Viernes 06.03.2009
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ESTE año el PIB de la zona euro se contraerá un 0,2 por ciento. Partiendo de ese pronóstico -todos los países se ven afectados por la caída de la demanda interna y las exportaciones-, los gobiernos de la Unión Europea deberán decidir si resulta conveniente mantener los objetivos temporales de reducción del déficit acordados con Bruselas con arreglo al Plan de Estabilidad. O sería mejor para todos modular los plazos en función de la situación: no para relajarse, sino para evitar que el remedio sea peor que la enfermedad.
En un escenario recesivo, donde la inversión privada y el consumo de las familias se retraen, y para mayor colmo de males el sector exterior no crece lo suficiente para actuar como elemento suficientemente compensatorio, las políticas de ajuste presupuestario, que tienen por santo y seña cumplir el objetivo de déficit sí o sí, agravarán ese desequilibrio para felicidad de los masoquistas.
Añadirán más recesión a la recesión: más anemia al consumo, más desconfianza a los agentes del tejido productivo y más paro al paro. Una locura suicida.
Nouriel Roubini, uno de los pocos economistas que pronosticó el reventón de las burbujas financiera e inmobiliaria y la Gran Recesión cuando Alan Greenspan pontificaba lo contrario, advierte en Davos de tales peligros. Afirma: "España y la periferia de Europa entrarán en un círculo vicioso si Alemania sigue imponiendo recortes".
Y abunda en una lógica fundada, a la que también recientemente se ha referido el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, y antes muchos otros economistas, caso de Emilio Ontiveros o Antón Costa. Si todos los estados de la UE se dedican a aplicar políticas de ajuste, ninguno tirará del carro del crecimiento y el carro irá para atrás.
"Europa está haciendo exactamente lo que se necesita para entrar en recesión: austeridad en la periferia, pero también en países con margen de maniobra como Alemania, Francia, Holanda, Finlandia", sostiene Roubini, que hace una recomendación: "Europa debería empezar a hablar de crecimiento".
Reino Unido ha sufrido una caída del PIB (-0,2 %) en el último trimestre de 2011, y está a las puertas de una nueva recesión. David Cameron le echa la culpa al euro, pero son sus políticas de ajuste las que están penalizando el crecimiento por el lado de la demanda: los británicos consumen menos.
No es la austeridad en sí misma, es la austeridad sacralizada la que está perjudicando a España, al impedirle que su economía retome la senda del crecimiento y pueda crear empleo y reducir el paro.
Rajoy tiene argumentos para intentar convencer a Merkel de que lo del déficit requiere más tiempo, y así ha de admitirlo Bruselas. Además puede poner ejemplos. Francia no bajará su déficit al 4,4 % hasta 2013 (España, en 2012), y François Hollande ha anunciado que si gana las elecciones presidenciales alargará el periodo de reducción del déficit a cinco años.
El ajuste hay que administrarlo en dosis homeopáticas.

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