Martes 17.06.2008
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En aquellos municipios como Vigo, Ourense o Pontevedra, en los que el Partido Popular ganó clarísimamente las elecciones, pero en los que PSOE y BNG juntos suman alguna concejalía más, para justificar el acuerdo entre perdedores, se nos vende la burra de los "gobiernos de progreso".
¿Cómo se pueden llamar "gobiernos de progreso" a los formados por dos socios que apenas tienen nada que ver y que, como demuestran día a día desde la Xunta de Galicia, van cada uno a lo suyo?
¿Cómo se pueden llamar "gobiernos de progreso" a aquellos en los que el presidente o alcalde carece o carecerá de autoridad sobre una parte de sus consejeros o concejales?
¿Cómo se pueden llamar "gobiernos de progreso" a aquellos que responden a criterios y programas distintos, dependiendo del área de que se trate?
¿Cómo se pueden llamar "gobiernos de progreso" a aquellos cuyos miembros son indisimulados rivales políticos, con las limitaciones de coherencia, lealtad y solidaridad, que esa circunstancia implica?
¿Cómo puede hablarse de "gobiernos de progreso", cuando las partes que lo forman defienden distintos modelos sociales, económicos y de organización territorial?
¿Cómo puede hablarse de "gobiernos de progreso", cuando por sus propias características se trata de gobiernos débiles, inestables y poco cohesionados?
¿Cómo se pueden llamar "gobiernos de progreso", en fin, a aquellos en los que uno de los socios, por pillar cacho, ha sido capaz de cualquier cosa, habiendo perdido sus principales señas de identidad, y el otro milita en el credo nacionalista, lo más retrógrado, carca y reaccionario que pueda existir?
No señores. No estamos ante la formación de gobiernos de progreso, sino ante la articulación de gobiernos de conveniencia.
De conveniencia partidaria, para los socios llamados a integrarlos, que, aprovechándose de una deficiencia legal, burlan las preferencias de la mayor parte de la ciudadanía.

¿Deixádeme ser libre? Sí, pero...
Mensaje a los cabestros: "Así, no"
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