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Viernes 31.10.2014  | Actualizado 14.53 Hemeroteca web  |  RSS   RSS

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LUIS POUSA

Ahora van a por las pensiones

INICIEMOS por una obviedad de la marca Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social: "No se puede crear empleo con seis trimestres sucesivos de recesión". Evidente. Pero si esa es la respuesta, ¿cuál es entonces la pregunta? ¿Será, acaso, cómo salir de la crisis?

Si el objetivo es luchar contra una recesión con síntomas de depresión, cómo es, entonces, que el Gobierno asume la puesta en marcha de políticas procíclicas que, al contraer la economía española, provocan la caída de la inversión y el consumo, generan más paro y crean un círculo vicioso en el que el retroceso del PIB causa más desempleo, el aumento del desempleo lastra el consumo y desincentiva la inversión, y el bucle vuelve a iniciar su letal recorrido con nuevos parados y menos puestos de trabajo, etc., etc. y etc.

Así las cosas, qué sentido tiene una reforma laboral que en plena crisis de la demanda interna abarata el despido, reduce los salarios y sacrifica la renta de millones de familias, agravando aún más los efectos de la recesión, cuando lo que necesitan las empresas es que la gente tenga la suficiente capacidad de compra para poder venderle bienes y servicios. Logro tanto más difícil si el crédito no fluye, porque la banca está a lo suyo y las Administraciones públicas continúan pagando tarde, mal y arrastro.

Y que tampoco se diga que la reforma laboral busca aumentar la competitividad exterior de la economía española, porque los salarios españoles ya eran competitivos antes de dicha reforma, al ser más bajos que los más directamente competidores.

Otra cosa, y distinta, es lo que pasaba en el sector de la construcción, donde la baja productividad no era un problema para el capital y la banca, porque el aumento de precios, mediante la bomba de la especulación, era tan desmesurado que la alta rentabilidad de la inversión convertía en una ridiculez cualquier preocupación por una competencia basada en los costes laborales. Además, siempre se podía acudir a contratar inmigrantes.

El estruendoso fracaso de la reforma laboral está en que castiga aquello que no hacía falta: los salarios; y no ayuda en aquello que es sumamente necesario: mejorar la dotación de capital de las empresas: formación, maquinaria e instalaciones, métodos de trabajo y una producción técnicamente avanzada. Es por ahí por donde hay que ganar competitividad en los mercados internacionales; la competitividad asentada en bajos salarios y precariedad laboral conduce directamente al desastre.

Hace aproximadamente un año, el economista estadounidense Mark Weisbrot denunciaba, en The Guardian, que la finalidad de las políticas de austeridad (la reforma laboral es una de ellas) que se están aplicando en España es debilitar a los sindicatos, como parte de una estrategia a largo plazo para desmantelar el Estado de bienestar. En ese sentido va también la reforma de las pensiones: favorecer a los bancos y a los fondos privados.

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