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memoria de los días

JOSÉ VILAS NOGUEIRA CATEDRÁTICO DE CIENCIAS POLÍTICAS

Totalitarismo lingüístico

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Los dirigentes nacionalistas han soltado a sus perros rabiosos contra los directivos de una asociación que patrocina algo tan horrible como el bilingüismo. Estos déspotas han heredado el patrimonio de la lengua gallega, y no han de cejar en su enriquecimiento. Pero, como todas las herencias políticas, la han aceptado a beneficio de inventario. Cualquiera que lea a los clásicos del galleguismo (más o menos, entre mediados del siglo XIX y mediados del s.XX) puede comprobar que sus postulados humanistas de tolerancia respecto a la política lingüística han desaparecido entre sus supuestos sucesores. ¿Creían aquéllos, de verdad, en lo que decían o era una mera táctica para ganar posiciones? Imposible saberlo. En cambio resulta muy claro que los que hoy insisten en el talante armónico clásico son tontos o cínicos, o las dos cosas, tonto-cínicos, híbrido que se da hasta en las mejores familias.

La comparación de los pasados argumentos con los actuales revela un giro sustancial de la relación entre las personas y la lengua que hablan. Para los inventores del galleguismo, pues algunas (muchas) personas hablaban gallego tenían derecho a usarlo en la vida civil. Para los nacionalistas de hoy, puesto que Galicia tiene una "lengua propia", todos los gallegos, cualquiera que sea su lengua propia, están obligados a utilizarla (exclusiva y excluyentemente).

Esta concepción fue un rasgo característico del nazismo, del comunismo estalinista y, también, aunque un poco más templada, del franquismo. Naturalmente los crímenes y abusos comunistas ni fueron denunciados en su época, ni lo son ahora. Una extraña impunidad protege a estas doctrinas y regímenes criminales. Tratamiento distinto reciben, claro es, los fascistas, nazis y franquistas. Sus verdaderos continuadores han descubierto un birlibirloque prodigioso. No importa lo que se hace, sino como se califican los autores. De tal suerte, los que más alardean de demócratas y progresistas son los más totalitarios. Nunca fue más verdad el dicho, "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".

Hitler, por ej., se empeñó en depurar la lengua alemana de las palabras de étimo latino, en homenaje a la germanidad del Reich. Hoy, una ministra ignara pretende imponer a la Real Academia Española que depure el español de términos sexistas, con el imbécil criterio de que la letra final "o" es incontestable trascripción gramatical del falo y la letra final "a" de la vagina. La Academia de la Lengua, que había sido siempre respetada por los gobiernos pasados, incluso los más despóticos, ha de defenderse ahora del petulante analfabetismo zapateril que, como dijo el poeta, "desprecia cuanto ignora", e ignora todo.

No mejor le ha ido a la Academia gallega, que ha osado resistir la pretensión nacionalista de consagrar "Galiza" como única denominación correcta del país. Carezco de competencia para juzgar la corrección de la decisión. Pero, como aquí el más tonto hace relojes, el ATS Quintana y sus subordinados bloqueros, todos excelsos gramáticos han acusado a su Academia, nada menos que de traición. ¿Y quiénes son los traicionados? A la vista de la historia de esta institución, no pueden ser sus promotores y fundadores. Han de ser los déspotas nazis que nos gobiernan.

No sólo, pues, prohibirán hablar español. Sólo se podrá hablar gallego, pero no cualquier gallego, sino el que tenga la venia de Quintana. Vamos, que el totalitarismo lingüístico de Franco se quedará en pellizco de monja, como corresponde a su nacional-catolicismo. Virtudes de la Historia progresista.