los Montenegro, Mendoza, Sotomayor y Figueroa, ilustrativos de tales personajes. A un lado dice: AQUÍ IACE/ LA Sª DOÑA/ MARIANA/ DE MENDO-/ZA I SOTO-/ MAIOR I/ 16 ¿47? (parece ser que murió hacia 1675).Y, al otro: DON AN-/TONIO/ GAGO/ DE FIGUE-/ROA. AÑO/ 1668.

La existencia, al lado de este enterramiento,  de un escudo similar al de la clave, lleva a pensar si sería éste, en principio, el previsto para estar “sobre el arco grande”, ya anteriormente citado. Este conjunto funerario bien pudo ser hecho por Antonio Gago de Mendoza Montenegro y Sotomayor, casado con Juana de Oca Sarmiento y Ordóñez, heredero de este patronato, vinculado a la casa solar y mayorazgo de los Gago. También ambos se entierran aquí, disponiéndose frente al altar y bajo el escudo y epígrafe  de García de Rajoo. Los dos bultos orantes del matrimonio se identifican al ser acompañados de dos diferenciados epígrafes que, también, forman pareja. En uno se dice: AQUÍ IASEN LA SSª Dª JUANA/ OCA ORDOÑES I SARMIENTO. AÑO DE 1684… Y en el otro:  / I. D. ANTONIO GAGO DE MENDOZA SOTO-/ MAIOR I MONTENEGRO. AÑO DE

En el crucero, en el lado del evangelio, y hacia su pared norte, se constituyó una capilla dedicada a San Diego de Alcalá de la que   existen significativos testimonios.  Hacia la esquina  septentrional de esta pared se conserva una tumba con un escudo sobre el que se dice ES DE ANTº DE NO/BOA, acompañando a un blasón relativo a ese apellido.  Y,  encima, un escudo cuartelado con  los siguientes blasones: Noboa, Castro, Pereira y Abreu; han de corresponderse con el personaje y su mujer:  Antonio de Noboa y Mariana de Castro y Abreu, así como un epígrafe que dice ESTA CA…, alusivo a la fundación de la capilla en cuestión. 

Hay que decir que Antonio de Noboa era familiar del Santo Oficio de la Inquisición y que, en su testamento,  señala su intención de ser enterrado en esta villa, “… en la sepultura que esta señalada de mi nombre. Y si yo Hiciere la capilla que pienso Hacer en el dicho Convento y señalare otra sepultura se enterrará en ella mi cuerpo”.  Y, en relación con la capilla a realizar, afirma lo siguiente: “… tengo devoción de hacer un arco  en el convento de Sant Francisco desta villa en la parte donde está el señor Sant Diego y de poner un santo de bulto de la imagen de San Diego donde está el santo al presente…”.

Debe de tenerse en cuenta, además, que Antonio de Noboa murió sin descendencia por lo que, en su testamento, se dispone “… que suceda en todos mis vienes la dicha mi mujer y señora Mariana de Castro...”. Con la esposa de Antonio de Noboa, Mariana de Castro y Abreu, se casó Juan de Feijóo y Sotomayor. Tras la muerte de esta mujer, de la que no tiene hijos, él será su heredero y tiene, por lo tanto, el derecho de enterramiento en este lugar. Su tumba se presenta bajo un arco que ampara la figura orante de tal personaje y que nos muestra, encima, su escudo. En el frente de su sepulcro hay una inscripción: EN ESTE SEPULCRO HIACE EL MAESTRE/ DE CAMPO D. JUAN FEIJOO DE SOTOMAYOR/  CAVALLERO PROFESO DE LA HORDEN/ DE SANTIAGO, GOBERNADOR DE LA PLA/ÇA REAL DE VAIONA EL QUAL HAVIENDO/ SUCEDIDO EN ESTA CAPILLA IÇO ESTA/ OBRA I RETABLO I LO CIRCUMBALO I / CERO DANDO SATISFACCIÓN DEL TERRE-/NO Y SEPOLTURA AL SANTO CONVENTO/ I DOTO  DOS MISAS SEMANARIAS PER/PETUAS, RUEGUEN A DIOS POR EL. ANO / DE 1673/ I SUS HEREDEROS.

El escudo que se muestra presenta, únicamente, el blasón de los Feijoo, con una cruz de la Orden de Santiago acolada, dado su ingreso en la misma en 1646. El largo epígrafe, en tanto,  da cuenta de la dimensión de lo obrado. Tanto es así que ha de relacionarse con este enterramiento la construcción de la arquitectura que enmarca el lugar del retablo, con formas aún clasicistas que parecen evocar el arte de Melchor de Velasco, fallecido en 1669.

Por lo que se refiere a la forma en que se presenta - con sus manos juntas y la cabeza erguida, así como con el hábito de la Orden de Santiago-, sigue formas similares a las que pueden verse, por estos mismos años,  en las relativos al arzobispo Carrillo, en la catedral de Santiago; al obispo de Quito, en la Colegiata de Padrón; al obispo Mateo Segade, en la capilla de la Obra Pía de San Antonio, de Melide…

Feijóo no se morirá hasta 1676. Sin embargo la obra en cuestión ya figura como concluida en 1673; estaba casado entonces, en terceras nupcias, y desde 1665, con doña María de Sequeiros. Cuando se muere, en Bayona, lo amortajarán con el habito franciscano y, después, fue “… armado como caballero de su orden”. Tras las honras fúnebres, en las que también participarán los franciscanos de Monterreal, será trasladado en barco hasta Pontevedra, “… al convento de San Francisco Della, donde se mandó enterrar en su nicho y capilla de la Adbocación del glorioso San Diego, que para este efecto fue edificada en dicho convento”.

La  Capilla del Buen Suceso, en la parte inicial de la nave, en el lado de la epístola, fue fundada en 1670 por D. Miguel Enríquez Flórez, Dª Gerónima de Vargas, su esposa, y el hijo de ambos, el sacerdote D. Antonio Enríquez de Vargas. En la escritura fundación se dice que “… se ha de hacer y edificar la dicha Capilla, de un nicho en la misma pared con todas las sepulturas que estuvieren y cayeren dentro Della y con las de la ilera de la parte de afuera; que quedan declarados Patronos los tres Fundadores….”. En función de tal espacio se haría, para incluir en el mismo, un retablo con columnas salomónicas.  También se dice, en la mencionada escritura fundacional, “… que pueden tener letreros y armas sin impedimento alguno”. En relación con ello ha de entenderse el escudo  existente en el sepulcro que se dispone al lado de la capilla en cuestión; lo que supone que, también, este espacio le correspondía a esta fundación; se trata de un escudo partido, timbrado por yelmo, que presenta los blasones de los Enríquez y los Vargas.

Al lado de este espacio, a relacionar con los Enríquez y Vargas, se ubica otra  capilla que, en este caso, sobresale, en el ancho de la nave, y presenta, a un lado, una figura orante;  se trata de Juan del Castillo, quien, tras morir en el año 1681, ha de tener, también aquí, su tumba. En una parte de la cornisa del frontón partido que remata la capilla dice: EL MAESTRE DE CAMPO GENERAL DE ESTE/ REINO D. JUAN DEL CASTILLO DEL CONSEJO DE / GUERRA DE SU MAJESTAD MANDO HACER/ ESTA OBRA/ AÑO 1682. En su  testamento, quien tiene entre sus títulos los de Maestre de Campo,  General del Consejo de S. M., y Gobernador de las Armas de las Fronteras y Puertos Marítimos del Reino de Galicia, dispone ser enterrado en esta iglesia, en un sepulcro a  adquirir y dotar, y  sin que otra persona pueda enterrarse en él.

Se ha relacionado, con razón, la ejecución de esta obra, con el propio Domingo de Andrade, por el léxico ornamental que le acompaña, fundamentalmente. Tanto el retablo como las pinturas murales que completan este conjunto se corresponden con el tiempo de la arquitectura. El retablo  se estructura con columnas salomónicas con dos hornacinas en la parte central. Originariamente hay que imaginar una imagen de San Juan Bautista presidiendo el conjunto – es él quien da nombre a la capilla fundada y, también, a su patrono- , y, en la parte más alta,  a una representación mariana; desde ese contexto se entienden los textos que aparecen en la pintura del pronunciado arco que lo ampara todo y en donde se dice: TOTA PULCHRA EST (sic) MARIA/ ET MACULA ORIGINALIS NON EST IN TE/ INTER NATOS MULIERUM NON / SURREXIT MAIOR JOANNE BAPTISTA, texto a vincular, pues, a la devoción de la Inmaculada. 

Cabe relacionar la presencia, en este caso, de tal culto mariano con la exposición que hacen, al levantarse esta obra, los patronos del arcosolio que delimita, hacia el occidente, el espacio de esta capilla. Éstos  muestran su oposición  señalando que, en tal lugar, y en relación con su familia, había una capilla dedicada “…a Nuestra Señora de la Concepción… y antes de él sus antepasados, hacía y celebraban la fiesta de Nuestra Señora y otras funciones como Patronos de dicha Capilla….”. La incorporación de la imagen de tal devoción en este nuevo espacio, así como las cartelas que subrayan su culto, en pintadas cartelas y en lo más alto,  bien puede significar la plasmación de un acuerdo entre ambas partes.

En este caso para la  figura orante del patrono se crea, también, un espacio, propio, encuadrado por un arco y mirando al altar. En relación con él cabe aludir a textos pintados. Sobre su imagen puede leerse EGREGIUS BELLO VIRTUTE OPE/ MAXIMUS UNUS/ NOBILE CASTELUM FECIT SIBI/ MAUSOLEUM/ … Y, en otro, se dice: ET HIS JACET SEPULTUS/ EL CAPITAN DON DIEGO GALLO/ HIZO HAZER ESTA OBRA A FIN/  DE SOLICITAR DE LA PIEDAD/ CRISTIANA ALGUNA RECOMENDACIÓN/ A DIOS AL CABO DE SUS DÍAS/

La imagen, en lo general, no es distante ni a la de Juan Feijóo ni a la de Antonio Gago, anteriormente citadas. Sin embargo, por el sentido más naturalista con el que aquí se trata su rostro parece indicar un artífice de más calidad. ¿Se corresponderá con el entorno de Domingo de Andrade y habrá que pensar,  tanto para esta figura como para la decoración del arco,  en un autor proveniente de Compostela? Quizás en quienes colaboran con Andrade en la torre del Reloj de la catedral compostelana encontremos, a nivel de hipótesis, una respuesta. Puede ser un maestro  como Francisco de Brouces, entallador flamenco, que trabaja en Santiago por estos años,  a quien se responsabilice  de tal quehacer.

Se han de tener en cuenta, por lo demás, quienes son los testamentarios de D. Juan del Castillo: el capitán D. Diego Gallo (que se cita en una de las cartelas), el comisario de guerra D. Francisco de Herrera,  y el canónigo de Santiago, D. Márquez de Sanmartín;  bien  pudo ser éste último quien relacionó con Domingo de Andrade y su entorno la concreción de esta obra

Volviendo al crucero -en este caso, en su lado de la epístola-  cabe citar la fundación de la capilla o altar de los Santos Reyes Magos, llevada a cabo por Baltasara Clara de Sotomayor y Silva Sequeiros, viuda de D. Gaspar Camba Ozores, por escritura de 1712. Debió de ocupar la parte central de la pared meridional y allí se levantaría un retablo al que debe de corresponder la escena que nos muestra, precisamente, el tema de la Epifania, hoy en la capilla absidal del lado de la epístola.

Tanto  era el interés por enterrarse en el sagrado suelo franciscano que, también aquí, hubo de llevarse a otros espacios del convento la ubicación de sepulcros; en concreto,  a la Capilla del Capítulo, localizada en un ala del claustro inmediato al templo, y que, además de cumplir su función capitular, albergó el culto de la Vera Cruz y de la Misericordia,  antes de tener espacio propio en el templo. En este caso se encuentran aquí dos arcosolios, ambos a relacionar con los Zárate, cuyo blasón se encuentra en los respectivos escudos. Uno le corresponde a D. Pedro de Castro y Aldao, “señor del solar de Aldao” (1659); y el otro, a Julián Ortiz de Zárate y su  mujer, Antonia de Castro Aldao (1680). Es originariamente, Gabriel Ortiz  de Zárate, padre de Julián,  quien recibió de sus antepasados, a finales del XVI,  la herencia del patronato de esta capilla.

Tras la exclaustración, en 1835, será la Venerable Orden Tercera quien mantenga, fundamentalmente,  abierta al culto esta iglesia ante la que se levantará la escalinata, que da acceso a la misma,  en 1853.  Volverá a pasar a manos de la provincia franciscana, como se ha dicho anteriormente, en 1909; previamente, en 1896, había sido declarada monumento nacional.

Será Arturo Calvo Tomelen quien, en torno, a 1900,  realice una serie de obras que atañen, básicamente,  a la cabecera, en la que fueron importantes los trabajos de descubrir los ventanales del ábside, incluido el rosetón del crucero. Será Juan Argenti y Navajas, ya por 1921, quien continua las obras de restauración; además del cambio de cubiertas, se suprimen cales así como los arcos que soportaban el coro alto, que son sustituidos por vigas con refuerzos metálicos. Es ahora cuando se cambia, también, la ventana que le daba luz a la fachada principal por un rosetón. Los canteros que lo llevaron a cabo – formados por un maestro de Xeve- partieron de un  dibujo realizado a partir de los restos que se conservaban de un rosetón anterior,  de menor tamaño y previo a la ventana a la que sustituye éste nuevo. En 1964 se data un proyecto de Pons Sorolla alusivo a la consolidación del crucero y ya, tras el incendio de 1995, será Celestino García Braña quien acometa la última labor restauradora importante y que, entre otras cuestiones, afecta, básicamente, a las cubiertas del templo.

Así pues, va a ser, en todo este nuevo tiempo,  que se corresponde con las diferentes etapas restauradoras,  cuando se va configurando el repertorio devocional que hoy presenta. En primer lugar han de citarse las vidrieras. En la capilla mayor los temas que se muestran son, en el centro: Ecce Homo, Dolorosa. A su derecha,  San Mateo, San Juan;  San Pedro,  San Francisco. Y,  a la izquierda, San Antonio de Padua, San Pablo; San Marcos, San Lucas. De este modo a los temas de Cristo y Maria, que lo centran todo, le siguen, a sus lados, dos santos de la Orden, Francisco y Antonio de Padua. Y, a continuación, los apóstoles, Pedro y Pablo, para disponer a los extremos, en cada lado, dos a dos, a los cuatro  evangelistas. Un programa, pues, hondamente franciscano, concretado, seguramente, con la vuelta de los frailes a este lugar.

Otro conjunto de vidrieras, a reseñar, es el que se dispone en las capillas de la Concepción y de Santa Lucía. En el espacio estrictamente propio de la primera, los temas considerados son los del Sagrado Corazón de Jesús y el Sagrado Corazón de María, cada uno en un vitral;  en tanto que es el del Padre Eterno el que se ve en la parte de la antigua capilla de Santa Lucía; también han de relacionarse con la presencia de la Orden Tercera, ahora, en este lugar.

En lo escultórico,  si una imagen de San Francisco es la que se presenta en la capilla mayor, es una del Sagrado Corazón de Jesús la que preside la capilla absidal del lado del evangelio;  y una de la Inmaculada, la de la parte de la epístola. Estamos ante una imaginería del siglo XX, como lo es, también, de entonces,  el San Antonio que ocupa el altar que antes correspondió a San Diego de Alcalá;  o la Virgen del Pilar, ubicada en esta misma parte. Y lo mismo sucede enfrente, en donde está una devoción tan propia del XX, la de la Virgen de Lourdes; y en este lugar estuvo, anteriormente, la capilla del Espíritu Santo,   que sucedió, en este mismo sitio, a la capilla de los Santos Reyes Magos.

Allí en donde se encuentra la tumba de San Juan de Navarrete podemos ver, sobre la misma, su imagen: un franciscano en un púlpito; esta antigua devoción, propia de este lugar, ha dejado a San Benito de Palermo el centro del espacio en el que se integra. Ambas esculturas son de calidad. La tercera aquí presente nos muestra a San Benito, con mucho culto en estas tierras del Lérez.

Se denomina,  ahora, capilla de los Dolores  a la  que fue denominada de la Anunciación, originariamente. Se encuentran aquí las imágenes del Crucificado, el Cristo yacente y  la Dolorosa.  Se relacionar esta Virgen de los Dolores, en lo que a su faz se refiere, con Dolores Montero-Ríos Villegas, fallecida en 1896; pues bien, al encargarse esta imagen  - que es también, paso procesional- se le solicitó al escultor Francisco Vidal Castro, en 1897, que se la tomase como modelo. También por entonces, doña Avelina Villegas, esposa de don Eugenio Montero Ríos, constituirá, en esta iglesia, la Congregación de la Virgen de los Dolores.  El  Cristo Yacente, en tanto,  es obra de 1915; se debe al escultor  catalán. Joan Carrera i Dellunder (1890-1952) y sale como paso procesional del Santo Entierro cada Viernes Santo.

El espacio de la capilla de la Concepción está presidido por un retablo actual que muestra como devoción principal la del Cristo atado a la columna – conocido como el paso de la Flagelación-, obra realizada en 1929 por Enrique Carballido. Tras su figura, en un plano superior y más atrasado, se muestran tres santos: Francisco, en el centro; Isabel de Hungría, a su derecha;  y Luis rey de Francia, a la izquierda.  Es indudable la relación de este conjunto con la Venerable Orden Tercera ya que se presentan, aquí, a sus patronos. En una urna, bajo el altar, se presenta al Niño Jesús adorado por los ángeles. La relación de la Orden Tercera con el culto al Ecce Homo se visibiliza ya por 1728; entonces su imagen salía como paso en la procesión del Domingo de Ramos.

También todos los cultos a los que se hace referencia en este conjunto, formado por las capillas de la Concepción y de Santa Lucía, se entienden desde la espiritualidad propia de la Orden Tercera, en particular y, por supuesto, del franciscanismo,  en general. Así están aquí un Niño Jesús, de vestir, con la cruz; San Antonio, San Blas. Y también, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro,  atendiendo a la forma de  su icono guardado en la iglesia de San Alfonso del Esquilino, en Roma. Y San Francisco Blanco, en el momento de su martirio, en Japón, en una representación en la que se incide en la muerte de varios franciscanos; no hay que olvidar, en este sentido, que este santo, gallego, estuvo en este convento de Pontevedra.
Por lo que respecta al retablo de la capilla del Buen Suceso ahora su devoción principal es la de la Virgen del Sagrado Corazón de Jesús. A sus lados se encuentran esculturas que nos muestran a la Virgen del Carmen y a San José, en tanto que, en la parte superior, se nos muestra a San Nicolás de Bari. También, en este caso, se ha renovado, en el siglo XX, el correspondiente programa iconográfico. Lo mismo sucede en el inmediato retablo de la antigua capilla del San Juan Bautista que nos muestra hoy, en su espacio central,  al Jesús Nazareno de la Caída, obra anónima compostelana del siglo XVIII y paso de Semana Santa; a sus lados, a Santa Lucía y a Santa Rita de Casia; y arriba, a San Roque. En este caso, sobre las columnas salomónicas se disponen, también, esculturas relativas a los cultos de Santa Gemma y de la Virgen de Fátima  Además, en el espacio intermedio entre ambas capillas, bajo  el arcosolio que las separa, se presenta una figura, también contemporánea, de San Judas Tadeo.

Por último, allí en donde estuvo representada la Misa de San Gregorio se pintará, sobre la misma, un Calvario en el que, a los lados, se nos muestra a Francisco, junto a María; y a Buenaventura, tras Juan. Posiblemente el tema se haya realizado ya en el XVII pero estamos ante una obra a la que el tiempo le ha ido otorgando sucesivos repintes.  Una escultura contemporánea, alusiva a las Almas del Purgatorio, se dispone a los pies del Crucificado, que centra la pintura, incidiéndose, de tal modo, en la idea de la intercesión.

Por lo que se refiere a la sacristía responde a una planta rectangular que atiende a la consabida forma de disponer una sucesión de pronunciadas arcadas, en el lateral, para, introducir en cada uno de ellas, el mobiliario correspondiente. Se guardan aquí imágenes de vestir,  tanto de San Francisco como de San Antonio.

Este convento de San Francisco, además de ocuparse del culto de su iglesia,  también se hizo cargo del Santuario de la Virgen del Camino, derribado en 1936, y, asimismo,  atendía el servicio religioso de las cárceles públicas. Su importancia fue  grande en el XVI en tanto que, en la centuria siguiente,  sufrirá las consecuencias de las guerras con Portugal.

Es en los años medios del  siglo XVIII cuando  se concreta tanto la torre campanario como el claustro inmediato al templo que sustituye a otro gótico del que se guardan algunos capiteles en el Museo de Pontevedra, concretamente en las ruinas de Santo Domingo. El actual,  aún siendo ciertamente sobrio,  cuenta con alguna decoración de placas que nos remite a su época de construcción.

También en el Museo de Pontevedra se guarda el tímpano que se correspondía con la puerta de la antigua cerca del convento y que se ha datado en el segundo cuarto del siglo XIII, con lo que se convierte en uno de los testimonios más antiguos existentes de esta fundación franciscana.
Ya a finales del siglo XVIII se prolongará, hacia el oeste,  el convento, en una construcción que forma ángulo con la fachada del templo y que se estructura en torno a dos patios; se ha de relacionar con la aportación que supone el  legado testamentario del arzobispo Malvar (1730-1795), a quien se le considera patrocinador de la obra; él se había formado, en un primero momento, en este convento y en el de Ribadavia.  Se reutilizará aquí, al destruirse la muralla de Pontevedra, la denominada Porta da Vila – construida por Antonio de Souto en 1789-, convirtiéndose en su portada, lo que lleva a remodelar la parte central de esta fachada conventual

Tras la citada vuelta de los franciscanos, en 1909, éstos construirán una residencia sobre la sacristía. Más tarde se les cederá el claustro inmediato a la iglesia en tanto que la otra parte ha sido utilizada como Delegación de Hacienda durante años; ahora se están planteando nuevos usos para la misma.  En el actual convento franciscano se guardan, también, una serie de lápidas funerarias que proceden del convento de San Antonio de Herbón

SANTA CLARA
Su origen se data por 1271, lo que se pone en relación con doña Mayor Pérez, a quien se debe la donación con que nace. Se espacio estaba fuera de murallas, en el camino que llevaba a Ourense.  Una serie de documentos testimonian, por lo demás, la subsistencia de esta comunidad en los años siguientes.

Cuenta con una iglesia cuya planta está constituida por una nave rectangular que se concluye en una capilla poligonal, más estrecha. Se abre al exterior por dos puertas que se disponen en el lado del evangelio de la citada nave. Es obra, en lo general, del siglo XIV – siendo considerada, en Galicia, como la mejor conservada entre las de su tipología-, y su capilla mayor resulta parecida a la de iglesia de San Francisco; aún cuando hay una manda, datada en 1362, para que se haga, ésta parece que no se concluye hasta 1510.

La nave en cuestión ha tenido una serie de reformas posteriores. Mantiene la presencia de dos arcosolios, en el lado  de la epístola. Uno de ellos presenta, en el frente del sepulcro que alberga, dos blasones que se corresponden, uno, con los Camba; y el otro, con los Moscoso.  La lápida que cubre la tumba del segundo arcosolio presenta, encima, un báculo abacial, lo que remite este enterramiento a las propias clarisas. Cuando fue abierto se encontraron allí dos unas cajas conteniendo, una de ellas, unos documentos que dejaban constancia de que, entre los restos aquí existentes, se encontraban los de la Venerable Madre Sor María de San Antonio, fallecida en 1616.

Cuenta, además, con una portada labrada, datada en el último cuarto del siglo XIV, en la que, sintéticamente, se presenta el tema del Juicio Final. En el interior del convento, en una capilla aneja al recinto claustral,  se conserva, en tanto, un tímpano,  a relacionar con esta iglesia,  que se considera obra del XV. En él puede verse, en el centro, a María, sedente, con el Niño. Arriba se muestran, en tanto, ángeles turiferarios;  y a los lados, en pie, San Francisco y Santa Clara.

Don Felipe de Montenegro y Sotomayor, “señor de las villas y Casas de Trabanca y Albeos y mayorazgo de ésta última, y de la merindad de las Fragas”, es el  fundador del patronazgo de la capilla mayor, según consta en su testamento que se fecha en 1618. Dice así “…quiero que mi cuerpo sea sepultado en la Capilla Mayor de Santa Clara de Pontevedra,, cuyo Patrón soy…. Yten digo que yo doté la Capilla Mayor del convento de Santa Clara  desta villa de Pontevedra para que suse mi entierro y de mis subçesores en el mayorazgo de la Casa de Trabanca y para que todos fuésemos Patronos della…”.

La presencia del escudo de los Montenegro, en esta capilla mayor – policromado, timbrado de yelmo,  con las armas propias de los Montenegro (la M coronada) - , se entiende en virtud del fundador y familia. En tanto,  el de los Mendoza tiene que ver con “…Dña Mayor de Mendoça, mi señora y madre (que sea en el cielo), me hico donaçión y mejora de todos sus vienes abinculadamente por una escritura….”. Ambos aparecen duplicados. Una vez,  en el lado de la epístola; y otra, en el del evangelio.

En la historia de este convento, y particularmente en lo que concierne a  su iglesia,  la fecha de 1710-1711 marca un antes y un después. Hasta ese momento dependía de los ministros provinciales de Santiago. A partir de entonces su jurisdicción pasará a los prelados de Santiago quienes, en más de una ocasión, promoverán, de algún modo, determinadas obras. Así el arzobispo Luis Salcedo y Azcona (1716-1722) dispuso, en 1719,  que sus cuarenta religiosas se trasladasen al Colegio de las Huérfanas, en Compostela, habida cuenta del peligro que suponía la posible invasión de las tropas inglesas.

El retablo mayor está datado en 1730, por lo tanto en tiempos en que  es José del Yermo Santibáñez arzobispo de Compostela (1728-1737),  y sor Francisca Antonia de Mosquera (1728-1731), abadesa de este convento. Cuenta con dos cuerpos, con tres calles en cada uno; con columnas salomónicas, en la parte baja, y estípites, arriba. Las devociones que se presentan aquí son, abajo y en el centro, la Asunción; y a los lados, San Miguel Arcángel y el rey San Fernando. En tanto es Santa Clara quien  preside la parte superior;  tiene a los lados las figuras de San Francisco y San Antonio de Padua. Más arriba pueden verse dos escudos. Ambos debieron tener similar encuadre, únicamente conservado en su práctica integridad en el del lado del evangelio; está timbrado por una corona propia del marquesado y sostenido por la sirena de los Mariño. Sus blasones, en todo caso, han de remitir al I Marqués de la Sierra, D. Fernando Mariño de Lobeira Andrade y Sotomayor, sucesor del patronazgo.

También se pueden ver, en una posición próxima al retablo mayor,  unas pinturas murales; la del lado del evangelio presenta una alegoría de la vida conventual que, tal como indica Monterroso Montero, cabe relacionar con los textos de la Pia Desideria de Hugo Hermann (1624)  y los grabados de Boetius de Bolswert. Al otro lado lo que la pintura enseña es un Pelícano hiriéndose en el pecho para alimentar a sus polluelos, con un valor simbólico asociado a la Eucaristía.

El retablo y altar de Nuestras Señora de los Desamparados es fruto de una devoción iniciada a principios del XVIII. La promotora de tal culto fue Sor Benita Teresa de San Juan Evangelista Mariño; se  vincula con una supuesta aparición a la misma, al prometerle la Virgen, en sueños, el divino amparo. Ya será el arzobispo Monroy, así, quien le permita a las monjas colocar un lienzo con tal imagen en un altar a los pies de la iglesia. El hecho de que hubiese sido encargado en Madrid y que se le relacionase con un pintor de origen italiano ha llevado a atribuir tal pintura a Lucas Jordán; estamos, en todo caso, estamos ante una forma de representarla que es deudora del modo en que se nos muestra en la Basílica de la Virgen de los Desamparados de Valencia. Es sabido que, en 1712, ya estaba colocada.

Sin embargo su ubicación, que ha de respetar el lugar originario, nos lo muestra en un retablo encajado en la pared que dibuja, en su parte media un gran arco que ampara la pintura en cuestión así como la pareja de imágenes que pueden verse, a los lados, entre columnas; han  de corresponder éstas  a las devociones de Joaquín  y Ana, padres de la Virgen, en tanto que, sobre la pintura, pueden verse las representaciones del Padre y del Espíritu Santo, señaladas por ángeles  que se disponen a los lados, en una posición ligeramente más baja.  Encima del arco se muestra una figura sedente, imberbe y con un libro en el que escribe; es San Juan Evangelista que evoca, en cierto modo, a esa otra visionaria que llevaba su nombre, la citada Sor Benita Teresa de San Juan Evangelista Mariño.

Sobre el retablo continua la representación con una pintura que emula una arquitectura que alberga este conjunto y en la que, también, pueden verse ángeles, manteniendo en lo alto, entre todos, un cortinaje de color azul, propio del culto mariano.  Se remata todo, como en los retablos laterales,  con un palio o dosel,  centrado, en este caso, por el anagrama mariano, coronado, rodeado de ángeles de los que algunos portan lirios  al tiempo que una serie de cartelas evocan las letanías dedicadas a la Virgen. La puerta del sagrario presenta, en tanto, una pintura que nos muestra el tema de la Anunciación. Ha de corresponder esta obra al tiempo en que D. Manuel Isidro Orozco (1738-1745) es arzobispo de Compostela.

Los otros dos retablos dieciochescos con que cuenta esta iglesia responden a un parecido estilo. Así los dispuestos   a los lados del arco de ingreso tienen  una calle central más desarrollada, con dos alturas, y espacios laterales, con una sola. Aparecen, en ambos casos, también, cubiertos por un palio de madera, a modo de dosel pintado. En el del lado de la epístola es el Padre Eterno quien lo ampara todo, en tanto que, al otro lado, se cuenta, en ese mismo lugar, con una representación, en forma de paloma, del Espíritu Santo. Un escudo culmina ambos retablos; sus contenidos cabe, quizás, valorarlos en base a lo que se muestra en la parte superior de cada uno de ellos. Así, en el del lado del evangelio, se mantiene en su lugar una representación de la Inmaculada; pues bien, por tal motivo, se entiende lo que se dice arriba: TOTA PUL/CRA ES -MARIA/ ET MA-CULA/ ORIGI-NALIS/ NOS EST IN TE. Un ciprés, significativo de la castidad – y, también, del triunfo, de la victoria-, completa lo mostrado.

En tanto lo que se nos muestra en el escudo del retablo de colateral del lado de la epístola se vincula con la Virgen del Carmen ; de tal modo que cabe imaginar en esa parte alta, en este caso, esta devoción mariana, en el lugar que ocupa hoy la figura de San Benito. También es posible que el fundador de los benedictinos esté  previsto, para tal lugar, desde un primer momento y que la devoción mariana ocupase, originariamente, el espacio principal; de ser así, quizás fuese ese el lugar de la imagen que hoy muestra esta devoción bajo un arcosolio de la nave, en el lado de la epístola. En ambos retablos se presentan, en cada caso, a los lados, dos ángeles; los que tienen que ver con la Inmaculada portan, respectivamente, el lirio y la estrella; los relativos a la Virgen del Carmen, el sol y la luna.

No se conservan, en su lugar, las devociones que centraban ambos retablos colaterales – hoy pueden verse, en tales sitios,  dos imágenes de vestir: un Cristo con la cruz a cuestas (antes estuvo aquí un Santiago apóstol sedente), en el de la parte del evangelio; y una Santa Clara, en el otro. Sí, en cambio, que pueden considerarse propios del tiempo originario de estos conjuntos las imágenes de Santa Ursula y el Ángel de la Guarda, en el  del lado del evangelio; y la de Santa Bárbara en el otro. La imagen de San Juan Bautista  niño, hoy en el retablo del lado de la epístola,  ha de sustituir a otra imagen anterior.

Hay, también, en esta iglesia, sobre una peana, una imagen de San Antonio cuyo tiempo y estilo concuerda con el de estos retablos. ¿Podría ser  esta advocación la principal del retablo lado del evangelio? El que sea la figura del Espíritu Santo la que se pinta sobre ese ligero dosel que lo cubre puede remitir a uno de los modos en que éste fue entendido: “pluma del Espiritu Santo”. Y es común, en el franciscanismo, por otra parte, asociarlo al culto  a la Inmaculada

Un estilo parecido, aunque ligeramente más tardío,  al de los dos retablos colaterales  es el que cabe apreciar tanto en el púlpito como en el tornavoz que se disponen en la parte del evangelio, en una zona relativamente cercana al coro de los pies del templo, concretamente entre las dos puertas existentes en ese lado. Si los escudos que tienen que ver con los franciscanos y las clarisas son los que cubre, entre rocallas, el exterior del púlpito, es la paloma del Espíritu Santo, en cambio, la que, siguiendo una fórmula habitual, vuela en la parte baja del tornavoz.

También a estos mismos años de la construcción del púlpito, los del  arzobispado de Bartolomé Rajoy y Losada (1751-1772), han de corresponder las  imágenes del Niño Jesús y de San José, ambas de vestir que se disponen a los lados del retablo de Nuestra Señora de los Desamparados.

Hasta fechas relativamente recientes esta iglesia contó con un retablo más, de carácter clásico, que se disponía entre los dos arcosolios de la nave. Estaba dedicado a la Soledad. Hoy, en ese sitio, se localiza un Calvario. Dicho retablo tenía,  bajo el altar,  una urna que hoy se encuentra bajo el altar mayor con las reliquias del santo, del siglo III,  Vicente Mártir,  autentificadas en 1826. Es el papa León XII quien, en 1827, autoriza que se trasladen a este convento al que llegan en 1828, En el tiempo en que se hace la debida gestión – es decir, 1827-1828- se encarga la imagen yacente que se nos muestra vestida con la indumentaria propia del diaconado y que tiene en su pecho el pertinente relicario.

Asimismo pueden verse en la nave dos exvotos, junto al retablo de Nuestra Señora de los Desamparados: una maqueta de un barco, colgada; y una humilde pintura con un texto que dice lo siguiente. “La Iglesia como Madre y Maestra ampara / alos suyos. Hallandose Josefa Crespo en o(ctu)bre de 1848. Des sauciada/ de cuatro facultatibos, y sin esperanza de vida,  su esposo y sus tiernos yjos yn/ploraron los auxilios de esta brillante madre y lud delos Desamparados, y / al punto comenzo a recobrar salud, ofreciendole en aución de graciaas una/  misa con su Magestad espuesto”.          

Ya en el coro bajo se guardan diversas imágenes. Así, un Niño Jesús de Praga y, también, el Santiago apóstol, sedente, que ocupó, un tiempo el centro del retablo colateral del lado del evangelio.                                                                                                                                                                                                                                                                 
En 1808 las monjas tendrían que pasar, a causa de la guerra, ocho meses fuera del convento. Y, de nuevo, en 1868, tuvieron que trasladarse el convento de las Terciarias Isabelas de Tui; allí estuvieron hasta 1875 en que, por mediación del Cardenal Miguel Payá, retornan al convento. Tanto este prelado como, después, Martín de Herrera (por 1912)  apoyarán la restauración de este convento que contará, también, con importantes reparaciones, también,  en 1976 y 1992.

La entrada al convento se dispone en la edificación que continúa a la iglesia,  al lado de su capilla mayor. Sobrecogen los textos que pueden verse en la puerta que da acceso a la clausura, al lado del torno. En un lateral se dice: “Déjalo todo y hallarás todo”. Arriba, en tanto, se escribe: “La llevaré a la soledad y te hablaré al Corazón”. Y en el  otro lado: “Toma tu Cruz y sígueme”.

Epigrafe

Vázquez Casáis, J. A., La heráldica de los enterramientos en las iglesias de Pontevedra, Pontevedra, Diputación de Pontevedra, 1998.

 

Cuadrado, M., 'La Iglesia del convento de Santa Clara de Pontevedra: estudio artístico', Museo de Pontevedra, XXXIX (1985), pp.199-230.

 

Castro, M., 'Santa Clara de Pontevedra', en Martí Mayor, J.,Graña Cid, M. M. (coord.), Las clarisas en España y Portugal, congreso internacional, Salamanca, 20-25 de septiembre de 1993, Madrid, Asociación Hispánica de Estudios Franciscanos, 1994.. t. 2. v. 2, pp. 880-905.

 

Ageitos Míguez, J. L., La Semana Santa de Pontevedra: tradición, restauración, catalogación, Pontevedra (en prensa).

http://www.turgalicia.es/fotos/IMAGENES/FLASH/ARQUITECTURARELIGIOSANP/vr_89_sanfranciscopontevedra/index.html

 

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http://www.franciscanos.es/index.php/ofm-santiago/historia/38-historia-ofm-santiago/769-historia-de-san-francisco-de-pontevedra

 

 

Iglesia de San Francisco

Horario de misas: Laborables, 08.00, 09.00, 12.00 y 19.30 horas. Vísperas, 19.30 y en invierno 20,30 horas. Festivos. 09.00, 11.00, 12.00, 13.00 y 19.30 horas

Iglesia de Santa Clara

Horario de misa: 08.30 horas

Museo de Pontevedra.

Horario: De martes a sábados, de 10.00 a 21.oo horas. Domingos y festivos, de 11.00 a 14.00 horas.