Viernes 24.05.2013
| Actualizado 16.19
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SUPONGO QUE A ESTAS ALTURAS, el partido de España habrá sido destripado convenientemente. La novedad estará, déjenme pensarlo así, en que no habrá desesperación, se buscarán los errores y la manera de resolverlos, las novedades tácticas italianas servirán de distracción y aunque siempre habrá quien rosme un poco, el clima general será de confianza. Así sea.
A falta sólo de los partidos de ayer tarde aún no me atrevo a decir que el campeonato sigue la senda normal después de la primera ronda: partidos de tanteo de las propias fuerzas, de conocimiento de las fuerzas rivales, de ensayo de jugadores y de tácticas; una puesta apunto generalizada que no deja grandes cosas. Me queda, personalmente, el pase del central alemán que despejando largo con "sentidiño" dio lugar al gol de su equipo; uno de esos lances fulgurantes, imprevistos, que valen un partido.
El aficionado se apresta a reconocer a los suyos (a su equipo y a sus favoritos) mientras en las gradas se recupera el ambiente natural quebrado por el estruendo de las vuvuzelas africanas. Los himnos son cantados con entusiasmo, como signo de afirmación: estamos aquí. Como siempre, a espera de La Marsellesa, siempre cantado con genio por los jugadores, se confirma como una llamada a la lucha, al estilo de las hakas de Oceanía. Hay himnos muy solemnes; pero los únicos que me hacen sentarme para disfrutarlos son el francés y el italiano.
El graderío se manifiesta a su estilo. Bastó que un equipo de las islas británicas saltara al césped para que la grada se convirtiera en un coro incansable, inasequible al desaliento, que se decía en otros tiempos. Ayer esperaba con cierta ilusión la ya citada Marsellesa y los cánticos de los ingleses. Y ya que estamos inmersos en un diluvio económico, no es que sea el Arca de Noé, pero ¿alguien podría decirme cuánto dinero se han gastado los hinchas europeos en camisetas y bufandas de su selección, cuánto en pinturas comanches, cuánto en cervezas, cuánto en viajes y hoteles? Sin hablar de todos los servicios, estatales y privados, que desencadena. A ver si resulta que tenemos una ayuda a la solución de la crisis y no la vemos; a ver si con un campeonato futbolero y una Olimpiada cada año no sólo reanimamos al personal sino que reanimamos a la dichosa prima de riesgo.

24.05.2013
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