Viernes 06.03.2009
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Sentimos como propio un camino en las estrellas. Tenemos a un Apóstol que quiso venir a quedarse en este rincón de la Tierra. El mismo Apóstol que empuja a ponerse en camino a todos aquellos peregrinos que buscan respuestas a todas sus inquietudes, sus emociones interiores y que llegan a Santiago cansados pero felices, renovados, porque el camino no deja a nadie indiferente. También le visitan turistas, devotos o escépticos, caminantes que terminan en Fisterra con los dedos unidos mirando al infinito. Todos, cada uno de ellos, se llevará más de lo que trajo; la bendición del Apóstol.
Es Año Santo y nos gustaría que la Catedral luciese en todo su esplendor, cuidándose de manera especial tanto su interior como su exterior, quitando y reparando todo lo necesario. Para que podamos sentir un sano orgullo. Ver que todos la contemplan con admiración.

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El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado