Viernes 06.03.2009
Hemeroteca web
|
RSS
En las últimas semanas un conocido diario gallego encabeza o se ha hecho eco de múltiples reivindicaciones sobre la necesidad de crear una nueva Facultad de Medicina en A Coruña. No es mi intención discutir sobre la bondad de tal demanda. Tan solo, como trabajador que soy de la Sanidad en un hospital gallego y como mero ciudadano pretendo trasladarle mi humilde opinión.
Pienso que, en un entorno de crisis, cuando el Sergas ha despedido o bien pasado a simple contrato de guardias a más de cien médicos en la sanidad gallega y muchos otros tuvieron que emigrar para poder ejercer o cuando los presupuestos de las universidades sufren una significativa merma, no parece el mejor momento de plantear la duplicidad de estructuras. No voy aquí a defender las bondades o miserias (muchas) de la Facultad de Medicina de la USC, pruebas fehacientes hay de ambas cosas, de departamentos excelentes y de nidos de mediocridad. Tampoco voy a poner en duda la calidad de los profesionales de la medicina de A Coruña, conocimiento tengo de la de muchos de ellos, pero como también la tengo de profesionales de otros muchos centros de la red sanitaria gallega.
Lo que sí creo es que Galicia debiera tener es una conciencia colectiva de la que carece, una conciencia más allá de mi ciudad o mi terruño y eso es algo de lo que, repito, carece. Tenemos tres universidades, tres aeropuertos... tres de todo menos de racionalidad. Tres medianías en lugar de una excelencia. Pienso que lo que habría que conseguir es que la Universidad (con mayúsculas) sea el faro de la excelencia y que esa excelencia venga de A Coruña, Vigo, Lugo o del último rincón de Galicia o del Mundo. Tener una universidad en cada puerta no nos hace mejores como país. Tener a los mejores en la Universidad, sí. Y eso, no ocurre en muchos casos. Una pena. Pero bueno, como aquí parece imperar el sálvese el que pueda: Arquitectura, en Vigo, ¡Ya!

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado