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Miércoles 22.04.2009      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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Xoán Salgado

EL DEFENSOR DEL LECTOR

Inmigración, eterna polémica

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No es la primera vez que el tema de la inmigración concita en exclusiva el interés de esta crónica y a buen seguro que tampoco será la última, ya que la aproximación a las claves del fenómeno social que representa habrá de merecer de nuevas y más intensas reflexiones a medida que crezca y ponga en más flagrante evidencia los errores periodísticos -que los hay- al informar de esa realidad, novedosa en tantos aspectos.

Por ello mismo, el lector conoce de primera mano cuanto aquí se tiene dicho y que se sustancia en lo comentado en los dos artículos en los que este defensor abordó el tema (16-10-2005 y 5-3-2006), al reconocer que no todo el camino ha sido ya recorrido "mientras perviva, como ocurre, la tendencia de etnificar muchas prácticas delictivas". Una apreciación compartida por la Redacción, aún dentro de los posibles errores, porque en éste, como en el resto de los periódicos, existe la creciente sensibilización que se detecta en los medios de comunicación en favor de la inmigración, como está documentalamente probado en estudio del profesor de la UAB Xavier Giró, para la Fundación Jaume Bofill.

El retorno de esta crónica al tema de la inmigración viene motivado por una noticia aparecida en el periódico esta misma semana y en la que se daba cuenta de la publicación por Cruz Roja de Galicia del estudio "A inmigración na prensa galega. O reflexo da diversidade" , realizado por investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidade de Vigo y el Plan de Empleo de Cruz Roja en Galicia.

La invocación a la habitual coletilla de la falta de espacio puede resultar en este caso una oportuna disculpa que evite otras menos gratas a la hora de explicar por qué se rehusa entrar en más particulares consideraciones en torno al trabajo que se cita. Porque éste parte de muchos clichés prefijados que no hacen sino condicionar la realidad de lo estudiado conforme a la silueta que dibujan los apriorismos con que se abordó y, por contra, adolece de la limpieza de ánimo y no contaminada curiosidad con que es preciso acercarse siempre a cualquier análisis científico. Es más, en una primera impresión fruto de una lectura apresurada, se diría que sus autores rediviven el mito de la caverna al hacer de las noticias objeto del estudio categorías absolutas, susceptibles de ser analizadas en sí mismas, abstraídas de la realidad de los hechos y las personas que las motivan.

En suma, uno tiene la impresión de que el riguroso campo de la ciencia sociológica podría sobrevivir sin las aportaciones de un estudio como el que se comenta que, sin embargo, sí responde a un encomiable propósito de ayuda a los profesionales de la comunicación a la hora de enfrentarse a las informaciones en torno a la realidad de la inmigración.

Es en este campo, en lo que tiene de reiteración más que de novedad, donde de nuevo quieren traerse aquí las recomendaciones que recoge la publicación "para que, desde las propias redacciones, instituciones y facultades de Comunicación, se reflexione conjuntamente con el fin de favorecer la integración sociolaboral de las personas extranjeras y la divulgación de la diversidad", como propone el departamento de Comunicación de la entidad responsable de la publicación. Porque la insistencia nunca está de más cuando se trata de la exigencia ética de los periodistas en su trabajo.

A modo de conclusión, el estudio que se comenta apunta una veintena de enunciados como estímulo de la conciencia periodística en el tratamiento de las informaciones sobre la realidad de los inmigrantes.

En primer lugar, una llamada a la responsabilidad para que la prensa favorezca la convivencia ciudadana, la igualdad de oportunidades y facilite la comprensión entre culturas.

Asimismo, acrecentar el esfuerzo en el cumplimiento de los códigos deontológicos, tendentes a evitar el sensacionalismo informativo y la estigmatización de algunos colectivos.

La diversificación de las fuentes de información, dada la preponderancia de lo oficial, a las que se pide más rigor y cuidado del lenguaje aparece también como recomendación, del mismo modo que se demanda de las facultades de Comunicación incorporar formación específica sobre Periodismo e Inmigración.

La equiparación, en rango de igualdad absoluta, entre inmigrantes, emigrantes o retornados y el favorecimiento, a la hora de anunciarse, a aquellos medios que promueven la tolerancia y no la discriminación son otros consejos que se citan, al igual que el de extremar el celo en la labor de documentación, incluso promoviendo en las redacciones periodistas especializados sobre la inmigración y dar cabida a profesionales inmigrantes.

El intercambio de experiencias, fomentar espacios de encuentro o ver a las ONG como un adecuado puente de diálogo entre periodistas e inmigrantes son otras conveniencias recogidas en el trabajo, que recuerda también que la nacionalidad por sí misma no es noticia, que los sucesos precisan de un tratamiento mucho más cuidadoso para no perjudicar a colectivos concretos y que debe visibilizarse más la mujer inmigrante como víctima de la descriminación laboral o economía encubierta.

Bienvenidas, pues, estas recomendaciones que no hacen sino ahondar en los códigos con que se dotan desde hace tiempo las redacciones. Bienvenida, también, la insistencia en exigir su cumplimiento. Sin que ello presuponga que la prensa haga renuncia del rigor profesional o dejación de la objetividad que le son exigibles, supeditándolas a un tan paternalista como falso mesianismo que tantas veces se le reclama al sugerir que se distorsione la realidad.

Saltar las vallas de los prejuicios

Que en torno a la temática de la inmigración hay más lugares comunes o, si se prefiere, mayor prevalencia de lo políticamente correcto que rigor y análisis sopesado lo reflejaba, acaso sin pretenderlo, algún erudito cuando advertía de la "confrontación de sentimientos contradictorios o ambivalentes" respecto de la problemática que aquí se enjuicia. Así, cuando los periódicos hacen hincapié en los derechos que deben ser garantizados a todo inmigrante –la sangría de muerte y desolación de los cayucos es un buen ejemplo–, no hacen sino subrayar la dignidad y el respeto que merecen. Pero al presentarlos así, como necesitados de ayuda, lo que se está evidenciando es que su convivencia ha de resultarnos gravosa, lo que en el aludido lenguaje simplista de las formas y la corrección mediática resulta anatema que condena a quien lo intente.

De ahí el enunciado de la crónica, también controvertido según más de un farisaico entender. Pero desde esta página se decía en 2005 y se ratifica ahora que "lo que realmente importa es que los medios de comunicación y quienes los elaboran salten de una vez la valla de los prejuicios y asuman a los inmigrantes no como "los otros", sino como una vertiente más de "nosotros".

 

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