Sábado 25.05.2013
| Actualizado 20.03
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La tierra arde en fuego por nuestra mala cabeza. Con la degradación de los recursos naturales hasta ahora solo se ha hecho literatura y no de combate. Las reuniones celebradas al más alto nivel tampoco han servido para nada. Solo se han vertido palabras muy elegantes, pero poco sinceras. Lo que se persigue es el crecimiento económico, aunque se degenere el medioambiente. Somos una generación que no tiene remedio, que ha hecho de la mundialización, un mercado donde impera la ley de la selva. Ni tenemos un mundo más justo, porque la ética brilla por su ausencia como un desierto de soledades, ni el desarrollo sostenible, que tanto se vocifera a diario, se lo cree nadie. Los ataques irreparables al medioambiente son constantes. Nuestra irresponsabilidad es tan grande que cada día tenemos más tierras áridas. Prevalecen los intereses económicos sobre los intereses ambientales.
La degradación de la tierra se puede y se debe evitar, las leyes de la naturaleza son las que son, y están para ser respetadas. Desde luego, la humanidad debería encontrar vías de reconciliación entre el ser humano y la naturaleza. Teniendo en cuenta que el día 17 de junio, la ONU proclamó el día mundial de lucha contra la desertificación y la sequía, bien podríamos celebrar el rescate del medioambiente en todos los gobiernos del mundo. Produce un gran dolor pensar que la naturaleza nos habla mientras la especie humana permanece indiferente. La naturaleza hizo un mundo y el ser humano está haciendo otro, pero éste de mal gusto, que nos acabará pasando factura. Rectificar es de sabios.

25.05.2013
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