Miércoles 22.04.2009
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| Luis Blanco Gómez |
La reconversión ferroviaria que se inició allá por los años 70 dejó a Galicia con un tren de segunda división. El viejo nudo de Monforte, por el que entraron los caminos de hierro a nuestra comunidad, fue uno de los más castigados por esa brutal reconversión del sector. Aunque la capital de Lemos se quedó huérfana del maná económico ferroviario, gracias al empeño de Luis Blanco y a un puñado de enamorados del tren, no perdimos la memoria ferroviaria. Los tiempos del vapor y del esfuerzo heroico de cientos de ferroviarios que hicieron posible que los trenes recorriesen la complicada geografía galaica. Gracias a su trabajo, que se inició allá por el año 1999 y que fue tachado de locura y causa perdida, hoy Galicia tiene uno de los contados museos ferroviarios con material móvil de época en funcionamiento. La sede de ese museo vivo está en Monforte, símbolo del ferrocarril en Galicia. Gracias al tesón de Luis Blanco la historia ferroviaria de Galicia revive en Monforte y despierta cada día mayor interés, como demuestran las miles de visitas del pasado año al museo.

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