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{tribuna libre}

SANTIAGO ÁLVAREZ GONZÁLEZ

Cambio libros por ladrillos

23.05.2011 
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EL PATRIMONIO de la USC es envidiable y envidiado por otras universidades españolas y extranjeras. Hablo de sus recursos humanos (científicos, investigadores, personal de apoyo), pero también del resto de su patrimonio. Resulta un orgullo para quienes trabajamos en la USC poder ser el anfitrión de nuestros colegas, provenientes de universidades de igual o superior prestigio internacional, y mostrarles, por ejemplo, los fondos de la Biblioteca Concepción Arenal. Aparece ese dicen que pecado venial que es la vanidad, cuando podemos exhibir un catálogo de publicaciones periódicas, digno de los centros de investigación de excelencia de Suiza, Alemania, Francia o Reino Unido; cuando la última novedad está en nuestras estanterías y no en las suyas. La envidia (sana o insana) no surge por el hecho del poseer o exhibir del otro, sino por lo que ello supone. Por la ventaja de partida que los investigadores de la USC tenemos al poder disponer in situ de tantas y tan valiosas fuentes de información científica: nuestros instrumentos de trabajo.

Hace poco he recibido un correo electrónico diciendo que la Comisión de la Biblioteca Universitaria había decidido reducir en un 44% los fondos bibliográficos de las publicaciones periódicas. Así, sin más. Por no aburrir al lector, eso significa que hay que cancelar la suscripción de casi la mitad de las revistas científicas. Eso significa también que revistas cuyo primer ejemplar alguien decidió comprar en el siglo XIX, y durante décadas otros muchos decidieron continuar, se quedarán para nosotros en el año 2011, año de su muerte civil en la USC. Revistas cuya vitalidad científica está fuera de toda duda, que sobrevivieron a tiempos mucho peores que los actuales, como la guerra civil y la dictadura, quedarán suprimidas por esas "razones presupuestarias", tan neutras ellas, tan opacas y tan cómplices de una desastrosa gestión económica y una ausencia absoluta de asunción de responsabilidades.

Ante esta desgraciada situación, frente a la que cada vez con más frecuencia nos resignamos pensando que se trata de un trágala más, siempre queda el consuelo de acudir a los sabios para minimizar el daño. Vamos, que seguro que la Comisión de la Biblioteca Universitaria, cuyo nombre augura una composición de responsables expertos en lo que tienen entre las manos (y me refiero a la gestión de los fondos bibliográficos de la USC), es capaz de utilizar criterios objetivos y racionales para realizar la parece que ineludible selección de víctimas. Esto se llama priorización, y se pueden utilizar criterios como el considerar que se han de mantener las revistas más consultadas, las que sean únicas en España, las que sean únicas en Galicia, las colecciones completas con más de 100 años, o, por el contrario, las más recientes... Criterios que obedezcan a una decisión racional de conservación de ese patrimonio de la USC al que aludía al comenzar mi escrito.

Como suele ser habitual en estos casos, el consuelo contrasta con una realidad cada vez más frecuente en el reparto de responsabilidades y toma de decisiones en la Universidad: la decisión drástica se toma en los altos niveles y se ordena ejecutar al directamente perjudicado. "Yo sólo te dije que eliminases la mitad de las revistas... cuáles es tu problema". Y ¿quién es el propietario del posesivo tu? El mensaje de mi decano, a quien la Comisión de la Biblioteca Universitaria pasa la patata caliente, nos dice que el acuerdo de la Comisión (esta vez de la Facultad de Derecho) es que debemos resolver nosotros, los usuarios principales (aunque no únicos). Confieso que no me parece un mal criterio. Me duele tener que hacer un trabajo por el que cobran otros, pero todo sea por el bien común. Sin embargo, este criterio medio aceptable no nos llega en estado puro. Nosotros no somos todos tratando de buscar lo mejor para los fondos bibliográficos en general, sino los pequeños reinos de taifas universitarios (las distintas áreas de conocimiento) a las que se han ido vinculando a lo largo del tiempo unas u otras revistas. En ocasiones por clara afinidad temática; en otras, consecuencia del puro azar. Pues bien, cada área de conocimiento decidirá libremente qué revistas "suyas" viven y cuáles mueren. Se rumorea que una de las decisiones ya adoptadas es suprimir todas las revistas de habla inglesa, francesa, alemana, etc., y sólo mantener las españolas y las escritas en swahili, ya que es el criterio científico que más convence al catedrático de la disciplina, que hizo su tesis en Tanzania allá por los años setenta (cualquier parecido con la realidad puede no ser mera coincidencia: cámbiese el swahili por una lengua bárbara menos exótica). Es como si hubiera que cerrar la mitad de las infraestructuras viales del Estado y, dejándose la decisión en manos de cada Comunidad, Galicia decidiera cerrar la conexión con Portugal porque considera vital la conexión con la Meseta, mientras que Castilla y León decide cerrar la A6 y la Autovía Rías Baixas en los accesos a Galicia porque considera prioritaria la conexión con Asturias, ya que les gusta más la fabada que el caldo gallego. Y no pasa nada.

El próximo día que mis colegas de Bayreuth o de Heidelberg pasen por la USC no podré acompañarles en una visita guiada por la Biblioteca Concepción Arenal, pues no sería orgullo sino vergüenza lo que sentiría al mostrarles nuestras colecciones truncadas por la visión de futuro de nuestras autoridades universitarias. Eso sí, podré enseñarles el novísimo Instituto para la Cría de Empresas de Competitiva Excelencia y Estratégica Prioridad (Iceceep), sus fachadas ventiladas con placas de resinas fenólicas y sus ventadas de aluminio con rotura de puente térmico de última generación.

El autor es catedrático de Derecho Internacional Privado.