Jueves 26.02.2009
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Sí, y estoy orgullosa de que ocupen los bancos de las calles, se muevan lentos por las aceras, y algunos nos miren caminar rápidamente desde cualquier ventana. Algunas veces, si nos paramos, podemos ver en sus rostros las huellas de los jóvenes hombres y mujeres que fueron, y quizá nos preguntemos a qué se debe cada una de las arrugas que surcan sus rostros.
Nuestros mayores son abuelos, padres, tíos, y una vez fueron hijos, sobrinos y nietos, como nosotros.
A pesar de ser los creadores de familias, de acumular a sus espaldas el peso del trabajo, las ilusiones, el dolor y la intensidad de toda una vida, hoy en la Educación para la Ciudadanía que nuestro Gobierno nos quiere imponer encontramos (Ed. Bruño) un texto que dice: "La sociedad moderna no tiene lugar para los ancianos, los cuales tienden a formar grupos en calles, parques y paseos que adquieren los caracteres de verdaderas subculturas".
La sociedad moderna va a tener lugar para ellos, porque con su sabiduría, cariño, paciencia y ternura supieron transmitirnos recuerdos y tradiciones familiares. Nos enseñaron a ser leales, sinceros, trabajadores, fieles, generosos, con ideas claras de lo que estaba bien o mal, para que de mayores pudiéramos construir una sociedad más justa, más solidaria, menos egoísta y ambiciosa y no lo que ahora quieren imponerle a nuestros hijos este Gobierno adoctrinador.
Así que seguiremos luchando por la libertad de los jóvenes y ahora también por la de nuestros mayores, que se lo merecen todo, porque antes nos lo han dado.

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