Viernes 06.03.2009
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El éxito de la persona célebre y admirada es utilizada de forma reiterada para vender productos. Con ello, los creadores de mensajes intentan conseguir un doble objetivo; dar un mayor renombre al producto anunciado y utilizar el prestigio del famoso para lograr notoriedad. Un famoso con enorme popularidad confiere a lo que anuncia la dimensión universal de sus éxitos.
Pero, si el comportamiento privado de un popular es incorrecto, cuando su ética y moral quedan en entredicho es posible que su imagen quede dañada. Por ello, la imagen del producto queda perjudicada.
Todas las decisiones publicitarias que no se orienten al respeto de las personas y a la veracidad del mensaje son, a la larga, un fracaso. Y no hay que olvidar que la publicidad anuncia bienes y servicios, no figuras ni rostros.

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