Jueves 16.04.2009
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Montilla se apresuró a contar, cuando finalizó la votación en el Parlament, que él había votado en contra de la prohibición, porque cree en la libertad. Cobarde. No hay otra palabra para definir al presidente de la Generalitat. Independientemente de estar a favor de los toros, lo que no se puede admitir es que un presidente de Gobierno que además preside un grupo parlamentario, se deje presionar por sus socios en ese Gobierno y permita que salga adelante una iniciativa que, como él mismo dice, va contra la libertad. La libertad de asistir a una fiesta que cuenta con centenares de miles de seguidores en Cataluña, empezando por el propio presidente de la Generalitat.
Podrá argumentar que si no daba libertad de voto a su grupo CiU habría pedido a los suyos que votaran a favor de la prohibición. Puede. Pero Montilla tenía capacidad, primero para impedir que el asunto llegara a donde llegó, hasta el Parlament, se dejó colar un gol que le deja en entredicho como político. Segundo, si fue incapaz de tomar las medidas para evitar que llegara hasta el Parlament, sí estaba en su mano anunciar públicamente libertad de voto y a continuación dar instrucciones discretas a sus diputados. Como han hecho tantas veces políticos que sí saben manejar un grupo parlamentario.
Cobarde. Más que cualquier otro político Montilla, porque por cobardía ha ido en contra de sus principios. Por cobardía y por el miedo a perder el poder. Aunque también son cobardes los que no han querido hacer frente a una posición nacionalista e independentista contra la fiesta de los toros solo y exclusivamente por marcar distancias con el resto de España. Porque esa es la única razón de haber presentado esa iniciativa en el Parlament previa movilización ciudadana para conseguir votos. Si se tratara de una iniciativa relacionada solo con el respeto a los animales, con la defensa de los animales, ¿por qué permiten en cambio la continuidad de los correbous, espectáculo habitual en las fiestas de los pueblos catalanes? No se mata al toro, pero se le golpea, se le humilla, se le tortura -a veces se colocan bolas de fuego en los pitones- se les tira al mar.... ¿Se defiende así a los animales? En una corrida los toros son protagonistas de un combate en el que pueden defenderse y mueren con honor, con orgullo, tras un rito que es un arte ensalzado por artistas plásticos y literatos de todas las culturas y todos los tiempos.
"Montilla ha recibido con esta votación un rejón de muerte", comentaba un socialista preocupado por la situación en la que queda el presidente de la Generalitat. En la sede del PSC, contaba este socialista no catalán, los ánimos estaban exaltados y más de uno exigía responsabilidades por el gran error cometido a pocas semanas de unas elecciones que si ya se auguraban malas para el PSC ahora aún se ven más negras. Porque en este debate sobre los toros, los socialistas catalanes han demostrado seguidismo a los independentistas, falta de coherencia y, como diría Montilla, poco respeto a la libertad.
Periodista

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