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ALFREDO CONDE

Testigo y parte...

25.04.2014 
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AYER fue la presentación de un libro de Víctor Vázquez Portomeñe. El título del libro es algo largo. En letras capitales dice TESTIGO Y PARTE; luego, debajo de él, en letras que un amigo mío muy poco original calificaría de menosyúsculas, surge lo que podría ser un subtítulo con intención decididamente aclaratoria; de la Historia reciente de Galicia. En la portada parece el amigo Portomeñe, con aire kennedyano, uno de los presentadores. El texto constituye, dicho sea de paso, un largo y minucioso relatorio, ameno y entretenido, eso sí, de la peripecia política vivida por el autor; uno de nuestros más sagaces políticos, también de los más valiosos, que haya alumbrado el siglo XX y visto en acción el XXI.

Hace muchos años, recién abandonada la vida política, en el año 90 del pasado siglo, se presentó un libro mío escrito durante los dos años en los que cargué con la cartera de Cultura del Gobierno gallego. Lo presentó el entonces director de Galaxia en compañía del hoy también fallecido escritor José Luís López Cid y constituyó un acontecimiento relevante; López Cid puso el libro, no por las nubes, pero sí a los pies de los caballos; literalmente, lo destrozó. El libro de Vázquez Portomeñe no se merece tal destino, ni yo me siento vocacionalmente llamado a hacer de López Cid, siendo además como soy Conde Cid y no hubiese estado nada bien asumir en la presentación el papel que ya ocupó otro. Pero creo que debo advertir aquí, ya que no creo haberlo hecho allí (ya saben que escribo con días de antelación) que el libro contiene la visión de los acontecimientos vividos, sí, pero contemplados desde la óptica del autor; por ejemplo, de mí dice ya que no maravillas, sí cosas positivas. No sabe cuánto se lo agradezco. Sin embargo, debo aclarar que no concuerdo en todo lo que dice, así por ejemplo en la pág. 128, al referirse al accidente del Cason señala "la escasa capacidad de la Xunta" que, a la sazón, estaba presidida por González Laxe. Debo aclarar que era tan nula como la disfrutada por Fraga en el caso del Prestige cuando, impotente y asqueado, decidió irse de caza. En uno y otro caso las competencias eran todas del Gobierno central y este no permitía ni siquiera opinar al gobierno gallego. ¿Quién no se va dando un portazo? Un hombre tranquilo y sosegado como Laxe, por una parte; por otra, la evacuación de los vecinos de Fisterra estuvo tan bien hecha que costó dios y ayuda convencerlos de que, superados los primeros días después del accidente, regresasen a sus casas. Si lo sabré yo, que tuve que acudir a los albergues de juventudes que la consellería tenía en Sada, para animarlos a abandonar lo que algunos de ellos calificaban como las mejores vacaciones de sus vidas. Dicho esto, el libro dará que hablar, no lo duden. Por eso, si les apetece, salgan ya a comprarlo. Verán como se cocieron algunos caldos... de cultivo. ¿De qué? Leánlo.

Escritor, Premio Nadal

y Nacional de Literatura