Viernes 06.03.2009
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Escribo sin haber visto la otra parte: la de Wyoming haciendo de Buenafuente. Eso será más tarde (para mí, claro: ustedes ya están en el futuro). Pero a estas horas he tenido la oportunidad de ver a un Buenafuente, algo desubicado y voluntarioso, haciendo de Wyoming en El intermedio. Aunque contentísimo de irse a la cama tan temprano. Un día es un día.
Imagino que saben de qué hablo. Ayer jueves los dos humoristas de La Sexta decidieron intercambiar sus programas, con el peligro que ello conlleva. Uno de los dos había declarado, días antes, que dejar a un compañero el programa venía a ser como dejarle el piso una noche. Con una diferencia, diría yo: en este caso se habrán podido vigilar mutuamente, por si alguno rompía la vajilla. Claro que El intermedio es como un piso de soltero. Un piso breve, pero intenso. Y colocado en lo mejorcito de la ciudad: el prime time. El late show de Buenafuente podría tener algo de local after hours, pero a ratos es más el salón de un hombre tranquilo a las afueras de Barcelona. Un hombre tranquilo al que le llega Berto en taxi para romperle precisamente eso: la tranquilidad. No sé cómo le habrá ido a Wyoming con el programa nocturno (que además se llama Buenafuente, lo cual, quieras o no, siempre marca), pero imagino que habrá podido comprobar que mover algo tan grande como un late show puede ser como mover un camión de varios ejes. Buenafuente se habrá sentido raro contemplándolo: quizás tomando un copa en casa. Ignoro si los programas se pueden intercambiar, pero, desde luego, no los humoristas. Los dos son muy buenos, pero muy distintos. Y ya los tenemos tan localizados en sus pisitos respectivos, que lo de anoche sólo puede contemplarse como una rareza. Como una humorada.

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