Jueves 26.02.2009
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En primer lugar porque nadie que falte al derecho a la dignidad de las personas, en su caso ha faltado al derecho a la dignidad de un pueblo entero, merece ocupar un puesto público. Al haber demostrado que no reconoce ni siquiera el primer derecho humano de la Declaración Universal de las Naciones Unidas: "Todas las personas nacen libres e iguales en dignidad...", "sin distinción alguna de raza... o cualquier otra índole"... De cuya Carta Magna emanan todas las constituciones de los países demócratas, entre ellas la Constitución española y el Estatuto de Galicia. Sra. Díaz, no pasa usted ni siquiera el examen de auxiliar administrativa de funcionaria, cuyos conocimientos incluyen el de la Constitución.
En segundo lugar, porque además de su incapacidad demócrata, respetuoso, tolerante, al haber humillado al pueblo gallego, ha demostrado también su ignorancia supina respecto a la palabra gallego. Tras la anulación del Diccionario de la Real Academia Española del infame significado que usted le ha dado a esta acepción. Gracias al empeño y la lucha de los gallegos durante muchos años para lograrlo, en nuestro legítimo convencimiento de que somos un pueblo digno y merecemos respeto.
En tercer lugar, porque si con apenas un puñadito ínfimo de votos anda usted tan sobrada de tono y suelta de palabras por España, asusta pensar cómo sería si tuviera un poquito de poder. Ojalá, Rosa Díaz, que, por la cuenta que nos trae, como una piña bien digna de identidad, todos a una, nadie le dé a usted ni un solo voto en Galicia. Puede estar segura de que los gallegos no vamos a olvidar su grave falta de respeto a nuestra dignidad como seres humanos. También por pura estética y amor a la naturaleza le digo que vaya usted, Rosa Díaz, a predicar sus miserias lejos de nuestra tierra. Aquí somos más aficionados a la poesía y a la belleza que nos rodea el alma y la rima de la buena vida. Si usted supiera. ¡Déjenos gozar en paz nuestra maravilla!
Políticamente hablando, sinceramente, ¡que la zurzan!

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