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Leyenda negra y cruce de caminos

01.08.2010  El misterio de una de las canciones más famosas de la historia reside en su origen satánico. Johnson, dicen, vendió su alma al diablo en una encrucijada a cambio de tocar mejor que nadie

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XURXO FERNÁNDEZ

Eric Clapton, en una foto de John Olson para la revista ‘Life’ que aparecía bajo el epígrafe ‘Rockeros en casa, con sus padres’. Era 1968, la época en que adaptó ‘Crossroads’ para Cream
Eric Clapton, en una foto de John Olson para la revista ‘Life’ que aparecía bajo el epígrafe ‘Rockeros en casa, con sus padres’. Era 1968, la época en que adaptó ‘Crossroads’ para Cream

A estas alturas, todos us-tedes han oído hablar de la leyenda. Dicen que Robert Johnson, en ese momento un adolescente, tenía una afición a la música tan afianzada que pretendía ser rico y famoso en ese campo. Y que, impaciente por conseguir cuanto antes sus objetivos, decidió acortar distancias firmando un pacto con el Diablo. Y, para ello, se acercó de noche a una encrucijada (lugar donde, tradicionalmente, es fácil encontrar al amo del Averno) y firmó con su sangre un contrato indefinido.

El paralelismo con nuestras propias tradiciones es más que evidente. Aquí, los cruces de caminos rurales eran temidos hasta extremos de pánico cerval. Por eso, más que nada, se constituían, precisamente, los cruceiros. Aunque hemos de precisar que, al motivo inicial, solía sumarse el de la ofrenda del caballero que, por sus muchos pecados, decidía expiar sus culpas mandando a un cantero de confianza erigir uno.

EL BLUES DEL DELTA

Estamos en los años 30. Todavía viven los primeros esclavos del algodón, liberados tras la Gran Guerra, a instancias de la abolición proclamada originalmente por Abraham Lincoln.

En ese momento, esas personas ya son abuelos. Se siente libres dentro de un orden. Saben que están vigilados, que se les odia por haber conseguido emanciparse, extirpando de los terratenientes sudistas un ejército de mano de obra ya no barata sino completamente gratis. El odio ha de afianzarse hasta hoy mismo. Incluso el poder de algo tan increíble –en el sentido estricto del término– como el Ku-Klux-Klan, se mantiene. Y eso que ya queda lejos el descaro y la impunidad con que llegan a actuar en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Precisamente lo que nos narra la explícita película Mississippi’s Burnig. Lo mismo que cuenta Billie Holiday en Strange Fruit. ¿Recuerdan? "Extraños frutos cuelgan de los árboles hoy..." Era le descripción de uno de los miles de linchamientos que se daban entonces. Hay fotos. Las caras, sonrientes o abotargadas, son un poema. Parecen recitar el poema de Dylan: "With God of Our Side..." –"con Dios de nuestra parte"-.

Y sí. Se mantiene. Esa fuerza ayudará a ocupar el Despacho Oval a personajes tan nefastos como Ronald Reagan o a cualquiera de los dos Bush.

Con esa realidad presente, un negro, ex-esclavo, sentía que la vida no valía un duro. Precisamente por eso la intensidad del Blues conserva la dureza del pathos, el profundo drama de las vidas y de las generaciones rotas, el sabor de la injusticia. Quien canta un blues se sumerge en el refugio del misticismo nativo, en la religión sincrética de ese pueblo para el que parece no haber ya esperanza posible.

Y allí, en el Delta del Mississippi, se va conformando un estilo denso y hondo, que hace aflorar un canto que es el nexo directo con la Tierra, pero también con un Cielo que se sabe próximo, puesto que la esperanza de vida, como decíamos, no era, ni mucho menos, optimista.

EL POBRE BOB

Robert Leroy Johnson, el padre más reconocido y reconocible del Blues del Delta, era hijo de Julie Dodds, hija de esclavos, y del jornalero Noah Johnson.

Su vida transcurrirá con bastantes sobresaltos y dos amigas íntimas: una armónica y una guitarra barata.

En agosto de 1930, ha de componer su famosa canción Crossroads, en que habla de un arrepentimiento: "Fui a la encrucijada y caí de rodillas. Pregunté por el Señor. ‘Ten piedad. Salva, por favor, al pobre Bob..."

La grabaría en Dallas siete años más tarde. Exactamente el 19 de junio de 1937. Entre sus muchas revisiones está la genial de Eric Clapton en Wheels of Fire.

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