Viernes 06.03.2009
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Los procesos que amenazan la carrera del juez Garzón agudizan la pendiente por donde se desliza nuestra degradada Justicia. Mandan las pasiones y las ideologías. Los muchos amigos que en la carrera y aledaños se grangeó con sus estelares movidas de justiciero universal le buscan desde hace tiempo las cosquillas: primero fueron unas dietas neoyorquinas, luego el archivo santanderino y la última por querer revisar expedientes ferrolanos. El rumbo que toma el caso "Gürtel" sugiere motivación externa en el estrechamiento del cerco al magistrado que lo inició.
Para narices profanas la cosa huele a ajuste de cuentas políticas y privadas, con las razones jurídicas de envoltorio de las navajas. Choca mucho que los mismos que no le reprocharon al señor Garzón que no se inhibiera en la instrucción de los GAL por haber perdido la imparcialidad objetiva, ahora lo acusen de prevaricación precisamente por no inhibirse de investigar otro caso de terrorismo de estado.
La reacción destemplada a la iniciativa de investigar los crímenes del franquismo y reparar a sus víctimas desvela la clave del fracaso de la Transición: confundir la reconciliación con el olvido. Nos ha faltado valor para enfrentar el pasado.
Veremos dónde paran el carro, pero da mala espina que el encerlamiento persecutorio del instructor del sumario encuentre apoyos. Las conjeturas no son pruebas de delito.

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