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Miércoles 22.04.2009      Hemeroteca web  |  RSS  RSS

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XOAN SALGADO DEFENSOR DEL LECTOR DE EL CORREO GALLEGO

el defensor del lector

Muchos pájaros de un solo tiro

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Si la memoria no es del todo infiel, en los lejanos tiempos de las milicias se recordaba que la mejor salvaguarda para la integridad personal en una situación de bombardeo enemigo era situarse allí donde una deflagración anterior había abierto la oportuna y salvadora zanja. El razonamiento tenía mucho que ver con las variables casi siempre imponderables que hacen que un tiro nunca sea igual al anterior en ninguna de sus coordenadas. Pura estadística.

En periodismo, sin embargo, no es así, en tanto una situación no sólo puede repetirse, sino agrandarse en sus negativas consecuencias. Y si, como reza el principio de Murphy, una situación adversa es susceptible de empeorar, los profesionales del periodismo debemos estar preparados para constatar que así puede resultar. Evidencias no nos faltan.

Volviendo al símil de la eficiencia en los tiradores de elite, Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina iniciaron hace algunas semanas gira musical por España con el expresivo título de Dos pájaros de un tiro. Hábil reclamo promocional para convencer al posible espectador de que por el precio de una sola entrada podría escuchar a dos de los mejores cantautores de la historia del panorama musical español (Mediterráneo sigue siendo un LP aún no superado en este país en creatividad poética y producto completo). En esa gira figuraba, el sábado, día 14, Santiago.

La confianza de la organización se adocenó en la complacencia de un espectáculo refrendado desde el inicio de la gira en cuanto a aceptación por toda la geografía ya recorrida. Pero faltaba, frente a las galas anteriores, la variable meteorológica.

También para este diario y sus profesionales esa misma confianza y complacencia, basada en la experiencia de los conciertos de días anteriores, hacían prever un desarrollo tan exitoso como aburrido en la ausencia de novedad ya que incluso los guiños de los cantantes con el espectador eran conocidos. Nada imprevisible, pues. Menos la lluvia.

Para una empresa como el Grupo Correo Gallego que cada día saca a la calle tres periódicos distintos (EL CORREO, El Mundo y Galicia Hoxe, además de, cada martes, el semanario Tierras de Santiago) los sábados son días de especial trasiego porque a esa diaria producción hay que añadir los correspondientes suplementos dominicales de cada cabecera -periódicos al fin y al cabo- que han de salir de la misma rotativa. Ello origina, como el lector ya sabe por las anteriores experiencias de algunos tardíos partidos de la Liga de Fútbol, que el ajuste horario en la tirada de cada uno de esos seis productos dominicales ha de regirse por un ajustadísimo calendario en el que la alteración de un solo minuto provoca un retraso acumulado en cadena que, cuando se llega al kiosco, es ya de horas.

Ciñéndonos a la concreta experiencia del sábado, ese ajuste horario programado con antelación preveía la tirada de una primera edición de EL CORREO GALLEGO que, en lo que concierne a la noticia arriba referida, la del concierto de Serrat y Sabina, debía solventarse con el relato de los primeros compases del espectáculo musical, contados a pie de trinchera y sin tiempo para la enmienda o el deleite reflexivo. Así se hizo, sólo que con el lamentable olvido -fruto de las aludidas urgencias- de no cerrar la crónica periodística en el minuto y circunstancia que se relataba. ¿Resultado? Los lectores de esa primera edición, tomando la parte por el todo, se enteraron de que el concierto de Serrat y Sabina había sido todo un éxito. Algo que sí era cierto en esa primera hora relatada -en eso no se faltó a la verdad- pero que no se explicitó como se debiera. Por ello mismo, cuando ya en la mañana del domingo algunos lectores de Vigo y Ourense, asistentes al espectáculo de la noche anterior en la plaza del Obradoiro y testigos de como había sido suspendido por los imponderables de la lluvia, vieron esa primera edición que hablaba de normalidad sintieron una justa y airada reacción que testimoniaron en cartas al propio periódico y a este defensor, sin detenerse a pensar que cuanto se decía era verdad, aunque sólo parte de la verdad.

La diligencia profesional del equipo de Redacción que cubría el espectáculo musical, así como la que ya es habitual en la sección de Cierre del periódico, lograron en un tiempo récord, tan pronto se tuvo conocimiento de la suspensión del concierto, la preparación de una segunda edición del diario del domingo. En ella se dejaba constancia de esa imprevista anomalía, llegándose a tiempo para frenar la salida de nuevos coches de distribución con el motor ya en marcha y conseguir que la noticia llegase a la mayoría de los lectores, explicando que aquella complaciente parte de la primera mitad del concierto se completaba con la menos grata de su suspensión en medio de la indignación del público asistente.

Sin embargo, como decimos, unos pocos cientos de ejemplares caminaban ya hacia los kioscos de las poblaciones más alejadas de Galicia. Unos pocos minutos o el olvido de la siempre aconsejable diligencia de reflejar lo que en el argot radiofónico se conoce por el expresivo y lacónico enunciado de "minuto de juego y resultado" hubiera situado la primera de las crónicas en su veracidad total y evitado tener que pedir disculpas, como ahora mismo hace la empresa a través de esta crónica, por un lapsus que llevó al lector una imagen global distorsionada de un concierto en el que un sólo disparo de fatalidad, el de la lluvia, logró muchos pájaros de despropósitos. En el caso del periódico, dos sencillas líneas engarzadas al final de la crónica hubiesen situado al lector en la justa dimensión de lo acontecido: "A la hora del cierre de esta edición, las 11,30 de la noche, el concierto discurre con toda normalidad y excepcional aceptación por parte del público". Esa es la coletilla que faltó.

 

Diligencia y precisión en el oficio

La empresa periodística, a través de las distintas jefaturas de Redacción, lamenta que la urgencia de una crónica en su primera edición haya propiciado el olvido del dato acaso más trivial en una situación de normalidad, pero fundamental cuando, como ocurrió el sábado, lo excepcional está presente. Un dato que sí se recogió y ampliamente en la segunda edición y en las ediciones de los días posteriores, donde todas las partes afectadas encontraron un foro desde el que expresarse en libertad sobre la responsabilidad de cada cual en relación con el imponderable de la lluvia.

Además de atender, como no podía ser de otro modo, todas las quejas y pedir disculpas personal e individualmente ante los lectores que hicieron llegar su malestar al periódico, la empresa quiere ratificar ese sentimiento de pesar desde esta edición y a través de este defensor y en esta primera crónica que se publica tras los anómalos incidentes del sábado que tanta indignación levantaron entre los millares de asistentes. En un caso, por lo que entienden como defectos de la organización; en lo que les atañe, por no ser todo lo diligentes y precisos que el oficio requiere.

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