Viernes 06.03.2009
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Los suizos tienen hábito de organizar consultas populares sobre asuntos que preocupan en la calle. La última interesa a escala europea.
El ultraderechista Partido Popular Suizo, que en las federales del año pasado sacó el 29% de los votos, logró reunir en 18 meses las 100.000 firmas necesarias y poder plantear esta pregunta explosiva: si se debería prohibir la construcción de nuevos minaretes en las mezquitas. El argumento empleado en la campaña fue que tales torres suponen "un signo de dominación política y de expansión del islam".
Salta a la vista que llamar a los fieles a la oración entra en el derecho a la expresión pública de la fe religiosa y el islam no va a conquistar Europa con solo rezos. Por lo cual sería una frivolidad suicida desapreciar el peligro de que avisa el resultado: el 57,7 % de votos favorables a la prohibición atestiguan el crecimiento de los fondos de xenofobia. La crisis económica y el miedo al desconocido juntos los disparan. Se quiere justificar la animosidad hacia la inmigración musulmana por la cerrazón de sus países de origen al pluralismo religioso. Pero responder con la misma moneda desdice de la pregonada superioridad moral de la civilización cristiana.
Este tipo de medidas compromete la integración de los inmigrantes y desaprovecha la fuerza fecundante de la cohabitación de culturas. Hay muros que no guardan la viña.

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