Viernes 06.03.2009
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El asunto de las cajas es serio. Después del paro, del futuro de las pensiones y de la situación económica en general, el futuro del sistema financiero gallego debería ocupar con prioridad la atención de los políticos. A día de hoy, la sensación es que mientras desde la Xunta, PP y BNG se pretende constituir una sola entidad suma de las dos actuales, porque consideran que es la única forma de resistir las embestidas foráneas, desde el Gobierno y el PSOE parece que están por lo contrario, por impedir la fusión. Dicen a todo que no pero sin ofrecer alternativas.
En la bancada socialista el único que habla y actúa con claridad meridiana es el alcalde de Vigo. Su postura numantina, aunque en nada favorece a la entidad que dice defender, al menos es firme y transparente. Se equivoca en el fondo, pero también al apuntar al adversario. El principal no es Feijóo ni Guillerme Vázquez. Es Losada, el alcalde coruñés, que no quiere una gran caja gallega sino una entidad coruñesa. El duelo que lanza al presidente de la Xunta tiene poco sentido. No aportaría nada sobre lo que se sabe. Sí sería muy clarificador mantenerlo con el inquilino de María Pita.
Con su actitud, flaco favor está haciendo Caballero a Caixanova. Está reduciendo esta gran entidad gallega al ámbito local. Dada la situación general de la economía, de las finanzas y del terreno avanzado en el plano político, la alternativa a la fusión no parece otra que la absorción de las entidades gallegas por otras foráneas. Caja Madrid, con legitimidad y probablemente con sentido común desde su punto de vista, está al acecho. El Gobierno, el Banco de España y hasta ayer el PP de Génova parecen apoyar este temido plan B. Galicia debe luchar por el A.

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