Viernes 06.03.2009
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Ayer, mi admirado José Antonio Pérez manifestaba en su columna su falta de entendimiento de mi decisión de firmar una carta, junto con otros diez escritores gallegos, para reprocharle al conselleiro del ramo su afirmación de que la cultura gallega es limitativa. No voy a insistir en ello. Tan sólo señalar, siquiera sea una vez más, que limitativa y ensimismada puede serlo la actitud de un sector significado de un sistema cultural, pero que tal afirmación está reñida con una generalización como la realizada por el señor Varela; generalización que, si no le puede consentir a un intelectual, porque revela unas limitaciones impropias de quien así pueda ser denominado, tampoco pueden ser de recibo pronunciada por el responsable de la cartera de Cultura de un gobierno. No firmar esa carta hubiese significado un posicionamiento a favor de una afirmación que no comparto en absoluto. El firmarla no fue para sumarme a la catarata de críticas que recibe el actual titular de la consellería, como afirma mi amigo José Antonio, sino para dejar bien claro que no pienso lo mismo. No había ni una razón para que no lo hiciese.
Dicho lo que antecede debo aclararle a mi amigo alguna cosa más. No comparto su opinión de que no pertenezco a la RAG por haber sido conselleiro. No estoy en ella porque el medio de acceso es el de cooptación y entre los que ya lo son no cuento con el necesario número de amigos para ser elevado a tales alturas parnasianas. Así de simple. Ni siquiera podría alegarse mi escaso interés al respecto. No estoy porque no me quieren y ejercen su derecho al rechazarme. ¿Que debiera estar en ella? Es posible. A estas alturas la verdad es que me llevaría una sorpresa que no sé si lograría superar.
Item más. Mi citado amigo afirma, refiriéndose al actual titular de Cultura, que el personaje es singular y que pega en la política lo mismo que un pulpo en un garaje, así que lo que yo no entiendo es que él no entienda que yo haya firmado un escrito que pone en evidencia afirmación tan dura como la que él realiza. Lo hace antes de remontarse a lo que el llama "el experimento Conde" -refiriéndose en este acaso a mi estancia en la consellería desempeñando la misma labor que ahora desempeña el señor Varela- para recordar que después de mí todos los que me sucedieron fueron políticos puros a los que no se les masacró como se está haciendo con el actual. A eso también quiero contestar, aunque sea con otro día de retraso, durante el que sin duda el mundo habrá continuando girando sin que nada aporte o reste a tal efecto lo que yo pueda decir, pero no por ello me voy a quedar yo con las ganas. Porque a mí sí me masacraron y algo deberá querer decir mi admirado amigo con lo de los conselleiros políticos y los que no. Así que, mañana, más.

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