Viernes 06.03.2009
Hemeroteca web
|
RSS

El martes, en el Telediario 2 de Televisión Española, hubo una súbita desincronización entre el sonido y la imagen. De pronto, cada uno empezó a ir por su lado, como si tuvieran vida propia, como si decidieran analizar la realidad por separado, después de tantos miles de Telediarios yendo rigurosamente unidos. A veces uno cree que esto sucede en la realidad real, no sólo en la realidad televisada (que no coincide necesariamente con la real). A veces tienes la sensación de que lo que escuchas al vecino corresponde, por ejemplo, al tendero de la esquina, de que las frases del tendero son en realidad las de un cliente que trabaja en una funeraria y que las del cliente de la funeraria corresponden todavía al último muerto de la noche. La desincronización no sólo no es rara: es muy habitual. Cuántas veces te escarbas el oído con un lápiz o intentas abrir la puerta de casa con la llave del coche.
Sin embargo, un telediario no la resiste. Puede haber falta de sincronía en nuestras vidas cotidianas, sin que eso provoque grandes problemas. A fin de cuentas, muchas de las frases que decimos son intercambiables. También los sujetos que las pronuncian. Cuántas veces descubres que algunas de tus frases habituales están en boca de otros, pero no por eso vas a sacar el copyright. Seguramente todo sea una falta de sincronía. En el telediario de Pepa Bueno, el sonido y la imagen se independizaron, ya digo, y claro, hubo que interrumpir 18 minutos. En la tele, cada boca debe tener sus palabras asignadas, y cada imagen debe coincidir con su frase. La televisión exige una precisión técnica que la vida cotidiana no necesita. Afortunadamente, porque tendríamos que interrumpir la vida cotidiana 18 minutos. Y no es plan. Por cierto: el telediario de la avería tuvo tres millones de espectadores.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado