Viernes 06.03.2009
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Llegamos al final de este 2009, y es tiempo de balances: una de las noticias del año ha sido sin duda el secuestro del Alakrana. Desde el mismo día en que el barco fue retenido criminalmente en el Índico, mucho se escribió en los periódicos y se habló por la radio o por la televisión sobre tan impactante hecho que estaba sucediendo muy lejos. Pero de todo ello, lo único indudablemente positivo es que nuestros marineros finalmente regresaron a salvo con sus familias y amigos. Y como cualquier acto sencillo, su presencia en Galicia y Euskadi no fue más que la expresión de una multiplicidad de motivos complejos. Porque sin duda fue compleja la forma en que fueron liberados de los piratas, luego de tantos días y previo pago del botín por su rescate; compleja y difícil fue también la situación judicial provocada por el traslado a España de dos delincuentes capturados y, en fin, complejas parece que fueron las decisiones y posiciones dentro del gabinete de crisis formado por el Gobierno central.
Ahora, y mientras los piratas somalíes siguen intentándolo, se dice que ha llegado el momento de la reflexión y de poner sobre la mesa las soluciones que, a mi juicio, pasan porque ningún ciudadano español vuelva a ser atacado y vejado por ganarse el pan con el esfuerzo de su trabajo muy lejos de puerto. Esta es la responsabilidad principal que el Gobierno deberá afrontar junto con los propietarios y armadores de la flota atunera que faena por aquellos mares. Pero todos, si quieren acertar en el tipo de medidas jurídicas, militares, políticas y empresariales a adoptar, tendrán también que tener en cuenta que nada es más peligroso que resolver problemas transitorios con soluciones permanentes.

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