Viernes 06.03.2009
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Todavía sigue el culebrón. El de los Salahi, digo. Ya saben: esa pareja que, al parecer, se había logrado colar en la Casa Blanca para una cena de gala, sin haber estado previamente invitado. La noticia nació, en realidad, en internet. La pareja publicó algunas de las fotos de la gala en Facebook, tratando de demostrar, supongo, que habían estado allí. Hay mucho truco fotográfico, ya lo sabemos, pero el reportaje de los Salahi en la Casa Blanca parecía absolutamente creíble. En efecto, no hay duda: asistieron a la cena, saludaron al presidente Obama y se hicieron unas fotos divertidísimas con Joe Biden, en las que el vicepresidente se ríe con ganas. Quizás estuviera preguntándose: "¿quiénes serán estos tíos?".
Al parecer, los Salahi son habituales en cenas de la alta sociedad. Tal vez a nadie le extrañó que estuvieran también allí, dada su presunta afición mediática (parece que incluso hicieron el cásting para un programa de telerrealidad sobre las amas de casa de Washington: no me pregunten en qué consiste). El resultado de todo esto era previsible: los Salahi son noticia en Estados Unidos y en casi todo el planeta. Al parecer, basta una acción estrafalaria, o arriesgada, para que las televisiones se fijen en uno. No me refiero a los riesgos globales, a las guerras, a los males del mundo. Me refiero a las acciones domésticas con nombre y apellidos. Eso emociona a los programadores. Ayer dieron una entrevista al programa Today, de la NBC. El despacho de las agencias dice, literalmente, que fue "su primera entrevista". Se supone que ahora vendrá una larga serie de ellas. Creo que Larry King también iba a llevarles a su programa. El mensaje parece claro: si logras entrar en la Casa Blanca sin estar en la lista de invitados, cuéntalo. A poder ser, en varias televisiones.

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