Viernes 06.03.2009
Hemeroteca web
|
RSS
Es la palabra de moda, sostenible, que no se sabe exactamente qué quiere significar; pero que ciertos políticos españoles, contagiados de la dialéctica del presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aplican a todo: política sostenible, clima sostenible, economía sostenible y? el último invento: un catolicismo sostenible. Es decir, determinados políticos españoles que, sin que nadie les pregunte sobre su fe o sus creencias religiosas, declaran casi diariamente, venga a cuento o no, que ellos son católicos y conectan directamente con Dios, advierten que su catolicismo -sin duda, sostenible- difiere del de los obispos e incluso del Papa. ¿Estamos ante nuevos fundadores de una nueva Iglesia, más sostenible, abierta a corrientes de pensamiento que solamente esos políticos defienden y cuya patente esgrimen como garantía de verdad? Los propugnadores del catolicismo sostenible, independiente del Papa y los obispos, menospreciador de la doctrina tradicional de la Iglesia de Cristo, dispensan certificados de ortodoxia moral, dictaminan sobre cómo han de comportarse los creyentes ante proyectos de leyes enemigas de la vida humana, porque ellos tienen la verdad, es decir, su filosofía política infalible, que nadie deberá discutir, pues sería tanto como caer en herejía.
El catolicismo sostenible, por boca de José Bono o de Pepiño Blanco o de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, trata de convencer a los católicos de siempre de su equivocación, la de quienes no se tragan tan pintoresco invento -por otra parte, nada nuevo en la historia de esta vieja humanidad- y se fían más de la jerarquía de la Iglesia católica que del dogmatismo de los nuevos profetas del catolicismo sostenible.

Vómitos en el casco viejo santiagués
Fuente que no mana en Compostela
El río Sarela recibe vertidos blancos
Un cajero compostelano pintarrajeado