Viernes 06.03.2009
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Les describo una situación y ustedes imaginan cuál sería la solución que propondrían para la misma. La concejala de Régimen Interior del Ayuntamiento de Bembibre (León), nos explica que once perros, varios de ellos presumiblemente abandonados, deambulan libres por una zona industrial. Primera consideración: no se pueden calificar indiscriminadamente, en razón a su probable origen, de salvajes. Segunda: su estado actual es consecuencia de una acción humana ilícita, convirtiéndoles, en todo caso, en víctimas.
También nos tranquiliza, la Regidora, asegurando que dadas las circunstancias, no existe la menor alarma social por los hechos. Tercera consideración: se deduce pues, que no representan un peligro.
¿Cómo arreglarían esto? En mi caso, la actuación pasaría por dormirlos con proyectiles destinados a tal fin, llevarlos a un albergue, asegurarme de su buen estado físico, comprobar si tienen microchip y si se reúnen los requisitos ofrecerlos en adopción. En caso contrario, mantenerlos en la protectora en las mejores condiciones.
Pero no, aquí no. En la Nación donde los toreros reciben medallas y subvenciones, nos ponemos las gónadas por montera y nos introducimos la ética en la bragueta. Despreciando cualquier protocolo con atisbos de modernidad, de sensibilidad o justicia, nosotros tiramos de gatillo y asunto arreglado. ¿No seremos, visto lo visto, más bien la España machadiana que ha de helarte el corazón?

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