Viernes 06.03.2009
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Identificado con la coyuntura y con la profesión, Moncho fue arquitecto cosiendo con maestría y naturalidad todas las partes y flecos de la obra que representaba en el escenario compostelano. Al margen de su valiente comicidad, supo acompañar sobre las tablas al alcalde de Santiago, la conselleira do Mar, la secretaria xeral de Urbanismo y el presidente del Consello da Cultura Galega, entre una de cal y otra de arena. Él, que pidió aplausos para todos y cada uno de los premiados, recibió los suyos con frecuencia. Pero la ovación más intensa, la que nace en la tripa, resonó cuando los veteranos salieron a escena, encabezados en cierto modo por el decano fundador de la corporación gallega, el colegiado 29 Andrés Fernández-Albalat, con sus ochenta y siete años cumpliditos. Cuando Borrajo los llamó, les dijo, no sin sorna: "Suban ustedes al ritmo que les dé la gana". Cincuenta años en el oficio hicieron levantar a media sala. Y Moncho se ofreció a repetir la experiencia en la próxima gala de la arquitectura gallega.
El autor es periodista

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